Alfonso Gumucio Dagron

Cría cuervos

sábado, 28 de noviembre de 2020 · 00:11

Dice el dicho: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. En la política boliviana puede aplicarse con holgura. 

Es lo que está sucediendo en el interior de esa masa amorfa que compró la sigla falangista Movimiento al Socialismo (MAS) para entrar en la política de este siglo, y es un ejemplo de lo que ocurre luego de casi tres lustros de desgobierno, donde, por una parte, regía el absolutismo de un cacique que se hacía amarrar los cordones de los zapatos, y, por otra, una licencia tácita que disparó el contrabando y el narcotráfico para crear la sensación de “hay plata, estamos bien”. 

El heredero de esa era oscura no es un delfín sino un cuervo: fue criado durante 14 años como responsable del manejo de la bonanza económica. La propaganda oficial lo presenta como el autor de la estabilidad, mientras colapsaba la industria nacional y el país perdía millones por el contrabando, debido al espejismo de un dólar anclado en siete Bolivianos. La historia pondrá en su lugar al responsable de haber convertido el oro en latón. 

El efecto de esos 14 años se sentirá durante otros 14 años, por lo menos. Pero las consecuencias políticas dentro del movimiento político que gobierna ya se están sintiendo: los cuervos se están arrancando los ojos. La concepción de que el Estado es un botín impera en la mentalidad masista en todos los niveles. En el partido que gobierna hay una bomba de tiempo que podría implosionar. 

Por mucho que el flamante Presidente quiera lavarse la cara y presentar una máscara nueva de tecnócrata preocupado por la suerte económica del país, está rodeado de miles de militantes que exigen cuotas y no dudan en enfrentarse entre ellos mismos en disputa por la escalera que sube a los puestos de poder. “Aunque sea me consigues un puestito de portera”, se escucha en la grabación filtrada de la conversación telefónica de una exfuncionaria del MAS.

La confrontación entre azules no tiene que ver con corrientes ideológicas ni principios. Una nueva ola de masistas, germinada en la nueva burguesía chola durante el largo periodo de autoritarismo, reclama su derecho a una tajada de la torta del poder.

El mismo día de la posesión del primer gabinete de ministros nombrado por el nuevo presidente Luis Arce Catacora, empezó la disputa por pegas dentro del  MAS. 

El Movimiento Al Socialismo de la ciudad de El Alto manifestó su desacuerdo por la conformación del gabinete de Arce. Un dirigente amenazó que exigirán el carnet de militancia a las nuevas autoridades, ya que se pretende “sacar a las manzanas podridas” de las filas del partido de gobierno. 

Cada “movimiento social” exigía cuatro o cinco ministerios, al extremo de que el propio Presidente electo declaró que necesitaría medio centenar de ministerios para satisfacer a todos. Ahora que ya han sido repartidos, los militantes masistas están enfrascados en la pelea por otros puestos: embajadas, viceministerios, direcciones y candidaturas para las elecciones subnacionales, que están a la vuelta de la esquina. 

Los grupos de poder están divididos en tres corrientes lideradas por personajes del anterior gobierno: la figura tutelar, Evo Morales, será la piedra en el zapato de Arce Catacora, que tiene sus propios seguidores, pero también está David Choquehuanca con su discurso místico-originario. A García Linera no le quedó más que seguir pegado como lapa a Morales, pues no tiene futuro político propio.  

Cuatro cosas tienen en común las tres tendencias de la militancia azul: la angurria por el poder, la falta de ética, el odio revanchista y la ausencia de ideología. Lo demás es puro discurso hueco. 

El discurso anti-imperialista que reivindica un falso relato de izquierda que se vende bien, no hace sino esconder bajo un barniz “políticamente correcto” la naturaleza violenta del movimiento azul que ha regresado más sediento de poder que antes.
 

 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.
 

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