Quien calla otorga

Cuero de rinoceronte

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sábado, 07 de octubre de 2017 · 00:00
¿Cuál es la expresión adecuada para nombrar a aquellos que navegan entre el cinismo y la delincuencia política? ¿Cuero duro? ¿Piel de ballena? ¿Piel de elefante?

 Me gusta más "cuero de rinoceronte”, quizás porque recuerdo el dibujo de Alberto Durero que describe de memoria (en 1515) a una criatura de apariencia mitológica; o, más cerca en el tiempo, la maravillosa acuarela de Ricardo Pérez Alcalá que representa a un rinoceronte que parece un acorazado, una maquinaria fantástica que protegida por impenetrables placas metálicas echa fuego por el trasero y humo por unas torres nucleares sobre el lomo.

 Si el dibujo de Durero se puede calificar de naturalista (aunque el artista nunca vio un rinoceronte de verdad), el de Pérez Alcalá es una de sus maravillosas alegorías sobre la sociedad contemporánea y daría para un análisis detallado de varias páginas, y múltiples interpretaciones.

 Pero este artículo no es sobre arte, aunque quisiera que lo fuera, porque sería más interesante hablar de pintura que de política.  Tampoco es sobre zoología ni sobre estos pacíficos animales, que los cazadores furtivos asesinan con el único motivo de extraer su cuerno frontal, que los chinos depredadores compran como polvo afrodisiaco.

 Esta vez me sirvo del cuero de los rinocerontes para calificar el cuero (con o sin cuernos) de los políticos que se han apropiado del Estado en Bolivia y para permanecer indefinidamente gozando de las mieles del poder, y han desarrollado un caparazón impenetrable de cinismo que raya en la delincuencia. 

 Frente a la argumentación que esgrimo con cierta frecuencia sobre los descaros del presidente Evo Morales y de sus fieles servidores, los asalariados del Gobierno suelen responder con epítetos generalmente anónimos y cobardes. Como no tienen argumentos, me tildan de agente de alguna agencia extranjera, de derechista, de racista, de chilenófilo, de emenerrista o de lo que sea. 
 
Mientras más insultos esgrimen, más se enredan, porque no pueden señalar nada concreto que empañe mi trayectoria. 

 Somos muchos los que en décadas pasadas hemos padecido los rigores de la persecución y el exilio por el simple hecho de expresar lo que pensamos sin pertenecer a ningún partido político, como ha sido siempre mi caso, o perteneciendo a alguno, como es el caso de muchos amigos. 

 Por razones de compromiso o de edad a unos les ha tocado más palo que a otros y hemos soportado cada circunstancia con determinación y cierto orgullo, pues a falta de cargar las pesadas medallas, y condecoraciones como hacen los ebrios de poder, tenemos una memoria rica que nos permite interrogar a los advenedizos dónde diablos estaban mientras luchábamos por la democracia. 

 Mientras para las nuevas generaciones los golpes militares son un dato tan remoto como la Guerra del Pacífico, para nosotros el golpe de Barrientos, en 1964, el de Bánzer, en 1971, el de Natusch Busch, en 1979, o el de García Meza, en 1980, dejaron huellas concretas, no sólo en el nivel personal y familiar, sino en la sociedad cuya democracia nos tocó defender. 

 A los que padecieron encierros y destierros no los doblegó la promesa vaga de un proceso de cambio que solamente ha servido para encumbrar en el poder a una camada angurrienta, cuyo doble discurso sobre la madre tierra o sobre derechos humanos ya no logra tapar la olla de malos manejos, desvaríos, arbitrariedades, tráfico de influencias y corrupción generalizada en todos los niveles del Estado. 

 Ya no queremos más dictaduras, ni duras ni blandas. No queremos represión, no queremos mentiras, no queremos cinismo, no queremos más corrupción como la que salta a la vista todos los días, como nunca antes en la historia republicana, ni siquiera en la época de las dictaduras militares.

 Por ello debemos celebrar de manera rotunda los 35 años de recuperación de la democracia, para que sea un momento de reflexión y una oportunidad para educar a las nuevas generaciones sobre nuestra historia y sobre esa democracia que recibieron servida en bandeja. 

 La concentración del martes 10 de octubre en San Francisco, convocada por colectivos independientes de ciudadanos y no por partidos políticos, es una oportunidad para expresar el repudio por el manejo arbitrario de bienes públicos y por las manipulaciones de leyes y de la Constitución Política del Estado (que fue aprobada con fórceps entre gallos y medianoche por el propio régimen del MAS que ahora la vapulea). 

 Cuando a través de actos de prestidigitación y maniobras sin ética ni dignidad se trata de prorrogar indefinidamente en el poder a un presidente tan autoritario como mentiroso, no queda sino unirnos para expresar con una sola voz una sencilla palabra de dos letras: NO. 

 Y ojalá que no nos quedemos allí. Mi propuesta va más lejos: reunir antes de fin de año las firmas necesarias para pedir el revocatorio de la Asamblea Legislativa Plurinacional de levantamanos serviles, que es la base de sustentación del gobierno ilegítimo y la culpable del contubernio que está ahogando la democracia y la economía del país. 


Alfonso Gumucio Dagron  es comunicador social experto en comunicación para el desarrollo.

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