Quien calla otorga

Ministerio de Propaganda

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sábado, 09 de febrero de 2019 · 00:11

Desde su creación, el Ministerio de Propaganda (mal llamado Ministerio de Comunicación) ha desempeñado un rol nefasto. No cumple las funciones de un ministerio que debería impulsar políticas nacionales de comunicación.

No importa quién esté a su cabeza (Canelas, Dávila, la petiza del sombrero, López y ahora otro Canelas): todos se arrodillan y olvidan su pasado profesional y se entregan completamente a la propaganda descomunal, parecida a la que organizó Goebbels para hacer crecer a Hitler, un megalómano tan mediocre como peligroso. 

Algo similar sucede en Bolivia, donde la propaganda ha convertido en demiurgo a Evo Morales, sindicalista sin mérito personal. He preguntado a quienes admiran y defienden al dirigente cocalero: ¿cuáles son sus cualidades como ser humano? Nunca he recibido una respuesta. La impotencia hace que algunos masistas respondan con insultos, ante la imposibilidad de señalar algún rasgo noble en su líder.

¿Es acaso un ser humano carismático, sincero, solidario, sencillo, noble, humilde, veraz, responsable, justo, paciente, con una ética y moral ejemplares? Todo lo contrario. No sólo carece de esos valores, sino que practica en la vida cotidiana exactamente lo opuesto: es una persona torpe, arrogante, autoritaria, mentirosa, desconfiada,  irresponsable, soberbia,  indolente, insolente, impaciente, carente de ética y de moral en su vida pública y privada. 

Por ello, no es tarea fácil para el enorme aparato propagandístico –que los bolivianos pagamos con nuestros impuestos– hacer brillar al personaje bajo una luz más amable. 

Todo lo que hace el ministerio, con un personal que se multiplica cada año, es inflar la figura del dirigente del MAS. Y digo “dirigente del MAS” y no “presidente de Bolivia”, porque toda la propaganda de esa gigantesca vocería personal sólo se ha dedicado, durante 13 años, a ensalzar la figura del dirigente político que está en campaña permanente.

La construcción del personaje es cosa de Ripley. He visto una cantidad enorme de libros y folletos donde el tema único es Morales: libros lujosos, llenos de fotografías y libros para niños donde “Evito” es el héroe. El diario Cambio, financiado por todos nosotros y en quiebra porque nadie lee semejante pasquín, publica separatas a todo color con los discursos de su majestad, aunque repita lo mismo todos los días. 

A la manera de Corea del Norte o de esos países africanos, donde los dictadores se eternizan en el poder, el culto a la personalidad de Morales con fines electorales es repugnante, y sin embargo la ineficacia de la parafernalia propagandística es evidente. Indigna el costo que pagamos los bolivianos: el Ministerio de Propaganda ha gastado mil veces más que todos los gobiernos anteriores en la historia de Bolivia. 

Además, los 600 millones de dólares anuales que Morales dispone directamente sin rendir cuentas a nadie (un presupuesto mayor al del Ministerio de Defensa y de Gobierno, y superior al de Educación y Salud combinados), supuestamente para obras sociales, pero en realidad para una campaña de autobombo permanente, ya que ha pasado tres presidencias inaugurando pozos de agua, escuelas refaccionadas, coliseos o canchas de césped sintético. 

El costo de esas “obras” es con frecuencia menor al costo de su inauguración. Pónganle pluma: helicóptero, equipos de avanzada, desplazamientos de miles de personas (Morales no aparece si hay menos de mil personas), refrigerios, tarimas, banners con su foto, transmisión por televisión, fotógrafos, etcétera, suman mucho más que las obras inauguradas y no son sino formas prebendales  de manipular a los vasallos.

Bolivia TV, el canal del Estado, se usa como canal presidencial y llega a rincones del país sin competencia, gracias a señales satelitales. El canal Abya Yala tiene la particularidad de ser un regalo del gobierno de Irán a la fundación privada de un presidente en ejercicio, un caso flagrante de conflicto de intereses, ya que,  además, ese canal recibe recursos del Estado para su mantenimiento y salarios. 

En suma, el Ministerio de Propaganda no hace nada de lo que debería realmente hacer. Sólo es una gigantesca maquinaria para ensalzar la figura de Evo Morales. Ni Trump tiene un aparato pagado de propaganda pagado con recursos del Estado. Fuera de las conferencias de prensa de la bobita Sara Sanders, Trump usa con eficacia los tuits que él mismo escribe en sus rabietas, de madrugada, luego de mirar los informativos que le dan palo. Morales ni siquiera escribe sus tuits, tiene un equipo de seis escribidores a cual más lambiscón.

Ese equipo ha cambiado de cabeza varias veces porque es muy difícil justificar racionalmente lo injustificable. Los lectores de los tuits atribuidos a @evoespueblo publican réplicas que los hacen polvo. El efecto es contraproducente, aunque fabriquen un centenar de cuentas falsas, anónimas y cobardes que se ocupan de atacar con insultos, calumnias y mayúsculas gritonas a líderes de oposición y periodistas críticos.

Debe ser muy difícil defender con argumentos veraces al gobierno más corrupto de la historia de Bolivia y justificar la distancia abismal que existe entre el discurso supuestamente “de izquierda”, y la política económica extractivista, destructora de la Madre Tierra.
 

 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.
 

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