Quien calla otorga

Duro con la Pachamama

sábado, 18 de mayo de 2019 · 00:11

Oscurecida por la llegada de dos “Luisitos” muy parecidos entre sí (un jovenzuelo mexicano que se toma video-selfies con las camisetas de fútbol que le van regalando en los países que visita y Almagro que cambia de camiseta política según la conveniencia de su anhelada reelección en la OEA), se conoció el dictamen ético no vinculante sobre el TIPNIS del Tribunal Internacional de los Derechos de la Madre Tierra.

Los 27 jueces, personalidades independientes de varios países, conocidas todas por su trayectoria de defensa del medioambiente y de los territorios indígenas, emitieron una sentencia que concluye que el Estado boliviano violó los derechos de la Madre Tierra y de los pueblos indígenas. Violó la Constitución Política del Estado y vulneró numerosas leyes nacionales y normas internacionales. 

Por supuesto, los funcionarios del MAS (incluido el que se la pasa volando en helicóptero) le restarán importancia o atacarán a los jueces, olvidando un detalle importante: fue por iniciativa del propio Evo Morales que se creó este tribunal a partir de la Cumbre de Tiquipaya en 2010. Eran otros tiempos, algunos todavía creían que el discurso del impostor indígena iba a ser acompañado por acciones concretas. En realidad sí: la verborrea pachamamista fue acompañada por represión en los territorios indígenas y la testaruda decisión unilateral de construir una carretera en medio del TIPNIS para expandir la frontera agrícola eliminando bosques y promover el cultivo de coca para la elaboración y tráfico de cocaína. 

En materia de depredación del medioambiente y política económica extractivista, los “neoliberales” eran niños de pecho comparados con los lobos actuales (con perdón del animal, que se come unas cuantas gallinas por hambre). 

Si hay algo que caracteriza al régimen de Evo Morales es la distancia entre el discurso y la realidad. Y lamentablemente lo que ha contribuido a mantener su popularidad internacional es precisamente el discurso, no la realidad. Eso se acabó. Dentro y fuera de Bolivia ya tenemos claro que Evo Morales es el principal enemigo de la Madre Tierra.

Ya no le va a servir a Morales todo el dinero público que se gasta para ensalzar su figura, llenándolo de atributos nobles que no tiene. Todo un Ministerio de Propaganda se ocupa de recordarnos cada día que Morales es irreemplazable, aunque esa misma propaganda no menciona ninguna de sus virtudes como ser humano. 

Ningún gobierno anterior en toda la historia de Bolivia ha destruido tanto la naturaleza. Según estudios recientes de Global Forest Watch, en la época de Evo Morales Bolivia es el país que deforesta más en el mundo, en términos per cápita. Ese dato es escalofriante porque no solamente afecta a nuestro país, sino a toda la región amazónica. 

La angurria de obtener dinero fácil con la venta de petróleo, gas y minería, hace que el gobierno del MAS conceda sin mayor trámite permisos de explotación a compañías transnacionales, incluso en 11 reservas protegidas por ley durante décadas, de las 22 que hay en Bolivia. 

El modelo de desarrollo del régimen promotor del “capitalismo andino” ha alterado leyes y normas para facilitar la explotación de recursos naturales no renovables en una escala nunca antes vista. El mecanismo de la Consulta Previa consagrado por la CPE ha sido vulnerado muchas veces, lo que ha provocado varias marchas indígenas hacia La Paz, que han sido simple y llanamente reprimidas por el gobierno autoritario. 

El régimen flexibilizó los requisitos para las empresas transnacionales, no solo autorizando la concesión de más de tres millones de hectáreas en parques nacionales (como Tariquía), sino también ampliando el área de descarga de residuos tóxicos y autorizando en la agricultura el uso de agroquímicos y de semillas transgénicas, cuyos efectos perversos sobre la salud y la economía ya fueron denunciados. 

A lo anterior se suma la política de puertas abiertas a empresas mineras que explotan las faldas del Illimani, que extraen sin control oro en los ríos de Beni y Pando, y grupos de bandoleros chinos que de manera encubierta trafican con fauna silvestre y maderas preciosas, sin control alguno del gobierno. La tala ilegal en Bolivia representa el 57% del total. 

El falso indígena que funge de presidente ha logrado penetrar con engaños, como el programa “Mi agua”, en Territorios Comunitarios de Origen (TCO) para que luego lleguen detrás las perforadoras de las empresas petroleras, como sucedió en el TCO de los Tacana y en las reservas nacionales de Manuripi y Madidi. 

El nuevo grito de guerra de Evo Morales es “Duro con la Pachamama”. Vamos muy mal.
 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.

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