Quien calla otorga

Ciudad colapsada

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sábado, 04 de mayo de 2019 · 00:11

Sucedió de nuevo en La Paz: otro deslizamiento se llevó al barranco 68 viviendas, afectó otro centenar y dejó a la intemperie a 188 familias. 

Inmediatamente se hicieron trabajos de estabilización y recuperación con el concurso de instituciones del Estado (Defensa Civil, Alcaldía de La Paz, etc.) y de nuevo despertó  la solidaridad de la población, siempre generosa para atender a las víctimas, aunque sean avasalladores. Los jóvenes, sensibles al maltrato de animales domésticos, se organizaron para rescatar mascotas y acogerlas. 

Ya hemos vivido otras veces este escenario y ocurrirá de nuevo, como una crónica de desastres anunciados. ¿Queremos seguir viviendo así, en una ciudad siempre al borde del colapso? ¿Por qué no entendemos de una vez por todas que la ciudad ya no aguanta más? 

La Paz ya no soporta más peso encima. Ya no soporta más edificios. Ya no soporta más presión sobre el abastecimiento de agua. Ya no soporta más basura.  Ya no soporta más tráfico vehicular. Ya no soporta más ruido. Ya no soporta más marañas de cables. Ya no soporta más habitantes. 

Lo sucedido en Llojeta debería servir para revisar las normas y cómo se aplican. Sólo 15 viviendas tenían catastro y 41 estaban fuera de planimetría. El desastre natural debería hacer que la Alcaldía de La Paz se ponga los pantalones de una vez y apruebe un estricto reglamento de uso de suelos que no admita trampas ni excepciones, que castigue la corrupción drásticamente y establezca la fiscalización de oficio en toda La Paz.

La ciudad está asentada sobre más de 350 ríos. Ese dato por sí solo indica que es una bomba de tiempo. Ya no es sensato seguir autorizando edificios cuyo peso puede desmoronar zonas enteras. 

Pareciera que no se aprende de las lecciones tan duras que nos da la topografía. Meses atrás la Alcaldía tuvo que invertir sus propios recursos (los nuestros) para reparar el daño ocasionado en la calle 5 de Obrajes debido a construcciones de edificios que no respetaron las normas (pero tenían en regla sus “autorizaciones”). Como resultado, se hundieron varias casas, entre ellas la hermosa residencia de la Embajada británica. Sucedió lo mismo en la calle 17, cuando la construcción del Edificio Mario Mercado afectó la residencia de la Embajada de Francia. 

No se trata de echar culpas a la actual gestión municipal, porque estas prácticas depredadoras de la ciudad vienen de mucho antes, a pesar del estudio de suelos muy completo que se hizo en la gestión de Ronald MacLean Abaroa. Este es el momento de exigir respuesta a preguntas que valen tanto para Llojeta como para cualquier otro lugar de la ciudad:

1. ¿En qué momento los terrenos municipales pasan a manos privadas? 

2. ¿Por qué no se castiga a avasalladores que consiguen documentos truchos de propiedad?

3. ¿Por qué se autoriza construcciones en suelos clasificados como deleznables y de riesgo?

4. ¿Por qué no se verifica la planimetría y se sanciona las irregularidades?

5. ¿Por qué no se fiscaliza de oficio (antes de los desastres) el uso de suelos?

6. ¿Por qué la Alcaldía provee de calles y servicios a barrios construidos ilegalmente?

Da ira que los gobiernos municipales no actúen con vigor para prohibir drásticamente asentamientos en zonas de riesgo. Me subleva que sigan otorgando autorizaciones “excepcionales” contra las normas, o modificando las normas para beneficiar a los especuladores de la construcción que blanquean dinero en efectivo proveniente del narco y del contrabando. 

Durante el feriado de Semana Santa, Pablo Solón denunció, con fotos, que maquinaria pasada estaba aplanando cerros y haciendo movimiento de tierras en la parte alta de Sopocachi. La Alcaldía “notificó” y ordenó parar los trabajos, como siempre hace, pero luego no pasa nada y los avasalladores siguen provocando desastres, derribando árboles y aplanando terrenos.

Las denuncias a la Alcaldía no sirven para un carajo (para decirlo científicamente). Siete meses tardaron en responder a una demanda de los vecinos de la calle 10 de Calacoto por construcciones fuera de norma. Y cuando lo hicieron, resulta que los perpetradores tenían autorizaciones de la misma Alcaldía para construir más pisos, para no respetar el retiro, el número de parqueos y otras normas. 

Esta suerte de complicidad con loteadores y especuladores de la burbuja inmobiliaria terminará por destruir nuestra frágil ciudad aunque sigan pintando graditas y adornando parques.
 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta 

Confidencial

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