Alfonso Gumucio Dagron

Curva peligrosa

sábado, 29 de junio de 2019 · 00:11

Las semanas recientes han revelado las tretas poco éticas y el oportunismo político de Edwin Saavedra, dueño de Toyosa y de la Curva de Holguín (entre otras que habría que investigar). Este es un personaje que con mañas ha doblado el brazo a varios gobiernos municipales, y ha establecido una relación cercana con el régimen de Evo Morales (al más alto nivel: García Linera y familia), al extremo de que Erick Saavedra, hijo del empresario y sin trayectoria diplomática, fue nombrado Embajador en Japón (para facilitar sus negocios). 

En 1950 la ciudad acababa en San Jorge, y fue un hombre de negocios peruano, Manuel Holguín, quien se aventuró a levantar a las orillas del Choqueyapu una pequeña cabaña y años después una casa, rodeada de chacras de “los obrajes”. Manuel y María Rosa, su esposa ecuatoriana, cultivaron jardines y construyeron una enorme casa de muñecas para Sambita, su hija.

Varias volteretas poco transparentes hicieron que Saavedra se apropiara del terreno ahora tan codiciado de la Curva de Holguín. La cronología de tráfico de influencias se va enriqueciendo a medida que pasan los días y salpica al propio alcalde Luis Revilla, lo que dice mucho de la habilidad manipuladora de Saavedra para meterse en el bolsillo no solamente a la máxima dirigencia del gobierno masista, sino también a un alcalde de oposición, lo cual lamento más.

Incluso “Rocha, el Breve”, alcalde masista que hizo mucho daño en muy poco tiempo, reveló que Saavedra le había ofrecido 50.000 dólares para cambiar el uso de suelos de la Curva de Holguín.  Quizás Rocha esperaba una mejor oferta; porque otro masista, el concejal Silva, aprovechó su breve interinato en la Presidencia del Concejo Municipal en 2016 para autorizar el cambio de uso de suelos y regalarle así más superficie a Saavedra.

Hasta donde se ha desenrollado el ovillo, sabemos que los actos irregulares que permitieron apropiarse de los terrenos municipales de la Curva de Holguín comenzaron con el alcalde Germán Monroy Chazarreta. Recordemos que a ese pillo la Policía lo halló escondido en un ropero y luego fue sentenciado a seis años de cárcel (pero ofreció su apoyo al “proceso de cambio”). 

No todos los alcaldes de La Paz han sido corruptos, por suerte. Uno de los que frenó las ilegalidades fue Ronald MacLean, quien recuerda que Saavedra construyó una casa en La Florida (para su mala suerte a media cuadra de MacLean) y se excedió en el cumplimiento del permiso municipal, y su norma, aumentando ilegalmente un piso a la construcción. MacLean ordenó la demolición del piso excedentario, luego de una larga lucha para obligar a Saavedra a cumplir con la norma.

Edwin Saavedra ha estado muchas veces involucrado en trámites ilegales. A principios de la década de 1990 se alió con el concejal Chito Valle (otro que está o ha estado preso por corrupción) y durante esa gestión se autorizó rebanar y aplanar el cerro Rosasani de la Curva de Holguín. Cuando MacLean regresó como Alcalde en 1996, paralizó las obras, pero el cerro ya había sido decapitado.

 Ese fue un hecho contrario a toda norma municipal. “Fuera del enorme daño estético y ecológico, los cerros en La Paz cumplen el papel de biombos naturales que mitigan el viento y guarnecen los pequeños valles agrícolas de las inmediaciones. El derrumbe de ese cerro ha dejado una horrible cicatriz a Obrajes y a La Paz”, afirma Ronald MacLean.

Saavedra se ha asociado con jerarcas del MAS y ha consolidado la propiedad con la instalación del teleférico en terrenos usurpados del municipio y los paceños. El origen propietario de esa curva es espurio. Al final, la Alcaldía se derrota a sí misma por no tener los pantalones bien puestos. 

La verdad está saliendo con tirabuzón y explica la tenaz resistencia del alcalde Luis Revilla de investigar el caso Saavedra: Maricruz Medrano, esposa de Siñani, trabajó para Saavedra  hasta mayo de 2019, en flagrante conflicto de intereses. No se entendía hasta ahora el empecinamiento de Revilla para defender al socio de García Linera, en lugar de liderar una investigación transparente que se remonte al año en que esa propiedad municipal fue transferida a manos privadas. 

Si Revilla quiere salvar su futuro político, tiene que revertir esos terrenos a propiedad municipal. Si no lo hace, está perdido.  Puede recuperarse de los deplorables accidentes de Alpacoma y de Llojeta, que empañan una buena gestión municipal, pero de la “curva peligrosa” de Holguín no podrá salvarse si no toma una posición radical de recuperación de un bien público. El problema de Revilla es que no ha sabido diferenciar entre sus amigos y quienes le hacen pisar trampas. 

Ahora puedo titular así este comentario porque la curva de Holguín se ha convertido en pocas semanas (desde mi nota “Curva apetecible”), en una montaña rusa sin frenos. Basta de trampas y complicidades. Sería un gran regalo del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz anunciar durante las fiestas de julio que se avecinan la recuperación de esos terrenos para convertir la Curva de Holguín en un hermoso parque. Hay argumentos de sobra y la ciudad se lo merece.
 

 

 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.  
 

 

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