Economía de papel

Salud y educación para el desarrollo

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sábado, 11 de agosto de 2018 · 00:10

Tanto se oye repetir que para alcanzar su desarrollo, Bolivia (o cualquier otro país pobre y no desarrollado) necesita educación y salud que se ha vuelto una suerte de recomendación milagrosa. Parecería que el desarrollo se logra con la aplicación de la fórmula mágica de educar a la población y otorgarle una buena salud. Fórmula tan general y abstracta que no se enfoca en los aspectos más concretos, y hacer de estas tareas verdaderos soportes del imprescindible avance de esta sociedad.

Por lo general, no se reflexiona acerca del tipo de educación que el desarrollo exige, cómo alcanzarla y cómo evitar que el ciudadano ya formado no necesite irse del país, buscando una vida mejor. Similares cuestionamientos se debe hacer respecto a la salud, porque parecería ser que los innumerables problemas de salud que Bolivia confronta se solucionarían con tan sólo construir más hospitales y, éstos, cuanto más grandes (de tercer nivel) mejor.

En una educación dirigida a efectivamente contribuir al desarrollo se requiere, primero, saber qué tipo de educación se necesitará en el futuro cercano y en el futuro mediato, de 10, 15 y más años. Como nunca en la historia de la humanidad, el avance de la ciencia se encuentra en un vertiginoso avance. Lo que ahora saben los profesores bolivianos y, por supuesto, enseñan, o ya es caduco o está en proceso de acelerada caducidad.

Esto es verdad para la educación primaria, secundaria y universitaria. Segundo, surge la pregunta: ¿dónde trabajarán los nuevos profesionales? ¿En la gran industria que se está forjando con criterios trasnochados de una industrialización, que nos acopla acríticamente al capitalismo o que está en camino de no servir para favorecer una moderna industrialización?

La educación actual sigue los viejos criterios de formar profesionales que no saben para qué servirán porque no existe el plan económico que tenga la visión clara de la Bolivia futura; una Bolivia que adopte las nuevas tecnologías y cree nuevas. Una Bolivia empeñada en colocar sus mejores esfuerzos al niño que se encuentra en la educación preescolar como el que llega a la primaria. Estos primeros años son vitales para el desarrollo social como cerebral de los infantes, que inician su educación en la casa y reciben nuevos conocimientos, desarrollan habilidades y fortalecen capacidades trascendentales para su futuro y el de la sociedad.

No se puede educar con padres ausentes porque deben trabajar en las horas que los niños están en casa o, con reducido cuerpo de profesores en cursos que no superen 15 estudiantes y necesitan del apoyo de al menos tres, cuando no cuatro, maestros.

Además, en tercer lugar, pero no por ello menos importante, maestros que deben ser los más destacados en su propia educación y no aquellos que llegan al magisterio porque la universidad es de mayor exigencia para ellos. No cabe duda, hay maestros de escuelas que son de vocación y que han alcanzado la mejor educación que este medio proporciona, pero éstos no son la mayoría. Finalmente. Para atraer a los mejores hay que retribuir su trabajo con un gran reconocimiento social que exige salarios muy, pero muy superiores a los con que ahora se les remunera.

En salud se debe preguntar si con gigantes hospitales ya se mejora la salud. La buena salud se alcanza, primero, con prevención. La cual significa, en primera instancia, buena alimentación. Serio problema dotar de buena alimentación en un país pobre. Luego se requiere unidades de salud de primer nivel (que atienden los casos médicos simples) dirigidos para prevenir situaciones más agudas y medican con soluciones relativamente simples, y de bajo costo. Estas unidades son de mayor importancia que las de segundo y tercer nivel.

Este último nivel en Bolivia ya tiene la infraestructura necesaria, pero no cuenta con los especialistas que mínimamente requiere. Un especialista que recién concluye su formación puede llegar a ganar en este país no más de 4.000 bolivianos, con suerte. En cualquier país vecino, el mismo especialista, al menos, quintuplica esa remuneración. Otros aspectos más se pueden señalar respecto a la modernización, oportunidad y calidad de la salud en Bolivia que afectan a los que nacen, viven y mueren en este país.

Concluyo, por ahora, con una afirmación acerca del aumento de la esperanza de vida en países como Bolivia. Esta mejora en, su mayor incidencia, proviene de la mejora de las medicinas que se comercian globalmente y permiten a la humanidad vivir más años. No es necesariamente una virtud derivada de las políticas estatales, es un resultado exógeno.

Sin duda reflexionar en estos temas para que la salud sirva al desarrollo de este país requiere de mayor análisis, reflexión y muchos recursos manejados honestamente.

Alberto Bonadona Cossío es economistawww/abceconomia.com

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