Alberto Bonadona Cossío

Mayor igualdad de ingresos y peso al nacer

sábado, 22 de febrero de 2020 · 00:10

Me refiero a la igualdad económica que actualmente se ha generalizado medirla con el índice de Gini. Un índice que parte, como todo índice, de un supuesto heroico que expresa que toda la población debería recibir la misma cantidad de ingreso; el 1% o el 10% de la población recibe el 1% o el 10% del ingreso respectivamente. Una situación idealizada que sirve de patrón de comparación con la realidad. 

Cuanto más se aleja lo real de lo ideal el índice está más próximo a 100, o sea la sociedad es más desigual, y cuanto más se acerca a cero es más igualitaria. El año 2000 Bolivia batió el récord en desigualdad y se colocó como el más desigual del mundo con un Gini de 61,6. Para 2017 esta situación había cambiado tanto que llegó a 44. Una verdadera proeza en alcanzar una distribución igualitaria.

Es fácil mostrar la disminución de este índice como resultado de las políticas de un Gobierno. No sólo habla que todos los habitantes son más iguales, sino también que ese resultado es su hechura y deben llevarse todo el mérito los gobernantes de ese periodo. Por cierto, esto tiene un grado de verdad, pero no totalmente. Primero, porque hay que analizar el origen de la disminución del índice que al caer muestra mayor igualdad y, segundo, que aconteció al interior de la economía que permitió el descenso.

  El Gini para Bolivia llegó a 55 en 2004 y, con altibajos, descendió paulatinamente al referido 44 después de 14 años. En este periodo Bolivia vivió el gran auge de las materias primas que favoreció a una gran cantidad de países en el mundo entero. Posiblemente, Bolivia se encuentra entre los más favorecidos por la gran cantidad de recursos que recibió por sus exportaciones en relación con su PIB. 

Llegó a amasar tal acumulación de reservas internacionales que en 2008 supera a la China en un coeficiente que relaciona éstas con el PIB y se mantiene superior a ese país hasta 2016. Esto muestra la inmensa cantidad de recursos externos que recibió Bolivia en ese periodo. Naturalmente, éstos fueron utilizados en distintas obras a lo largo y ancho del país que generaron una mayor demanda por distintas clases de trabajadores y sus salarios necesariamente fueron presionados a que suban. 

En el sector construcciones, por mencionar tan sólo un ejemplo, los albañiles vieron sus salarios multiplicarse cinco a ocho veces. De no haber sido por el auge de las materias primas este ascenso no hubiera existido. Esto no fue resultado de una política estatal, fue mera consecuencia de los miles de millones de dólares que fluyeron a la economía nacional.

  Sin duda, políticas como la subida anual del salario mínimo contribuyó también a una redistribución del ingreso, o también lo hizo el doble aguinaldo. Fueron decisiones del Gobierno, aunque no estuvieron acompañadas de aumentos en la productividad de los sectores y, en consecuencia, tienen más un contenido político de fortalecer los votos para el partido de gobierno, que fines de mejorar la equidad social. 

Las transferencias, como los bonos, tuvieron también su parte en la disminución de la desigualdad y sí pueden mencionarse como positivos en este sentido.

 Sin embargo, si en algo la igualdad económica debe reflejarse es en la salud de los habitantes. Considero uno de los indicadores que mejor refleja esta condición al peso de los bebés al nacer. Este índice, por décadas, se mantiene relativamente constante para el país en su conjunto. Sin embargo, por departamentos, la situación tiene otros tintes.

 En Potosí 3,87 % de los infantes  en promedio tenían bajo peso al nacer en 2004 y subió a 6,58% en 2017.  Lo propio aconteció en Beni; de 3,79% de los recién nacidos en 2004 el porcentaje subió a 5,32% en 2017. En Chuquisaca similar situación en el mismo periodo de 4,73% a 6,14%.

En los otros departamentos este indicador permanece relativamente constante. En el único departamento que mejoró fue en Tarija; bajo de 6,26% en 2002 a 4,59% de los recién nacidos en 2017.

 La comparación del ingreso por persona utilizado en el Gini puede reflejar mayor cantidad de dinero en determinados sectores poblacionales. Pero es necesario ver las condiciones en las que los niños se gestan y nacen para alcanzar una mejor idea de las condiciones socioeconómicas que las políticas públicas o gubernamentales son las más adecuadas para obtener una idea más acertada del uso de los recursos que ingresan a una economía.

 El peso de los infantes recién nacidos es uno de los índices que dan una idea del destino de esos recursos. El aumento de los ingresos por persona (por supuesto, las madres gestantes incluidas) puede llevar a la conclusión de que, en promedio, los bolivianos comen más ahora pero no se alimentan mejor.


Alberto Bonadona Cossío es economista.

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