Alberto Bonadona Cossío

El deterioro de las pensiones

sábado, 13 de julio de 2019 · 00:10

No se puede afirmar que el tema de pensiones aflige a todo trabajador boliviano porque, simplemente, no todos obtendrán una pensión. En el sistema de AFP son 142.992 jubilados y en lo que queda del sistema de reparto aproximadamente 90.000. Un total de 233 mil personas que fueron trabajadores asalariados formales en toda o en parte de su vida laboral es lo que les permite obtener una pensión de jubilación. Si se toma a los mayores de 60 años como el universo de personas que deberían tener una pensión, o sea 996.415 habitantes, el porcentaje de beneficiarios con una pensión es de tan sólo el 23%.

  Se puede aducir que en Bolivia existe la universalización de la pensión si se califica a la Renta Dignidad como una pensión universal, puesto que beneficia a todos los bolivianos que superan los 60 años. En parte esto es cierto, si se califica a la Renta Dignidad como pensión. Particularmente, este beneficio social lo califico de asistencial, porque no cumple el principal requisito para ser una pensión. Éste es que deba reemplazar en un porcentaje digno (al menos en un 70%) el ingreso que en los últimos cinco años percibía el trabajador.

  Con este último criterio tampoco las jubilaciones de los 233 mil habitantes referidos llegan a cumplir el principal requisito de reemplazar en ese porcentaje el ingreso que se percibía de trabajador activo. Particularmente, las pensiones que se pagan en el sistema de AFP se alejan considerablemente de ese nivel de dignidad que deberían cumplir, a pesar de la existencia del Fondo Solidario que permite mejorar las pensiones de aquellas personas que han tenido niveles bajos de ingresos (en general por debajo de los 6.000 bolivianos).

En el caso del sistema de reparto eso es distinto, tanto por los niveles a los que calificaron al jubilarse (en promedio superiores al sistema de AFP), los aumentos anuales que perciben y la condición de que el aumento anual es mayor para los que tienen menores ingresos, denominado en sistema inversamente proporcional.

  Lo cierto es que las condiciones de jubilación para los afiliados en las AFP en vez de mejorar empeoran año a año. No todos llegan a percatarse de cómo la rentabilidad afecta esta declinación. El capital acumulado con las cotizaciones mensuales que les descontaron de sus salarios es el que financia su pensión y éste varía de acuerdo a la rentabilidad que rinden las inversiones hechas con esos capitales. La caída de la rentabilidad nominal es una constante desde hace más de tres lustros y ahora es tan baja que no permite que la pensión reciba un aumento sustancial, sino de tan sólo algunos bolivianos.

  Paradójicamente, es la parte que viene del sistema de reparto que hace que aquellos que la reciben en la forma de compensación de cotizaciones reciban un aumento que disimula la caída de la rentabilidad que afecta a sus recursos depositados en la AFP.

  Esta situación exige una urgente enmienda. La misma debe surgir de un estudio serio de cómo reformar el sistema de pensiones. Los futuros trabajadores se jubilarán sólo con lo aportado en las AFP. Los jubilados del viejo sistema de reparto cada año son menos y los del nuevo sistema serán cada vez más. No hay duda que el sistema de reparto era muy generoso en sus beneficios, pero no era ni equitativo, ni buscaba ser universal.

Más aún, estuvo bajo un régimen de discrecionalidad y malos manejos que lo llevó a la quiebra. Los sistemas de reparto no son en sí corruptos y con lo que se aprendió de cómo manejar recursos ajenos con la estructura financiera administrativa de las AFP se puede lograr una combinación que puede mejorar las pensiones para todos los trabajadores al actual sistema.

Sin duda, también se requiere introducir innovaciones en la administración de fondos y creación de recursos de resguardo frente a la caída de la rentabilidad, y otras mejoras que favorezcan la equidad.

  Esta es una tarea que bien sería que los candidatos del oficialismo y de la oposición discutan y demuestren que están preocupados por uno de los aspectos que afecta a la población y la afectará más en un futuro cercano.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista
 

244
7

Otras Noticias