Quien calla otorga

La terca inmoralidad de Morales

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sábado, 26 de enero de 2019 · 00:11

La inmoralidad de Evo Morales no tiene límite: fasto desmedido, aviones, palacios y museos de lujo, coliseos inútiles, viajes internacionales innecesarios, whisky etiqueta azul, autos blindados... 

Mientras tanto, trece años no han sido suficientes (según el gobierno) para mejorar el sistema de salud, uno de los peores de América Latina. Se ha gastado en construcciones, pero no en mejorar la calidad de la salud. Tenemos más edificios como cascarones vacíos, lo mismo que hay más escuelas, pero no mejora la calidad de la enseñanza. Más gasto, pero no más inversión. 

Morales "decretó" el Seguro Universal de Salud (SUS) hace ocho años y no pasó nada. Los desmemoriados olvidaron los anuncios triunfalistas, pero no los médicos en los centros hospitalarios. Cuando aparecía un paciente esgrimiendo el argumento de que el presidente había decretado: “Salud gratis para todos”, le respondían: “Que venga pues el presidente a traer gasas, jeringas, medicinas, pues no nos ha dado un peso más”. 

Ahora ofrece de nuevo el SUS y dicen que será un proceso "gradual" lo cual confirma su carácter de treta electoral. Mientras Morales El Inmoral gasta cada año 20 millones de Bs. en su avión, un bebé recién nacido es chamuscado en una incubadora improvisada. Eso es inmoral. Es un insulto. 

Por eso médicos y ciudadanos exigimos un verdadero Seguro Universal de Salud, con suficiente presupuesto y no con meros discursos electorales. El autoritario jefazo se burla de nosotros. Cuando él está enfermo no duda en viajar a Cuba o se hace curar en una clínica privada. 

El comportamiento inmoral del jefazo y de su círculo cercano (que circula de un puesto a otro durante 13 años) se caracteriza por el desvío de recursos públicos. Ya llegará el momento en que podamos hacer auditorías del mal uso de esos recursos, aunque reconozcamos que no son menos importantes las otras manifestaciones de inmoralidad del autócrata, aquellas que tienen que ver con su misoginia reiterada, con su incapacidad de formar familia (y menos nación), sus mentiras y su carácter hualaycho e irresponsable. En esencia sigue siendo el futbolista y trompetista de una banda de música de pueblo. 

Se da sus gustos todo el tiempo. De buena fuente sabemos que el reyezuelo a veces envía su helicóptero a Cochabamba para comprar charque, que es muy rico en la llajta.  Así resulta el charque más caro que se pueda uno imaginar. Todo esto se ha convertido en algo natural para un autócrata cuya sicología ha sido afectada severamente por el poder, al extremo de que ha perdido toda noción de la realidad. 

El poder le gusta. Se ha dado cuenta en estos dos sexenios que no necesita trabajar mucho. Cinco discursos al día y el resto lo hacen otros. Tiene una “caja chica” de 600 millones de US$ anuales que supera con creces los “gastos reservados” (sumados) que pudo haber en el pasado. Gasta esos recursos públicos sin preguntar a nadie, sin estudios de factibilidad y sin licitaciones. 

Regala dinero en efectivo o en forma de canchas de césped sintético para que él juegue todos los días y gane a rodillazo limpio, coliseos deportivos para sus discursos repetidos hasta la saciedad, vehículos 4x4 para comprar dirigentes, y eventos públicos con su nombre a los que no asiste si no le garantizan que habrá regalos para él y por lo menos mil personas para aclamarlo. 

Inaugura las mismas escuelitas o postas sanitarias a las que se les puso una nueva capa de pintura, y llega soberbio para escuchar a algún niño humilde que lee un poema a su gloria, obligado por un maestro que quiere conservar su ítem arrodillándose ante el jefe del MAS. 

Cuesta más el viaje en helicóptero, la transmisión en televisión pública y los preparativos del evento, que lo que se invirtió en reparar la escuelita o la posta sanitaria. Y cuesta mucho más, por supuesto, la campaña de propaganda incesante: todo un ministerio al servicio de una persona.  Eso no se vio jamás en la historia de nuestro país, como tampoco se vio un presupuesto tan gigantesco destinado a endiosar a la figura presidencial. En trece años ese presupuesto ha crecido paulatina y desmedidamente. Es insultante. 

Son optimistas (o próximos al masismo, aunque sea “de ocultitas”), quienes piensan que con la llegada del joven Manuel Canelas al Ministerio las cosas van a cambiar. ¿Va a disminuir el presupuesto? ¿Se va a dedicar a promover políticas responsables de comunicación? ¿Va a trabajar a favor de la democracia en los medios? ¿Va a hacer que los medios de información del Estado dejen de ser medios del gobierno?

No, nada de eso. Todos los que entraron al Ministerio de Propaganda terminaron haciendo lo mismo: la construcción fabulada y el endiosamiento del jefazo. Ninguno se ocupó de políticas de comunicación y todos gastaron miles de millones para promocionar la campaña electoral permanente del autócrata. Esperen unas semanas y ya verán. 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta

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