Quien calla otorga

No sé, no me acuerdo

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sábado, 05 de mayo de 2018 · 00:07

Las nuevas generaciones saben poco del dictador García Meza. Quizás escucharon que fue responsable del asesinato de Marcelo Quiroga y de los dirigentes del MIR masacrados en una casa de la calle Harrington. O de los negociados de La Gaiba y el tráfico de cocaína. 


 Incluso para la gente del MAS que gobierna actualmente, García Meza es demasiado remoto.  Ellos no lucharon contra la dictadura de García Meza, no sufrieron persecución y exilio, más bien recibieron la democracia en bandeja (y han aprovechado muy bien de ella).


 Para mi generación, en cambio, García Meza y su brazo derecho Arze Gómez fueron los responsables, aún antes del golpe que los encumbró en el poder el 17 de julio de 1980, del secuestro, tortura y asesinato de Luis Espinal, director del Semanario Aquí.


 Desde las páginas del semanario denunciábamos lo que entonces nos parecía evidente: García Meza preparaba un golpe de Estado pero la presidenta Lidia Gueiler no lo removía de su cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.  El 19 de abril de 1980, un mes después del asesinato de Luis Espinal publiqué en el Semanario Aquí este breve texto que aludía con sorna a los planes golpistas:


 “García tiene una mesa, una mesa plana. Es una mesa de cocina.  García cocina en su mesa plana.

A la señora, no le deja ni siquiera acercarse a su mesa, aunque la señora tiene también derecho a la cocina. Pero la cocina de García es secreta, por eso la señora no debe aproximarse siquiera. En las noches, mientras la señora duerme, García juega sobre la mesa de la cocina. A García le gustan los soldaditos de plomo. 


 Los alinea derechitos, y los empuja a la batalla detrás de las tanquetas. Se enoja cuando un soldado no obedece, lo aplasta, lo destina castigado a un rincón de la mesa. García reina sobre la mesa cada noche, pero ahora quisiera reinar de día también; por eso, ha decidido decirle a la señora que por muy señora que sea de esa cocina, el que cocina y manda allí es él, de día y de noche. García quiere una mesa plana, una mesa uniforme, una mesa sin asperezas, sin obstáculos para el avance de sus soldados. García quiere ser el amo de esa mesa sobre la que hace y deshace, corta y sacrifica. La señora... más le vale hacerse la dormida: los pantalones los lleva García. La mesa de García, por supuesto, es cuadrada y tiene cuatro patas”.


 Tres meses más tarde, como estaba cantado, el golpe militar y el asesinato de Marcelo Quiroga, entre otros. El Diario publicó en primera plana: “La revolución del 17 de julio es del pueblo”. El Semanario Aquí fue uno de los blancos de los golpistas pero no pudieron hallarnos. Cada quien buscó su manera de esquivar la mano dura de la represión. Arce Gómez, Ministro del Interior, declaraba sin ambages que todos teníamos que “andar con el testamento bajo el brazo”. 


 Luego de unas semanas de clandestinidad decidí asilarme en la Embajada de México para no poner en riesgo a los amigos que me habían acogido en su casa. Ximena Iturralde se arriesgó a trasladarme en su auto desde la casa donde estaba escondido en San Jorge hasta la residencia de la Embajada en Obrajes. Llegamos a ser un centenar de asilados, dormíamos en el suelo apretujados y compartíamos las tareas de la cocina porque Dora, la cocinera, no hubiera podido con tanta gente.  


 Cuando en septiembre la dictadura comenzó a otorgar salvoconductos para que los asilados viajaran a México nos dimos cuenta de que a algunos no nos beneficiaba esa medida. Supimos de una lista de seis asilados que, según Arce Gómez, iban a “podrirse” en la embajada, pues no les concedería “jamás” el salvoconducto de salida. En esa lista estaba mi nombre, lo que me hizo tomar la decisión de evadirme por la frontera peruana, pero esa es otra larga historia. 


 En mi libro La máscara del gorila (1982), que fue premiado en México, incluí un capítulo donde comento la breve hagiografía que sobre García Meza publicó el servil Dr. F. Hugo Salamanca T., con el sugestivo título El hombre nuevo. Todavía conservo ese ejemplar como una rareza bibliográfica, de antología.  


 Con el retorno de Bolivia a la democracia García Meza fue juzgado y condenado gracias al trabajo impecable e implacable de Juan del Granado. Durante el juicio, a cada pregunta el acusado respondía: “No sé, no me acuerdo”… Fugado del país, fue capturado el 11 de  marzo de 1994 en Sao Paulo y extraditado a Bolivia luego de un año de tediosos trámites realizados por mi querido amigo Jaime Balcázar, entonces Embajador de Bolivia en Brasil. Años después, en Brasilia, Jaime me entregó un voluminoso archivo con las fotocopias de ese proceso: “Por si te animas a escribir algún día”.  


 Poco antes de morir García Meza “recuperó” la memoria. En una carta de despedida salpica con ventilador a una docena de personajes políticos a los que acusa de ser responsables de su dictadura. Es decir, él nunca hizo nada malo, fueron los otros.
 
 

Alfonso Gumucio Dagron  es escritor y cineasta.

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