Alberto Bonadona Cossío

Izquierda y derecha

sábado, 29 de mayo de 2021 · 05:10

Hablar en términos políticos de la izquierda y de la derecha en esta época de tanta dispersión, desasosiego, incertidumbre, pandemia puede parecer, al menos, desacertado. No creo que lo sea y por eso es que quiero hablar de esta división no entre todos los seres humanos, sino entre los jóvenes.

Los tiempos que se viven en el mundo muestran convulsiones al interior de muchas sociedades. En América Latina, en particular, no ha importado mucho que el virus esté presente y sea muy contagioso como para frenar expresiones violentas de descontento en varios países. Lo cierto es que la calle ha sido el escenario de estas manifestaciones, incluso antes de la pandemia. Uno de los denominadores comunes ha sido la masiva presencia de jóvenes sin un claro liderazgo y, en apariencia, resultado de una fuerza espontánea, insisto,  sólo en apariencia.

 La juventud en las calles muestra su gran desencanto por las viejas políticas y los acostumbrados políticos mentirosos, demagogos, corruptos y capaces de todo para mantenerse en el poder y sus prebendas. Es una generación que no ha vivido los enfrentamientos ideológicos del siglo pasado, bañados en posiciones políticas más cercanas a expresiones de fanatismo religioso que de análisis de una realidad multidimensional. Una realidad de tantas facetas que, los jóvenes la toman, con mayor o menor acento, desde una o varias de sus dimensiones. Eso sí, los dogmas de las grandes soluciones que puede dar el comunismo, el socialismo o el capitalismo ya no está en su repertorio.

 Sin embargo, los jóvenes en las calles, protestando, haciendo temblar a los gobiernos y hasta derrocándolos, no pertenecen a lo que se puede considerar la izquierda o la derecha tradicionales. Esta división ha tomado otras dimensiones que, como una primera aproximación, las mencionaré aquí.

 Primero, hay jóvenes de derecha que creen en algún tipo de supremacía cultural y que puede tener o no un color específico de piel. En Bolivia, son, por ejemplo, sucrenses, cochabambinos o cruceños, cuyos padres han logrado cierta posición económica relativamente cómoda (algo absolutamente subjetivo), quienes no pueden reclamar una pureza genética, pero sienten que hay otros que amenazan la propiedad que esperan heredar o conseguir de alguna forma.

Por el otro lado, están jóvenes de izquierda cuyas posiciones materiales les son condicionalmente irrelevantes para lo que quieren hacer en la vida; no desean heredar si es que herencia tienen, sino conocer el mundo, no aceptan las grandes diferencias sociales y preferirían un mundo más equitativo.

 Segundo, los jóvenes de derecha discriminan a los que son diferentes social o culturalmente. No importa si viven en la ciudad o en el campo o si hablan un buen castellano o tienen acento de una lengua nativa. Odian al que es diferente. Son xenófobos y expresan estos sentimientos en las redes sociales furibundamente. Ciertamente, hay muchos grupos de jóvenes derechistas que estando en el mismo lado del espectro político, no comulgan con las mismas creencias o pueden ser adversarios. Los jóvenes de izquierda no ven con buenos ojos la discriminación de ninguna índole (otra cosa es que sean consecuentes, lo cierto es que esto se aplica a todos), pero, se muestran dispuestos a tratar a todos con igualdad.

 En una dimensión que puede haber divergencias entre los jóvenes de derecha es en la defensa del medioambiente. No faltan los que dicen que el calentamiento global es un cuento. La mayoría, sin embargo, tiene una posición de defensa del medioambiente. Se expresa en no botar bolsas de plástico en cualquier parte, por ejemplo, pero llegado el momento de expresarse en contra la expansión de los monocultivos o generar restricciones a la actividad minera, simplemente, callarán o dirán que no hay otra alternativa. Los jóvenes de izquierda defenderán el medioambiente con gran celo y hasta llegarán a posiciones extremas que se asemejan a las de defensa de los viejos dogmas de sus padres o abuelos.

 Este es un tema que da para más y creo debe ser analizado cada vez con mayor profundidad. Aquí tan sólo he arañado levemente la superficie. Pero, mi editora me exige un número de caracteres que me obliga a continuar en otra oportunidad.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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