Economía de papel

Enigmático Bulo Bulo

sábado, 01 de junio de 2019 · 00:10

El presidente Evo Morales, radiante de optimismo, en un discurso en el Chapare, en 2013, tiempo después de firmados los contratos con la empresa Samsung para la instalación de la planta de producción de úrea y amoniaco -publicado in extenso por el Ministerio de Comunicación- anunciaba que en octubre de 2015 se entregaría “esta primera fábrica de úrea y de fertilizantes en Bulo Bulo” con una gran fiesta. No obstante, la confianza expresada por el Primer Mandatario,  reflejó alguna duda al inmediatamente añadir una pregunta a la empresa respecto a si iría a cumplir con la referida fecha. Pedía que traduzcan su duda para los técnicos coreanos, para luego amenazar: “Si no cumplen, vamos a ejecutar las boletas de garantía, no hay que perdonar”.

  En la simbólica fecha del 14 de septiembre de 2017, con dos años de atraso, la planta de Bulo Bulo fue inaugurada para iniciar la producción de “los primeros granos de úrea comercial”, declaraba en los primeros 10 días de octubre el presidente de YPFB, Óscar Barriga. 

Tan radiante como el Presidente del Estado, Barriga aseguró que “ya vamos a estar produciendo a capacidad máxima en noviembre”. Con estas afirmaciones emergen algunos enigmáticos misterios: frente al atraso de dos años por parte de la empresa para concluir con la entrega de la planta y su puesta en funcionamiento, ¿se ejecutaron las boletas de garantía? Si se las ejecutó ¿a cuánto ascienden los montos? Y si no se las ejecutó ¿por qué no se lo hizo? Si se pensaba llegar en noviembre a la capacidad máxima de producción de la planta ¿quién iba a comprar las 1.200 TM de amoniaco y las 2.100 TM de úrea producidas diariamente?

 El Gobierno y YPFB estiman que 80% de la oferta total está destinada a la exportación y el resto al mercado nacional. Se ha insistido que se tienen “acuerdos concretos” para la venta al exterior, pero estas afirmaciones siempre se quedan en el suspenso de ser anunciadas próximamente. En febrero de 2018, Barriga declaraba que se llegó a una capacidad utilizada del 80% porque la producción “es regulable” y que el estudio de mercado realizado por YPFB espera que los contratos previstos “con Argentina, Perú y Paraguay” se hagan realidad. 

En ese momento, todo indicaba que sólo se tenían aproximaciones respecto al destino de la producción. Si ya se está en casi plena producción desde noviembre de 2017 ¿a quién se la está vendiendo? ¿En qué cantidades y a qué precios? ¿Se han concretado los contratos de venta hasta la fecha?

  Si en algo los telones del misterio han sido descorridos es en la tecnología de punta utilizada y los soportes que ésta exige. Requiere 1,83 millones de m3 de gas metano por día. El proceso de producción de amoniaco se hace con equipos importados de Estados Unidos, con licencia de Kellogg Brown & Root y la planta de úrea es de origen japonés, con licencia de Toyo Enginering.

Al llegar al 100% de la capacidad instalada (algún momento se supone se logrará) se producirán 2.100 TM/día de úrea, se utilizará una máquina que puede embolsar 1.000 bolsas por hora y se guardarán en un almacén de 7.000 bolsas de capacidad (¿en una jornada de siete horas se llena?) Para la úrea a granel se cuenta con un almacén de 42.500 TM, o sea, la producción de casi 20 días. 

El laboratorio es de última generación y, sorprendente, guiado por técnicos coreanos, serán bolivianos los profesionales los que se harán cargo de controlar la calidad física del producto y certificarla. Una increíble transferencia de know how. ¡Maravilloso!

Pero después de esta maravilla surgen de nuevo los enigmas. ¿Cómo se transportará el producto terminado a los mercados interno y externo? Se anunció, en un principio, que el transporte sería por vía férrea. Ya no más. Se hará en 150 camiones que se espera lleven el peso permitido para no destrozar las carreteras que transiten. Parte del ferrocarril no se entregó porque no cumplió su contrato la misteriosa CAMC.    

 Los enigmas bulobulescos enunciados desde hace mucho tiempo por muchos analistas, opinadores, políticos, medios de comunicación y otros pelajes de individuos inquisidores permanecen irresolutos. Con precios cambiantes de la úrea (los mercados son volátiles) y costos de producción más elevados que aquellos ¿es un buen negocio producir úrea?

Si se añaden los costos de transporte ¿no acabará Bolivia subvencionando a los países compradores? La localidad que se escogió para esta planta sigue sin justificarse. Lejos de las fronteras de los países compradores ¿cómo se le ocurrió, a quién sea que fuese construirla en el medio del territorio boliviano, sin tener las vías de transporte construidas y conociendo que trasladar productos tiene un costo que puede romper cualquier competitividad? 

Finalmente, ¿se tiene la seguridad del abastecimiento de la materia prima suficiente cuando las reservas de gas disminuyen con una suerte esquiva de encontrar nuevos reservorios? ¿Alguien puede explicar hacia dónde va este enigmático proceso de industrialización?

 

Alberto Bonadona Cossío es economista
 

 

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