Alberto Bonadona Cossío

Primero te preocupas en ganar la guerra, luego cómo pagarla

sábado, 11 de julio de 2020 · 00:10

No son mis palabras las del título, parafraseo a una intelectual reconocida con una extraordinaria carrera y ocupa el puesto de Economista Jefe del Banco Mundial. Su nombre es Carmen Castellanos pero, por la costumbre estadounidense, lleva el apellido del esposo, Reinhart. Experta en crisis finaciera y deuda pública. Con relación al impacto del Covid-19 en América Latina afirmó: “Desafortunadamente, va a ser una región impactada durante mucho tiempo por esta pandemia".

Efecto que lo explica por la debilidad previa que estas economías ya presentaban antes del virus, caracterizada por el alto endeudamiento de la región, el bajo crecimiento y la fuerte dependencia de la exportación de materias primas y el turismo. De aquí, Reinhart, concluye que hoy el gran desafío de la arquitectura financiera internacional es otorgar apoyo a los países de menor desarrollo para que logren una efectiva recuperación económica.

Otra economista destacada, alta ejecutiva del FMI, Kristalina Georgieva, apunta que no se pueden tratar por separado a los problemas de salud que trajo el virus a todos los países del mundo y las profundas consecuencias de caída de la producción, la ocupación, la disminución del ingreso per capita y la fuga de capitales de las economías emergentes y en desarrollo del mundo. Lo principal es que manifiesta un giro extraordinario en la visión tradicional del FMI respecto a las economías en crisis debida a la pandemia. Afirma que el FMI está dispuesto a emitir grandes sumas de DEG, el dinero que esta institución maneja y que puede emitir. En este caso, el FMI actua como un banco central de los bancos centrales.

Estas dos destacadas y poderosas mujeres de las finanzas internacionales muestran renovados enfoques para tratar los problemas de países como Bolivia. Es, por lo tanto, el momento de tomarles la palabra y solicitar el más grande apoyo posible para revolucionar la economía boliviana y desacoplarla del tradicional papel que ha jugado de proveedora de materias primas que no se renuevan y de monocultivos estancados en baja productividad, como la soya.

 Se hace imprescindible salir del aprisionamiento de estos rubros productivos que le niegan a la población boliviana un mejor futuro de amplias oportunidades sociales y el desarrollo de capacidades personales, de introducir un desarrollo sustentable que aproveche los recursos y a la vez proteja la fuente que los provee, así como alcanzar vidas sanas y longevas.

Futuro alcanzable con el aprovechamiento de la vocación propia de los suelos de los distintos pisos ecológicos del territorio boliviano. También fortaleciendo el turismo que ofrece una extraordinaria posibilidad de generar empleos e ingresos dignos. Este proceso debe ser planificado y acordado entre todas las fuerzas políticas y sociales de este país y plasmarse en un acuerdo que se traduzca en políticas estatales para que sean respetadas por el partido que gane las próximas elecciones. Por cierto, requerirá adicionales medidas a acordarse para garantizar la gobernabilidad y la gobernanza de este país.

Para finalizar quiero citar la respuesta de Reinhart, en una conferencia reciente sobre qué hacer financieramente para enfrentar la crisis que trajo el Covid-19: “Si tu gobierno enfrenta una pandemia de duración desconocida inicialmente y de una severidad también desconocida…Están hablando a una persona muy conservadora…, pero yo veo esto como una guerra y la caracterizo como una guerra. Y lo típico en las guerras es que te preocupas de ganar la guerra, después te preocupas de cómo vas a pagar por la guerra. Ahí es donde estamos”.

Esto, en lo concreto de la economía boliviana, significa dinero que emita el Banco Central de Bolivia para solventar la recuperación de la economía y la transición a un modelo desacoplado de la tradición extractivista y unida más a la necesaria revolución industrial, alejada del viejo capitalismo. También sirva para un fondo estatal de apoyo a todo profesional, obrero, pequeño, mediano y gran empresario a solventar el peso de la crisis. No es a través de créditos de la banca que se puede apoyar a salir de la crisis. Tampoco es el temor a la inflación la que debe evitar tomar este sendero; la inflación fue baja el año pasado y sigue muy baja en 2020.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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