Alberto Bonadona Cossío

Espacios cerrados

sábado, 17 de abril de 2021 · 05:10

En la ciudad que vive o visita aquí en Bolivia camine por la calle que usted quiera;  donde hubo abundante comercio, encontrará varias vitrinas vacías con letreros que dicen “se alquila” o “en venta”. Luego ponga atención, en cualquier barrio de las ciudades por las que transita, no necesita levantar mucho la vista y encontrará carteles que dicen lo mismo para departamentos o casas residenciales.

 O si pregunta a quien trabaja de sastre, pintor, albañil o cualquier otra ocupación ¿cómo va su trabajo? La respuesta será unánime: todo ha bajado. El sastre le contará que tenía tres operarios y que ahora trabaja él solo; su ingreso es menos de la tercera parte de lo que fue antes de la pandemia. Se consolará diciendo que hay otros que están peor que él,  como los bordadores de trajes para las suntuosas entradas del Gran Poder o del Carnaval de Oruro.

El pintor y el albañil le contarán que casi no hay trabajo, salvo que tenga la suerte de haber sido recontratado en la construcción que se quedó a medias antes de la cuarentena. Todos le dirán que han pasado días de carestía y angustia. Incluso las vendedoras de cualquier mercado le dirán que las ventas de verduras han caído, también las de los comestibles enlatados que solían vender muy bien en el pasado, y eso que ahora están más baratas.

 Una vendedora ambulante de audífonos, cables para celulares, protectores de pantalla, a quien le pregunté cómo enfrentó la época de la encerrona obligada por el coronavirus, me explicó que se puso a hacer macramé y barbijos de distintos tipos y que no le quedó más que salir a la calle. Lo positivo de su respuesta es que logró tener un ingreso comparable con el que tiene vendiendo los artefactos para celulares, “aunque ahora es un poco menos”, agregó sin tono de lamento.

 Pregunté a algunos amigos que trabajan independientemente o que estuvieron de empleados en empresas privadas o entidades públicas, antes o después de la transición política, y el 80% de ellos me dijeron  que estaban sin empleo. Por cierto me dijeron que si sabía de algo les avise. Contesté “claro”, “por supuesto”, sabiendo que lo dicho era un falso consuelo.

 Con estas simples observaciones concluí que aquello que las frías cifras que publican el INE o el BCB acerca de la economía se reflejan en una realidad que está a la vista de todos. Tan sólo hay que mirar la cantidad de rostros angustiados que pasan por nuestros ojos.

  No falta quien dice que no sólo el Gobierno sino también los organismos internacionales están presentando cifras de recuperación para el conjunto de la producción reflejado en proyecciones del 4,4% o hasta del 5,5% de crecimiento del PIB. Mi respuesta es referirlos a la caída que sufrió el año pasado el PIB, una tasa negativa cercana al -11%. 

 Entonces, si te caíste de esa forma equivale a un serió tropezón que te llevó de bruces al suelo y que al levantar la adolorida mano para levantarte puedes consolarte, por supuesto, que un 4,4% de tu humanidad ya se movió. Pero, por cierto, no puedes decir que estás ya caminando como antes, cuando estabas de pie.  Lo serio en la economía es que la recuperación es lenta y no es como levantarse de un simple porrazo. Es más parecido a una caída con serias consecuencias donde te rompiste seis costillas, el fémur y posiblemente tienes daño cerebral. Requieres de un tratamiento serio, profundo y costoso.

  Sin un análisis riguroso del daño causado por la caída de las materias primas desde 2014, del real impacto de la pandemia en la salud y en la capacidad de trabajar de la población, de los espacios cerrados que se tienen en todos lados, no se puede concluir que la concesión de esporádicos bonos trajo ya una solución.  Es importante que se programe una efectiva asistencia gubernamental a todos los sectores económicos de los cuales ya se conoce su situación y su grado de afectación. No se puede hacer distinciones entre públicos y privados, formales o informales. Se requiere esa asistencia con carácter de urgencia.

  La pregunta que nunca falta: de dónde vendrá la plata. Del Banco Central es mi respuesta. No hay presiones inflacionarias y hay muchas persona sin trabajo y sin ingreso. También hay muchos espacios cerrados.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista.
 

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