Economía de papel

¿Qué rasgos caracterizan a la economía boliviana?

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sábado, 22 de septiembre de 2018 · 00:10

El notable historiador Enrique Tandeter realizó una extraordinaria historia de la Colonia centrada en la mita que contribuyó a la explotación de la plata en el Cerro Rico de Potosí. El título principal de la obra,Coacción y Mercado, hace alusión a una particular mezcla de instituciones económicas existentes en la América andina, previas a la Colonia, con instituciones traídas de la economía española, que ostentaba ya características de una sociedad en transición al capitalismo.

El fundamento de la economía de la América andina era el trabajo mitayo; una forma de tributo en trabajo que se realizaban a favor de un grupo jerárquico, en cuya cúspide se encontraba el inca. Por supuesto, iba acompañado del trabajo personal y comunitario para el sustento de las familias comunes. En general, existía un alto grado de acuerdo social en esta organización, en la que a las comunidades se les asignaba tierras de cultivo en distintos pisos ecológicos, de acuerdo a su número y crecimiento demográfico.

Las instituciones provenientes de España se encontraban en un amplio avance del mercantilismo, que buscaba robustecer un poder central. Consideraban que la posesión de metales preciosos daba la oportunidad de lograr una preponderancia en el comercio entre reinos al poseer una mayor capacidad para importar debido a una fuente sólida de esos metales.

Esas fuentes necesariamente sólo podían venir de poseer minas o de una capacidad mayor de exportar. Esta última se asentaba en la producción interna o con trabajo colonizado, que entregaba productos baratos que los colonizadores vendían más caros a otros reinos.

Por cierto, hay mayores detalles en esta historia. Pero es suficiente para analizar cómo las instituciones de los dos continentes se encontraron y se mezclaron bajo la égida de los vencedores. Así se forma lo que bien se puede llamar el modo de producción mitayo colonial.

Un sistema de trabajo forzado, que exigía la migración de miles de trabajadores a la producción minera en Potosí, combinado con un pago de salarios que no eran suficientes para la reproducción del mitayo y menos de su familia. Por lo tanto, exigía que los mitayos deban incorporar el trabajo agrícola de sus familias, para su sobrevivencia y la de su familia del peso de la mita minera.

Este descripción que, cambiando lo que se deba cambiar, se repite en diferentes latitudes de pueblos conquistados, no deja de expresarse en lo esencial en la actualidad. Así, por ejemplo, el trabajo denominado “informal”, particularmente el que se encuentra en los centros urbanos, se vincula sistemáticamente a la manera en que estos trabajadores generan sus medios de subsistencia.

Sea porque ocasionalmente aparecen en una planilla de sueldos, sea porque forman parte de un taller artesanal o microempresarial, sea porque realizan trabajo a destajo o a domicilio, inexorablemente cumplen diversas funciones a favor de un sistema mayor. Un sistema que los considera empleados para fines estadísticos o que los absorbe en diferentes actividades de formas impregnadas de versatilidad para el cambio de ocupación, pero que al final de cuentas les otorga la inmediata e inevitable respuesta a sus necesidades de sobrevivencia.

Estos trabajadores no se encuentran donde están porque disfrutan de tal situación, sino porque no tienen otras alternativas u oportunidades. El sector privado y el público los jerarquiza de acuerdo a lo que pueden o saben hacer y los coloca donde les facilita generar una relativa estabilidad social.

No son ellos los que crearon este modo de hacer las cosas y, en gran parte, han sido socializados (domesticados) en sus buenas o malas prácticas. La eventualidad de sus trabajos es un resultado de la estructura de esta economía, la incapacidad de alcanzar niveles de desarrollo, es una herencia histórica de las clases dominantes de la sociedad boliviana.

La burocracia estatal es la más pulida consecuencia de un aparato estatal que rellena puestos de trabajo artificialmente, creados para disimular la ausencia de un desarrollo social y económico, que se niega a sí mismo por un aparato corrupto y caduco, incapaz de regenerarse. La “informalidad”,mutatis mutandi, es tan necesaria a la economía boliviana como lo fue el trabajo mitayo a la Colonia. Ambas comparten la funcionalidad que, en última instancia, no se desea transformar.

Alberto Bonadona Cossío es economista. abceconomia.com

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