Alfonso Gumucio Dagron

El gris

sábado, 30 de octubre de 2021 · 05:11

No entiende la expresión “otra cosa es con guitarra”.  Tomó la frase literalmente y creyó que llegó al gobierno para guitarrear. No tiene ni objetivos claros ni una política de desarrollo. Todo sucede al paso, con parches y sin planificación, mientras él se desplaza por el país como sonámbulo, bailando una cueca por allá y cantando ante una audiencia cautiva la canción de los exiliados (él, que se acomodó con todos los gobiernos).

Aunque vista de rojo para mimetizarse con los residuos del PS1, sigue siendo gris. Aunque reclame la memoria de Marcelo Quiroga Santa Cruz y pretenda recordar jornadas de lucha que nunca vivió, es un burócrata gris que hizo carrera en gobiernos neoliberales, militares y autoritarios, y que gracias al alza de los precios internacionales y a la bonanza económica de 2005-2015, se colgó el rótulo de economista milagrero. Dilapidó la mayor riqueza que haya recibido otro gobierno de la historia republicana, y dejó al Estado con empresas públicas quebradas y deudas millonarias. Pero hay justicia poética: ahora le toca bailar con la loca, es decir, con el desastre económico que él mismo creó, agravado por la pandemia que no sabe manejar.

Por mucho que repita como mantra, que “la culpa la tiene Añez”, no puede cambiar la historia. El cojo le echa la culpa al empedrado, pero ya nadie cree en las excusas de quien fue responsable de la economía durante 14 años y dejó a la deriva el sector de salud y de educación. Con tantos recursos y tanto tiempo en el poder, hasta el gobierno más incapaz hubiera invertido en el futuro, pero el MAS no lo hizo, solo malversó la riqueza que le tocó sin mérito propio.

Hoy, su gobierno es un remolino de aguas negras, y él un inepto que no toma decisiones. Carece de liderazgo y de estrategia para combatir la pandemia. Por ello Bolivia es el país de América del Sur con menor porcentaje de vacunación completa: apenas llegó a 30% esta semana, solo está peor Venezuela, y Paraguay. Todos nuestros vecinos nos superan: Chile (76%), Perú (45%), Brasil (53%), Colombia (40%), Argentina (56%), Ecuador (56%), Uruguay (70%).

Sin embargo, el hombre gris se gasta una gran bocota, con un alto costo para Bolivia. A fines de febrero prometió que en septiembre todos estarían completamente vacunados, pero ahora que termina octubre, estamos lejos. El anuncio de febrero era pura demagogia a diez días de la segunda vuelta en las subnacionales. En esas mismas fechas lanzó la “vacunación masiva”, cuando en realidad solo había en el país 25 mil dosis de vacunas rusas que se prestó de Argentina.

La semana anterior a las elecciones gastó muchas horas de vuelo (eso costó más que las vacunas) para fotografiarse en todo el país con el personal de salud que recibió los primeros pinchazos, pero no dijo que las dosis no alcanzaban siquiera para el personal de primera línea. Sabemos lo que vino después: un desastre sanitario. El hombre gris siguió en plan de demagogo, haciéndose filmar con el puño en alto cada vez que llegaban vacunas, pero ahora está presionando para colocar la “tercera dosis” antes del domingo 31, la fecha de vencimiento.

Hizo administrar la vacuna AstraZeneca 60 días después de completar la segunda dosis, cuando en el resto del mundo el refuerzo solo se coloca cinco o seis meses más tarde (según recomienda el propio fabricante). Más aún, la profesora Sarah Gilbert, de la Universidad de Oxford, quien participó en la creación de la vacuna, declaró que no era necesaria una tercera dosis porque las dos primeras daban protección suficiente. Se vacuna de nuevo a los ya vacunados, para que no se note la pésima gestión y la ausencia de una estrategia, como la tienen otros países.

Además de gris es miedoso, incapaz de enfrentar una conferencia de prensa abierta a todos.  Solo habla a los medios que controla, para evitar preguntas incómodas. Por eso prefiere, como su jefe, viajar todos los días para inaugurar obras de alcalde en cualquier rincón del país, gastando en viajes más de lo que cuestan esas obras.

Este hombre gris es incapaz de producir una idea que sorprenda o una frase que la historia pueda registrar. Solo ejerce el poder por procuración y por tiempo limitado. El verdadero dueño es el “jefazo”, que nombra embajadores, responde al Parlamento Europeo, hace visitas oficiales a Perú o a México, o se inventa el ridículo “Runasur” con los despojos del “Socialismo del Siglo XXI”.

Ni una legión de guerreros digitales, mercenarios que apenas saben escribir, logra hacer menos opaca la imagen del hombre gris.

 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.

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