Alfonso Gumucio Dagron

Tan malaventura

sábado, 13 de julio de 2019 · 00:11

Gracias a estos 14 años de proceso de improvisación y arbitrariedades, los costos que tendrán que pagar futuras generaciones son muy altos. Los gigantescos caprichos presidenciales destinados a sumar votos le van a costar a Bolivia “sangre, sudor y lágrimas”, como dijo durante la Segunda Guerra Mundial Churchill (quien sin duda no tenía idea de dónde situar a nuestro país en un mapa). 

No se necesita ser economista para entender lo básico, pero tenemos un presidente que precisamente no entiende lo básico y el resultado de las cosas que hace y ordena hacer es catastrófico. Para decirlo científicamente: es un irresponsable que se ha mantenido catorce años en el poder con mentiras, demagogia y zalamería de sus acólitos.

Cada “proyecto” de Evo Morales es una pieza del engranaje propagandístico en el que ha sumido al país, pero algunas de las tuercas de ese engranaje mal aceitado le cuestan a los bolivianos más que otras. 

En la gestión de Morales y la patota que lo rodea (que saca tajadas del gasto público), hay pequeños fracasos y grandes fracasos.

 

 Los “pequeños” igual le cuestan al contribuyente: escuelas sin estudiantes, postas sanitarias sin personal, caminos vacíos porque no eran necesarios, casas de vivienda social que nadie quiere ocupar... 

Los “grandes” fracasos son bien conocidos: aeropuertos mal diseñados y sobredimensionados, carreteras carísimas que se deterioran en pocos meses porque fueron mal construidas, museos y palacios innecesarios, un satélite y un teleférico insostenibles económicamente, etcétera. Si hiciéramos la lista, faltarían páginas en el cuerpo de este diario. 

Entre los elefantes blancos denunciados desde que eran chiquitos y apenas podían caminar tambaleándose  está el mamut de San Buenaventura (Eabsa), industria de azúcar que no tiene caña para funcionar, mal diseñada, mal pensada, y en mal momento. Una malaventura que en ocho años registra un patrimonio negativo de 257,7 millones de bolivianos. Hasta el momento el Gobierno central ha transferido a Eabsa la friolera de 1.832 millones de bolivianos. No termina allí: en marzo de 2019 Eabsa pidió 495 millones de bolivianos. adicionales para los próximos cuatro años.  

Mal diseñada porque el clima es demasiado húmedo para que la caña que recién se empieza a cultivar tenga el contenido de sacarosa necesario. Los suelos son de baja fertilidad y productividad, y la extensión de la frontera agrícola tendría un impacto ambiental desastroso, como demuestra el estudio científico de Ronald Vargas Rojas. 

Mal pensada porque no se puede mantener funcionando un ingenio sin tener materia prima disponible. Por eso no se encuentra azúcar de San Buenaventura en ningún comercio. Es virtualmente inexistente. Para la inauguración con Evo Morales tuvieron que prestarse unas cuantas bolsas (si no, el jefazo hacía un gran berrinche). 

Mal momento, porque no necesitamos más azúcar. El mercado nacional está saturado y la tendencia mundial es que el consumo de azúcar tiende a reducirse porque los hábitos alimenticios están cambiando y los consumidores saben que el azúcar es dañina para la salud: incrementa el riesgo de diabetes y de obesidad al elevar los triglicéridos y la glucemia en sangre. En cambio, crece el consumo de estevia y de otros edulcorantes naturales que no son tan dañinos. La gente consume menos azúcar, se cuida. 

San Buenaventura podría llamarse “tal malaventura”, porque al igual que otros elefantes blancos que son producto del capricho de Evo Morales, no sólo constituye un fracaso económico y un gasto desproporcionado, sino porque sus daños colaterales sobre la salud y en los suelos de las plantaciones de caña son enormes. Es azúcar amarga.

 

@Alfonso Gumucio es escritor y cineasta.
 

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