Quien calla otorga

Trece años en campaña electoral

sábado, 03 de noviembre de 2018 · 00:11

El periódico que recibo debajo de mi puerta está cada día lleno de sorpresas. Uno quisiera comentar todos los temas pero hoy me limitaré a uno que es digno de Ripley.  

 Aunque usted no lo crea…, ministros,  gobernadores y diplomáticos están obligados a hacer campaña para Evo Morales (y todos los funcionarios debajo de ellos). A ninguno se le ocurrirá pensar, ni siquiera por un mínimo de decencia y dignidad: “Soy servidor del Estado, no agente del MAS o empleado de Evo Morales”.  Todos harán campaña por un partido político y por un candidato usando recursos públicos.

 Antes de que el maltrecho Tribunal Supremo Electoral (TSE) dominado por el MAS (Cruz es delegada presidencial, Mamani pintaba en las noches consignas azules, Choque dejó el vestido por la pollera para estar a tono con el régimen) dicte su resolución sobre la candidatura de Evo Morales, y a pesar del No mayoritario en el referendo del 21 de febrero de 2016, el autócrata –que se aferra al poder con la uñas– decidió que empleados públicos pagados con nuestros recursos, deben hacer campaña en su favor, usando el tiempo y los bienes del Estado como si fueran propiedad de un partido político. Aunque usted no lo crea…

 El MAS no solamente le compró la sigla a la Falange Socialista Boliviana (FSB), también le compró la ideología y las prácticas fascistas de apropiarse del aparato del Estado en beneficio propio y sin transparencia. 

 El autócrata encumbrado en el poder no tiene reparo en visitar Buenos Aires (sin permiso del Presidente de Argentina) para hacer campaña en la numerosa comunidad boliviana durante la entrada folklórica que le sirvió de acto de proclamación. 

 Mientras el soberano cacique salta de un lado a otro como pavo real, exhibiendo avión presidencial de lujo, helicópteros, museos a su propia gloria y palacios fálicos, en el país donde los niños consumen menos leche en América Latina, la muerte acecha a los enfermos. La debacle del sistema de salud es noticia cotidiana: los enfermos de cáncer (una enfermedad que el Presidente “no conocía”) se mueren todos los días porque en el país no hay aceleradores lineales, que podrían comprarse con lo que cuestan unas cuantas horas de vuelo del soberbio presidente en su lujoso avión. El demagogo lleva trece años en el gobierno y promete que la salud pública “será mejor que la privada”.  Aunque usted no lo crea…

 Mientras se moviliza todo el aparato estatal para proclamar ilegalmente al binomio Morales-García, el país se desmorona: Argentina nos compra cada vez menos gas y se lo vende a Chile… La Haya sólo sirvió para poner en evidencia la demagogia triunfalista, pero Morales cayó mal parado  y ahora, como es costumbre, “no acepta el fallo”.  

 Los malos perdedores buscan rápidamente titulares para hacer creer que todavía tienen la sartén por el mango, pero cada disparo les sale por la culata: tren bioceánico, relaciones con los países vecinos, precios de las materias primas en baja, etc. El autócrata recurre a espectáculos masivos para anunciar medidas y obras económicamente insostenibles: doble aguinaldo, bono Juancito Pinto, teleféricos, seguro universal de salud (que ya prometió hace 10 años)…

 Se obliga a niños de las escuelas a declamar poemas con loas al autócrata y a levantar el puño que identifica a los militantes del MAS. Los eventos deportivos llevan el nombre de Evo Morales, al igual que coliseos, hospitales, mercados, puentes, barrios y escuelas, entre otros.  En países democráticos está expresamente prohibido que obras del Estado lleven el nombre de funcionarios del gobierno en ejercicio. 

 Nunca el Ministerio de Propaganda (mal llamado Ministerio de Comunicación) tuvo tanto dinero. En términos absolutos y relativos, lo que ha dilapidado en 10 años esa oficina de culto a la personalidad de Evo Morales supera con creces la suma de todo lo gastado en propaganda por todos los gobiernos anteriores en toda la historia de Bolivia. El culto de Evo Morales es sólo comparable a la dinastía de Kim Il-sung, Kim Jong-il y Kim Jong-un en Corea del Norte. No existe otro país en todo el mundo donde la imagen de un presidente sea tan avasalladora: está en todas las obras del Estado como si éstas fueran un regalo personal del autócrata. 

 Sólo así se pudo encumbrar como semidios local a un personaje que no tiene ninguna cualidad personal que merezca la pena destacar: no es carismático, no es inteligente, no es honesto, no es trabajador, no es creativo, no es solidario… No representa ningún valor humano del que pueda sentirse orgulloso. Pero es astuto, solapado y artero. 

 Morales lleva 13 años de campaña electoral usando nuestros recursos, pero el número 13 no le va a traer buena suerte, que empiece a despedirse. 

 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.

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