Alberto Bonadona

Lo que todo gobierno debe preservar hoy

sábado, 29 de junio de 2019 · 00:10

Existen logros económicos que deben preservarse. No interesa si han llegado producto del azar del mercado internacional, la buena suerte o una política deliberada y asumida con una anticipación dictada por la más perfecta bola de cristal. Simplemente se ha llegado a una condición que es positiva y sea este gobierno o el gobierno que venga después de las próximas elecciones, debe preservarse ante los cientos de peligros que se ciernen en contra de esta pequeña economía boliviana.

  Me refiero a la preservación de la bolivianización; el uso generalizado de la moneda nacional para todo tipo de transacción, las más grandes y las más pequeñas. Es bueno tener presente que hubo una época no muy lejana en la que el boliviano sólo servía para realizar transacciones de poca monta y, por lo tanto, predominaba en el mercado de bienes de primera necesidad. 

La moneda nacional era preferentemente utilizada por la gente que no pisaba un banco, por la gente que vivía al día y no tenía capacidad de ahorro. Si la hubiera tenido, entonces hubiera preservado el valor de ese ahorro en dólares, ya sea en efectivo o en una cuenta bancaria. Hubo también, en la misma época, momentos en que era preferible evitar los bancos y los dólares se guardaban en moneda contante y sonante.

  Por cierto, la gente de bajos ingresos sigue realizando sus diarias transacciones en moneda nacional y es altamente improbable que alguna vez guarden dólares. No se puede pasar por alto que estas personas no son una minoría en esta sociedad y el proceso de utilizar dólares para ellos no es ni siquiera una anécdota. 

Sin embargo, la desdolarización es un proceso que directa e indirectamente afecta todos los ciudadanos de esta sociedad. Los que más dinero tienen, ya en abundancia o simplemente porque tienen un sueldo fruto de la formalidad, ya no piensan angustiosos en cambiar cuando antes sus bolivianos a dólares. Es posible, por cierta coyuntura que ahora se vive, que haya aumentado la demanda de dólares. 

Los que más riqueza poseen es posible que hayan sacado dólares al exterior. Incluso ellos, como los que cambian una fracción de su sueldito a dólares, necesitan bolivianos para realizar sus cotidianas compras. Ninguna vendedora del Rodríguez les recibirá dólares o el tendero de la esquina, ni tampoco el minibusero o el taxista.

  Ni qué se diga de las grandes transacciones bancarias, hoy se realizan principalmente en moneda soberana: el boliviano. Con algunos deslices en el último año, los depósitos en la banca y los créditos que ésta concede se realizan en moneda nacional. Por cierto, hay una fracción en dólares que los bancos preservan en sus arcas y en las reservas que exige el Banco Central. Fracción, esta última, que ha crecido para dar mayor liquidez a la economía al reducir la tasa que los bancos comerciales deben preservar en dólares en el BCB y así, además, mantener la tasa de interés relativamente baja.

  Hay vientos tormentosos que amenazan la estabilidad del boliviano y es precisamente de lo que se debe tener mayor cuidado. No importa, repito, el gobierno que esté o llegue al poder, la bolivianización es una de las condiciones más favorables con la que hoy cuenta la economía boliviana.

¿Cómo preservarla? La bolivianización o el uso generalizado de la moneda nacional depende en altísimo grado del nivel de las reservas internacionales y éstas dependen de las divisas que ingresen al país. El auge de los precios del gas alcanzó hasta 2014, año a partir del cual las reservas han caído constantemente. No faltan los que creen que una devaluación salvaría a la economía nacional de una mayor caída de las reservas, lo cual yo califico de desacierto. 

Lo que se necesita es una actividad, por cierto legal, que en un plazo relativamente corto (no más de dos años), gradual pero aceleradamente, aumente el flujo de dólares que ingresen a esta economía. Esta actividad es la del turismo (aunque en un plazo mayor y con mayor previsión no es la única). Un turismo que convoque al Estado como a los privados nacionales e internacionales para que mejoren y creen una infraestructura de alta calidad capaz de atraer a turistas de alto poder adquisitivo. 

No será el primer país que con la industria del turismo capta considerables sumas de dólares en un corto plazo. Hay muchos ejemplos, pero el más cercano es el de Colombia, que tiene como segunda fuente de divisas a este sector, cuando hace menos de un lustro no ocupaba ese lugar.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista.
 

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