Alberto Bonadona Cossío

70 años

sábado, 27 de julio de 2019 · 00:10

No es de mi edad de la que voy a hablar o de cualquier otro aniversario o fecha gloriosa o de capitulación. Hablaré de la concesión del Salar de Uyuni por el casi secular período de concesión a una empresa alemana-boliviana, cuyas siglas son YLB-Acisa (Yacimientos del Litio Bolivianos y Advanced Clean Innovations). Una concesión de peculiares características que pudo pasar inadvertida si no fuera por la Fundación Solón, que suena la alarma para llamar la atención sobre este ambiguo contrato y cuyo análisis es la fuente de esta columna.

 Según el Decreto 3738 de 7 de diciembre del año pasado se crea la referida empresa con una participación accionaria de Bolivia del 51%. Una participación en apariencia privilegiada, pero, en los hechos tan sólo un formulismo. YLB no puede vender ningún derivado del salar a Europa sin previa venia del socio minoritario. O sea, si el socio alemán, Acisa, no acepta la venta, la más importante empresa boliviana de litio no puede hacer nada. En los hechos, la gestión y las decisiones de este consorcio las realiza el socio alemán.

  En el consorcio alemán-boliviano (podía enunciarse al revés, pero los que mandan son los alemanes), según el decreto de su creación, el fin de esta empresa es producir hidróxido de litio. Técnicamente un derivado de las salmueras residuales de la producción de carbonato de litio. Ambos compuestos son utilizados en la fabricación de baterías, aunque el hidróxido tiene varias ventajas frente al carbonato. Al ser un derivado de las salmueras residuales, de su elaboración se desprenden otros compuestos altamente rentables y que, por lo tanto, son base para otras líneas de producción. 

Además, se afirma que utiliza menos agua y permite su reciclaje. En otras palabras, de lejos es más eficiente y rentable la producción de hidróxido que la de carbonato para, entre otros productos finales o semielaborados, crear baterías de litio.

  La principal fuente de las salmueras residuales es la planta de producción de carbonato de litio. Una planta de entera propiedad de YLB, que se espera inicie la extracción de carbonato cuando la empresa china Beijing Maison Engineering Company concluya su contrato este año. YLB (100% boliviana) se compromete a entregar al consorcio YLB-Acisa un millón 800 mil TM/año de sales mueras restantes de la extracción de carbonato. De la producción total de hidróxido (35.000 a 40.000 TM), el 17% se queda en Bolivia y 83% se exportan a Alemania.  

  ¿Y dónde queda la producción de las baterías de litio? En un futuro incierto por lo dicho por la empresa y por el DS 3738. Este decreto, con mayor autoridad que las declaraciones oficiales que anuncian la fabricación de baterías a la vuelta de la esquina, no define nada respecto a la fabricación de baterías. Según Reuters, tampoco en Alemania se producen baterías de litio. El hidróxido producido podría contribuir a la producción de 800 mil baterías para vehículos eléctricos. Las grandes fábricas de vehículos, BMW, Daimler y VW las compran de China, Japón o Korea del Sur. 

Recientemente  el ministro de economía alemán, Peter Altmaier, ha propuesto promocionar la producción de baterías en Alemania con 1.000 millones de euros. ACI anunció por prensa que tiene en sus planes establecer otra empresa, también de riesgo compartido, para la elaboración de materiales catódicos y sistemas de batería, tanto en Bolivia como en Alemania. Esto, por cierto, no es pasado mañana.

 La empresa YLB-Acisa puede traer beneficios a Bolivia, no me cabe la menor duda; lo que no se puede precisar es cuándo y de cuánto. Todo muestra que la mayor generación de valor agregado (mayor número de empleos y más altos salarios) será para Alemania por el procesamiento del 83% del hidróxido de litio que se exportará a ese país, que será, con certeza, donde se instale la fábrica de baterías. 

¿Qué se hará con el 17% de hidróxido que se quedará en Bolivia? ¿Será para una fabriquita? Bolivia seguirá exportando materias primas, aunque sea en forma de sales transformadas en hidróxido de litio.

  Los 70 años ponen a la pequeña empresa ACI de Alemania, que tan sólo cuenta con unos 25 millones de euros de capital, en el gran mapa financiero mundial. Trae a la memoria a la Jindal, otra empresa que se lució y lucró de la concesión del Mutún con penas y sin glorias para Bolivia. 

No sólo en Bolivia, sino en los países productores de litio de América Latina, no existe ningún antecedente de concesiones que superen los 40 años. ¿Será que ahora el Gobierno está con un nuevo modelo de negocios para la participación de la inversión extranjera?
 

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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