Economía de papel

Propuesta presidencial: jubilación forzosa o eutanasia

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sábado, 26 de enero de 2019 · 00:09

La definición del diccionario de eutanasia se refiere a una muerte sin sufrimientos. Para encontrar el sentido que quiero darle a esta palabra debo referirme a la connotación que adquirió en la Alemania nazi, la de Hitler y de Röhm. Es la eutanasia que quiere hacer desaparecer a quienes incomodan. En el caso al que aquí aludo, ciertamente, no incluyo diferencias raciales, políticas o de preferencia sexual, que fueron las que los nazis querían eliminar. Me refiero al grupo de trabajadores que han sobrepasado los 58 años y siguen trabajando. Es el grupo de viejos que para dar cabida a jóvenes sin trabajo es mejor que se jubilen.

  Es el grupo de viejos que se resisten a jubilarse porque la pensión que les espera es muy baja y se los quiere empujar a una muerte lenta, y con sufrimiento. Una forma de eutanasia infringida porque la caída de su ingreso es abismal. Al jubilarse, decenas de miles de personas mayores verán que su ingreso se redujo a un 20 o 30% de su total ganado. 

De manera inmediata se les impondrá un régimen de empobrecimiento brutal, que durará todo los que les queda de vida: 20, 30 tal vez 40 años.

  Una idea que lanzó el presidente Evo Morales en su discurso del festivo día de la formación del Estado Plurinacional de Bolivia y que -se dice- proviene de la “gloriosa” Central Obrera Boliviana (COB). Parece que muy bien recibida por el actual régimen  de Gobierno, que se la pone como una forma de crear empleos para los jóvenes. Una eutanásica forma de crear puestos de trabajo que revela cuánto ha descendido la COB respecto a la lucha y defensa de los derechos de los trabajadores.

  La creación de puestos de empleo sobre la base de viejos despedidos forzosamente, para que se vean sin un ingreso digno, es una manifestación económica del fracaso del Gobierno de su cacareado proceso de industrialización. Se supone que este proceso debe crear empleos genuinos, que efectivamente den paso a la absorción de los trabajadores que ingresan a la fuerza de trabajo o de aquellos que se encuentran desempleados. A claras luces la jubilación de los viejos que siguen trabajando no tiene nada que ver con el proceso de industrialización. 

Sí revela la inoperancia del modelo económico productivo del MAS que al no contar con nuevos puestos de trabajo genuinamente salidos del desarrollo económico, debe acudir al calamitoso subterfugio de imponer la jubilación.

 Lo que debe hacer este gobierno es preocuparse más por generar fuentes de empleo genuinas que paguen salarios dignos, como también preocuparse porque las pensiones de todos los viejos -tanto jubilados como los que están por jubilarse- también sean dignas y no una condena a la muerte lenta y dolorosa.  

  La medida anunciada por el Primer Mandatario también tiene un lado político, con una pesada carga de demagogia: muestra su preocupación por la creación de empleos. Puede que esta propuesta suene bien a algunos ingenuos o fanáticos del gobierno. Un poco de reflexión lleva a cualquier mente sensata a darse cuenta de que no es la forma de abrir las puertas al empleo y, menos aún, de ganar votos en un año electoral.

 En mi búsqueda por el significado de eutanasia encontré una palabra que tiene la connotación que quiero transmitir aquí. Es el vocablo cacotanasia, definida como  “la eutanasia que se impone sin el consentimiento del afectado. La palabra apunta hacia una ‘mala muerte’”.

 Para evitar la cacotanasia de decenas de miles de viejos, a los que se quiere empujar a este tipo de muerte, es necesario que el Gobierno reflexione profundamente en qué desastre quiere meterse y tal vez encuentre que la respuesta está en una reestructuración del fondo solidario creado por la Ley 65.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista
 

 

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