Economía de papel

Más bolivianización para preservar la estabilidad económica

sábado, 21 de septiembre de 2019 · 00:09

El robustecimiento de las condiciones financieras en Bolivia presenta un  permanente ascenso desde comienzos del presente siglo. Una de los más evidentes sustentos de tal condición ha sido, indudablemente, el aumento de las exportaciones bolivianas que inician su subida desde 2002. La directa consecuencia de la misma fue el gigantesco crecimiento de las reservas internacionales que crearon las bases para que sea posible la bolivianización o el  uso mayor de la moneda nacional. A su vez, el mayor uso del boliviano en las transacciones cotidianas y su creciente presencia en las operaciones bancarias de depósitos y como medio de crédito otorgó un mayor y sólido sustento a la estabilidad financiera de la economía nacional.

 Este proceso de remonetización de las transacciones nacionales recibió impulsos importantes por parte de la política monetaria. Una de las más destacadas fue la exigencia de un aumento de las reservas bancarias de la banca comercial, particularmente, por los depósitos recibidos en dólares. Estos depósitos se denominan encaje legal y el porcentaje a depositarse respecto a cada depósito recibido por la banca es la tasa de encaje legal. Cuando esta tasa sube por decisiones de Banco Central, la banca comercial dispone de menos cantidad de dinero para prestar; esto es se disminuye la liquidez en manos de los bancos. Si se diferencia esta tasa entre depósitos en dólares y depósitos en bolivianos se favorece al uso de la moneda que tiene menor tasa de encaje. Exactamente lo que ocurrió en Bolivia con las dos tasas de encaje que llegó para el dólar hasta un 66,5% frente a la de 12% para depósitos en bolivianos. El resultado esperado fue un mayor uso de la moneda nacional o bolivianización.

 Esta medida, sin embargo, no estuvo libre de otras medidas que en apariencia consolidaban el uso del boliviano aunque en los hechos y en el largo plazo generaron condiciones opuestas y contradictorias a la bolivianización. Una de ellas fue el aumento del impuesto a las transacciones, más conocido como ITF. Otra, la imposición de tasas reguladas con fines de fomentar el crecimiento de la industria nacional. El ITF en los hechos encarece el uso del dinero y por lo tanto desalienta el uso de la banca (no contribuye a solidificar la bancarización). Mientras la economía se muestra boyante puede ser que el pago del ITF se lo realice sin mayores consideraciones, pero, cuando la dinámica económica se ralentiza, particularmente las transacciones de grandes sumas tratarán de evadir este impuesto saltándose la intermediación bancaria y disminuye la liquidez.

 Por otra parte, las tasas obligadas por decreto para rebajar los costos financieros de las actividades productivas con la esperanza de alentar la industria privada nacional es una medida que rehúye el mercado y distorsiona las tasas que deben fluir de una libertad económica imprescindible en estas operaciones. Se considera, equivocadamente, que la industrialización o el apoyo a esta por parte de los privados se la puede favorecer por decreto. Por un tiempo pareció funcionar pero ahora se evidencia que afecta seriamente al calce que debe existir entre las captaciones bancarias (depósitos en la banca) y la cartera de los bancos (créditos otorgados por la banca). La forma en que esta situación se traduce es la disminución de la liquidez o fondos prestables disponibles. A su vez esto se nota en las transacciones cotidianas del público y se la conoce coloquialmente como falta de circulante.

Estas circunstancias se hacen más notorias día que pasa. Hasta diciembre de 2015 la diferencia entre los depósitos en la banca y los créditos concedidos era de 4.884 millones de dólares a favor de los primeros, de acuerdo a cifras del BCB. Desde entonces esta diferencia ha caído constantemente con una leve recuperación que permitió llegue a 2,427 millones en diciembre 2017. Al  2 de septiembre la diferencia se torno negativa, -60 y se mantiene en torno a cero con cifras negativas un día y positivas otro.

 Para paliar esta situación que genera iliquidez en la banca y en la economía en su conjunto, se modificaron las tasas de encaje legal en 2017, para depósitos en dólares que alcanzó el 66,5% se la redujo a 56,5%. Posteriormente esta bajó a 46,5%. La correspondiente al boliviano bajo de 12% a 11%. El 10 de abril de este año el BCB la disminuyó a 31,5%.

 La sangre no llega todavía al río porque hay posibilidades de tomar medidas que puedan poner en riesgo la bolivianización, la mayor contribución realizada a la estabilidad económica desde que se instauró hace más de 15 años. En el campo monetario se debe eliminar el ITF y se deben liberalizar las tasas de interés reguladas para el crédito referido como productivo. Inevitablemente, es necesario que las tasas de interés para captar más recursos del público (tasas pasivas) suban, como ya se ha registrado en algunas entidades financieras hace un par de meses.

 No obstante, es en la esfera real de la economía donde se debe dar el impulso más decidido. Como ya apunte en una opinión anterior en esta misma columna, el turismo es la industria que se debe impulsar y puede hacerse inmediatamente con retornos en plazos relativamente cortos. Es vital que se aumenten las fuentes originadoras de divisas, cimiento de la bolivianización, y el turismo cuenta con una infraestructura que puede consolidarse para atraer a turistas de altos ingresos. La posibilidad de aumentar de 400 millones de dólares que genera anualmente a 1.000 o 2.000 millones no es una quimera en lontananza. Por supuesto, este impulso debe venir acompañado de otras medidas que favorezcan al sector agrícola con una visión de preservación de la biodiversidad, el medio ambiente y mejoramiento de la equidad. Una visión integral del desarrollo y del sostenimiento de la estabilidad económica están todavía ausentes de los planteamientos políticos.

 

Alberto Bonadona es economista. 

 

Confidencial

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