Alberto Bonadona Cossío

RIN y bolivianización

sábado, 6 de marzo de 2021 · 05:10

Las Reservas Internacionales Netas (RIN) están cayendo desde el año 2015. Es una caída imparable debido a que el auge de las materias primas concluyó en 2014. Hay que tener presente que tal auge benefició a tantos países productores de materias primas, no sólo a Bolivia, y empezó entre el 2002 y 2003. 

Fue un evento externo a las políticas económicas nacionales (exógeno dirán los economistas) y lo que se hizo en Bolivia fue gastar esos recursos en una diversidad de bienes y males; con fines rentables económicamente y de despilfarro. Las RIN, además, se vieron circunstancialmente aumentadas por el gran crecimiento de la deuda externa, los precios del oro y las remesas del exterior.

 Hay que tener en mente que las RIN se expresan en dólares y su utilización no es para que, sin más ni más, ingresen a la circulación de las transacciones internas de la economía boliviana. No es necesario recalcar que la bolivianización, si en algo es exitosa es en que al interior del país una gran parte de las transacciones se realizan en la moneda nacional. Si, en algunos casos se utilizan los billetes verdes es porque se piensa en un plazo largo o en un bien de elevado valor. Así, hay cuentas en los bancos en dólares, bienes inmuebles y vehículos todavía se expresan e incluso se pagan en dólares. Esto significa que para la visión que supera algunos años, los ciudadanos bolivianos no abandonaron la precaución de preservar el valor que poseen.

 La bolivianización es buena para esta economía. Es buena porque uno si se presta dinero del banco lo hace en bolivianos y como se es remunerado en bolivianos, el pago a los bancos se realiza también en la misma moneda. Para mantener la bolivianización se requiere el sustento de las RIN. Si éstas bajan más allá de los actuales niveles, ponen en grave riesgo la bolivianización y la estabilidad de precios. Una devaluación traería de vuelta la dolarización de la economía y haría estallar un proceso inflacionario.

 Por cierto, también se debe tener presente, que no todo ciudadano boliviano correrá a cambiar sus bolivianos a dólares. La gran mayoría de este país gana en bolivianos y gasta, lo que gana, el mismo día. Nadie comprará una bolsa de caramelos en dólares en la tienda de la esquina o pagará por una llaucha en dólares. Esto quiere decir que es un limitado número de personas que demandan dólares y aumentarán esa demanda a niveles estratosféricos (en las proporciones y medida de esta economía pobre) apenas el boliviano se devalúe un centavo.

 Este grupo es el que, principalmente debido a las circunstancias políticas de los dos últimos años, ha incrementado su demanda de dólares. No es un grupo homogéneo; está compuesto por bancos y banqueros como por comerciantes mayoristas y minoristas, algunos profesionales, y otros poseedores de bienes y activos de alto valor comercial o financiero.

 El componente “divisas” de las RIN cayó 14% y 27% en 2015 y 2016 por la obvia razón de la caída de las exportaciones tradicionales de este país (minerales y gas). Esto inició el proceso de desaceleración económica aquí y en todos los países que gozaron del auge referido. En 2018 cayeron las divisas en 16% también por la caída de las exportaciones y, considero, alguna previsión de los nubarrones políticos que ya amenazaban a esta sociedad.

 Pero, en 2019 y 2020, cuando la caída llega a 41% y 42%, respectivamente, los precios internacionales y los volúmenes de las materias primas fueron la causa de un impacto reducido frente a la demanda de dólares por los grupos y personas mencionadas. Los efectos de la inestabilidad política, en un país en que las instituciones son tan enclenques, era inevitable.

 Ahora queda la urgencia por aumentar las divisas (léase dólares) que tan sólo alcanzan a 2.116 millones. Un monto que no sirve para costear ni cuatro meses de importaciones. Este es el momento de hacer un plan bien estructurado que muestre por dónde debe ir la economía nacional y recurrir a la cooperación internacional para obtener unos cinco o seis mil millones de dólares.

Éstos ingresarán a las RIN y la gente dejará de demandar dólares. Se esperaría que el gobierno se comprometa con el plan económico y haga surgir una economía que genere recursos para el Estado, la gente y el pago de la deuda. Por cierto, esto en los tiempos que tal proceso exige unos urgentes otros de mediano y largo plazo. Es un gran desafío que el gobierno debe enfrentar para evitar la devaluación y sostener la bolivianización.

 
 
 Alberto Bonadona Cossío es economista.

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