Quien calla otorga

Haya o no haya: igual

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sábado, 06 de octubre de 2018 · 00:12

Qué pereza me da escribir sobre La Haya. Apenas empiezo ya me duele el estómago. Es un tema que no he tocado nunca, aparte de algún tuit sarcástico. Ahora diré porqué.

En los medios de información importantes del mundo, la demanda contra Chile en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya es una noticia menor, pero en Bolivia, una legión de comentaristas internacionalistas, especialistas, politólogos, historiadores y opinólogos de toda suerte han publicado mucho desde hace varios años; algunos tres, siete o veinte veces.

Una opinión más o menos, la mía, no hace la diferencia, pero atendiendo el pedido de amigos del exterior, bolivianos y otros, ofrezco mi opinión por esta única vez. (Y como Groucho Marx podría decir: “Y si no les gusta, tengo otra”).

El tema marítimo me ha llegado a la coronilla hace muchos años; es decir, a lo más alto (para no mencionar las partes pudendas). Desde que tengo memoria ha sido manoseado por gobiernos democráticos y dictatoriales por igual para convocar a la “unidad del pueblo boliviano”, una demagogia que siempre me pareció ridícula y oportunista.

Desde que estaba en colegio soporté a chilenos que venían a cantarnos “Yo quiero un mar, un mar azul, para Boliviaaaa…” mientras nos vendían algún jarabe de bacalao buenísimo para los huesos. Y en el Colegio Militar, donde el Capitán Guido Vildoso (a quien respeto mucho) era mi comandante, rompíamos filas gritando: “Viva Bolivia, muera Chile”.

Ese patrioterismo de escarapela es grotesco, así como obligar a los escolares a marchar cada año con banderitas y otras cosas peores. Mientras más sentimiento patriota querían inculcarnos, más falso me parecía. Algo así como una justificación anual de los militares por haber perdido esa y otras guerras, y por haber dejado colgados a los peruanos en la del Pacífico.

Considero al expresidente Carlos D. Mesa uno de los genuinos defensores de la causa marítima, no en vano confrontó con valentía en Naciones Unidas al entonces presidente Lagos. En cambio Evo Morales, ahora abanderado y tamborilero del desfile escolar, ni siquiera mencionó el tema marítimo en la ONU durante los tres primeros años de su mandato, porque tenía la peregrina idea de que “charlando entre socialistas” (Bachelet y él) iba a resolver la cuestión. Hasta que le dieron atole con el dedo y optó por la demanda en La Haya.

Para qué negarlo, La Haya le ha dado al autócrata boliviano réditos enormes. Como con el “servicio civil obligatorio” de Banzer, no dejó a expresidentes y excancilleres otra opción que apoyar a su gobierno en ese tema. Menos los perseguidos políticamente, los judicializados y exiliados, fueron plegándose casi todos los otros, siendo el expresidente Rodríguez Veltzé el emblema de adhesión ferviente y remunerada.

Al menos Carlos D. Mesa dejó claro desde el principio dos cosas: a) como portavoz no quería recibir un salario del Gobierno, y b) no iba a cesar de criticar al régimen de Morales en otros temas, como el #21F.

La Haya nunca me causó ni un estornudo, ni antes del fallo ni ahora. Desde el principio sabíamos (pero no queríamos verlo) que era una batalla simbólica y nada más. Lo máximo que podíamos lograr con un fallo a favor de Bolivia era el compromiso de Chile de sentarse a negociar, lo cual no quiere decir absolutamente nada: ningún gobierno chileno puede comprometer la soberanía de su territorio sin antes llamar a un referendo nacional, en el cual, el 99% de los chilenos (incluso los que sienten simpatía por nuestro país) votarían en contra de ceder una franja de su territorio. (Además, Perú tendría que ser consultado).

Entonces, para decirlo científicamente: son estupideces que si el fallo de La Haya era positivo ya estábamos “a un paso del mar”, como afirmaron en semanas recientes varios jerarcas del gobierno, con un triunfalismo enfermizo; palabras parecidas a las de Guillermo Gutiérrez Vea Murguía cuando dijo que traía “el mar en su bolsillo”. Y ahora que todo salió al revés, Morales, Pary o Montaño sólo abren la boca para seguir diciendo estupideces.

La propaganda millonaria y presencia masiva de delegaciones no convenció a los jueces de La Haya (hoy vilipendiados por los obtusos que nos gobiernan), pero fue eficaz porque nos encandiló a todos y también a los chilenos, tan seguros de perder que enviaron a La Haya una delegación de segundo nivel.

Si Bolivia no se iba a beneficiar de verdad con un triunfo en La Haya, ¿para qué gastar entre 80 y 100 millones de dólares en propaganda machacona y viajes de delegaciones desproporcionadas acompañando al jefazo? Obviamente para beneficiar a Evo Morales en su permanente campaña electoral. Él hubiera sido el verdadero triunfador, no Bolivia. Ahora tiene que mascar polvo, pero no por ello está disminuido políticamente. Está acostumbrado a ganar aunque sea a rodillazos.

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta

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