Alberto Bonadona Cossío

La educación no es la panacea

sábado, 19 de octubre de 2019 · 00:10

Se ha convertido en lugar común referirse a la educación como una fórmula mágica para contribuir e incluso lograr el desarrollo. No me cabe la menor duda que juega un papel muy importante en ese deseado proceso. Todos quieren que un país como Bolivia, pobre, pequeño y atrasado en muchos sentidos, abandone la pobreza.

  Algunas de las preguntas relevantes que se deben formular al respecto son: ¿en qué áreas de estudio se deben formar los niños y jóvenes bolivianos? Una vez formados ¿dónde trabajarán los técnicos o profesionales que concluyan sus estudios? 

  Si uno se refiere a la educación técnica o superior, no se debe alejar la mirada de una realidad en frente de todos: existen muchos buenos estudiantes que han llegado a ser o serán buenos profesionales que abandonaron el país o lo harán una vez obtengan un título profesional. No por falta de patriotismo o por desagradecidos; sino, simplemente, porque no existen las fuentes de trabajo para lo que saben hacer o porque las remuneraciones ofrecidas en el país son muy bajas y, por lo tanto, poco o nada atractivas. 

  Eso no es todo, por cierto. La formación que se imparte en Bolivia está desgajada de los efectivos requerimientos que se requieren para impulsar el desarrollo. Las universidades no abandonan las tradicionales profesiones.

El mundo científico y académico gira más rápido que la percepción que de él se tiene en el país y, particularmente, en el medio académico. Las áreas del saber hoy se combinan de innovadoras maneras para adecuarse a la velocidad de la creación de los nuevos conocimientos y, en Bolivia, no se generan nuevos programas que se orienten hacia esas combinaciones.

  Por otro lado, la economía anda por su lado, con planes y programas sin una visión integral del desarrollo que se desea, y se pueda lograr con las condiciones naturales que se cuentan en este territorio. No cabe duda que Bolivia requiere industrializarse. Pero ¿qué industrialización es la que se debe buscar?. La anticuada que se mueve con hidrocarburos o la que debe energizarse con fuentes no convencionales.

  En Bolivia cambiar de matriz energética, por ejemplo, no es una tarea titánica porque, comparativamente con otros países, aquí apenas se empieza el proceso. La energía de hoy para este país es, principalmente, la energía fotovoltaica. El sol se lo tiene en abundancia y no cobra nada por su utilización. Las placas solares son cada vez más baratas y han hecho que la termoeléctrica (generada con la quema de gas natural) sea más ineficiente, incluso si se utiliza en los ciclos combinados que aprovechan; además, el calor que genera la combustión del gas para aumentar la electricidad producida.

  Este cambio tecnológico debe integrarse a los planes de desarrollo industrial y éstos, a la vez, deben ser los que orienten los pasos que debe dar la educación. Y así en otras áreas de la producción incluido el gran potencial turístico.  El futuro de Bolivia debe circunscribirse al desarrollo de reales potencialidades que Bolivia posee y hacerlo con miras a desacoplarse de las corrientes más tradicionales del desarrollo al que ha sido hoy incorporado. 

Desarrollo que le exige producir materias primas minerales e hidrocarburos sin mayores o muy pocas transformaciones manufactureras. Las potencialidades de Bolivia están en el agro occidental y oriental del territorio. De estas áreas es que Bolivia podrá crear realmente valor agregado, mayores y eficientes empleos, y mejores salarios.

  La educación debe caminar estos nuevos senderos y vincularse a un proceso de desarrollo que no ahuyente a los profesionales, sino que los premie por quedarse para generar el futuro que se puede alcanzar.

Las áreas productivas a desarrollarse son las que revertirán el actual proceso en el que los estudiantes buscan irse del país al profesionalizarse y, los que se quedan, medrar de una u otra manera del aparato del Estado. Bolivia es un país que tiene todo para hacer que sus ciudadanos vivan bien, sean honestos con trabajos productivos y sean orgullosos de lo que se logre.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista

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