Alberto Bonadona Cossío

Banca, sistema de pensiones y regulación

sábado, 8 de agosto de 2020 · 00:10

Entre las instituciones pilares del capitalismo se encuentra la banca. La estabilidad monetaria, no obstante, no fue creada por la banca. Todo lo contrario, la creación de las instituciones bancarias generó gigantescas olas de especulación y emisión de dinero gracias a una falsa credibilidad que se creó en torno a ellas. La banca es en Occidente parte del preámbulo mercantil al capitalismo de los siglos XII y XIII. En Oriente fue parte de una gran revolución financiera que encaminaba a la China hacia un desarrollo capitalista muchos siglos antes. Todavía las explicaciones de este fracaso siguen en permanente compulsa. Tanto en un lado del mundo como en el otro, cuando estuvo irrestricta, generó más caos que orden, más pobres que ricos.

Hoy, en un país como Bolivia, con un supuesto socialismo del siglo XXI, que se supone sigue de alguna manera presente, debería ser antitético a ese régimen. Sin embargo, se lleva de maravillas con utilidades récord con operaciones que han permitido a un banco boliviano colocarse entre los grandes de América Latina y recibe todas las facilidades posibles para que no le falte liquidez y hasta las operaciones de apoyo a la gente en época de pandemia deben pasar por la banca.

Se esperaría que los favores sean devueltos al menos en alguna dimensión o en favor de uno de los sectores que han contribuido notoriamente al fortalecimiento de la banca. Es el sector de los afiliados a las AFP, entidades que tienen la obligación de invertir los ahorros de esos afiliados con la mayor rentabilidad posible. Sin embargo, la banca ha pagado muy mal esa obligación al suspender, bajo el propio arbitrio, el mantenimiento de valor en las operaciones que entes las AFP realizaban con la banca. 

Las AFP, se supone, deben defender como buenos padres de familia, los recursos ajenos que administran. Pero, en el caso de la denominación en UFV, no sólo que dejaron que la banca haga lo que le vino en gana, sino que simplemente guardaron un silencio cómplice. De esta manera hicieron que la banca gane más dinero pero no se preocuparon de que sus afiliados lo hicieran y, peor aún, los colocaron al descubierto en cuanto a riesgo de inflación y devaluación del boliviano se refiere.

Lo cierto es que las AFP realizaron otras operaciones también en contra de los intereses de quienes deben defender y que son la razón de su existencia. Compraron valores a precios más caros en varias oportunidades lo que hizo que la rentabilidad de tales inversiones se haya  reducido. Lo extraño de todo esto es que ambas entidades (banca y AFP) deberían cuidar a los afiliados como a una de las fuentes principales de su riqueza. Lo propio ocurre con la Bolsa de Valores, aunque esta entidad podría aducir neutralidad en las operaciones que en ella se realizan; es claro que sin las millonarias transacciones de las AFP no habría una Bolsa Boliviana de Valores respetable como lo es ahora.

La banca sin una buena regulación fue fuente de grandes desfalcos y arbitrariedades en la historia del capitalismo universal y del boliviano. No sólo se requiere de un sólido marco regulatorio para la banca de tal manera que el público se vea protegido, también se requiere de sólidas entidades supervisoras de la bolsa y de las AFP. No contar con instituciones regulatorias sólidas, no sólo que coloca al Estado ausente de donde debe estar presente, sino que abre las puertas para que el público, que no conoce las sofisticaciones financieras, sea víctima de la discrecionalidad de los que sí pueden utilizar a su favor los mecanismos financieros.

En las circunstancias económicas actuales qué positivo sería ver a las entidades financieras, preocuparse por la gallina de los huevos de oro: los fondos que se generan del descuento del 10% del total ganado de más de un millón de afiliados a las AFP. Si el sistema de pensiones se debilita aún más, la banca, la Bolsa, los sectores prestatarios, la economía en su conjunto se verá afectada. Sorprendería que las instituciones que más se benefician de esas inversiones planteen mejoras. Eso es pedir mucho. Pero el que debe preocuparse por el robustecimiento del sistema de pensiones es el Estado y es el que, en esta coyuntura, lo haga si no quiere sacrificar, aún más allá de la pandemia, a ingenuos trabajadores que esperan recibir una aceptable pensión.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista.

 

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