Alfonso Gumucio Dagron

El bueno, el malo y el feo

sábado, 21 de agosto de 2021 · 05:11

Como en la película italiana de Sergio Leone, la política boliviana tiene en el MAS actores que interpretan papeles distintos, como estrategia para prolongarse indefinidamente en el poder.

El bueno sería Choquehuanca, con sus discursos de reconciliación y abrazos. El malo es interpretado por Arce Catacora, cuyo caballito de batalla es un “golpe” inexistente para justificar su incapacidad. Y el feo es Evo Morales, el fantasma que se yergue entre los dos anteriores, del que ambos deberían desconfiar porque en cualquier momento les va a serruchar el piso.

Claro que esta es una ficción, porque ni el “bueno” es bueno, ni el “malo” es malo, ni el “feo”… uy, este sí que es feo, por dentro y por fuera.

El “bueno” interpreta un papel cuyo objetivo es darle a la gente esperanza de un MAS que se asuma en el futuro como un gobierno para todos, pero son solamente palabras que sirven para engañar incluso a algunos ingenuos candorosos de la oposición y crear expectativas en la población general.

La realidad: en sus acciones concretas Choquehuanca ha demostrado que no es para nada conciliador: siempre ha agitado la bandera del resentimiento social comportándose él mismo como racista aimara de cara a la mayoría mestiza de la población. Choquehuanca juega el papel de “bueno” en la película, pero su trayectoria en el mundo real lo contradice. Hay una frase de Jung que lo desnuda: “Eres aquello que haces, no aquello que dices que harás”.

Arce se esfuerza por ser el “malo” de la película, pero es un tecnócrata pusilánime sin ningún atributo político ni fuerza de convicción. El no-presidente no tiene autoridad moral, entonces intenta instalar un discurso belicoso y confrontacional “for export”, a través del que quiere proyectar la imagen de un estadista autoritario a la manera de Ortega en Nicaragua o Maduro en Venezuela, pero le faltan pantalones (como reza la expresión popular machista).

La realidad: tampoco lo acompaña la situación económica del país, como antes sucedió cuando era ministro de Economía y Finanzas. De hecho, fue elegido con una votación mayor que la que podía obtener Evo Morales, porque para la población menos informada (que es la mayoría), aún proyectaba la imagen de un milagro económico que nunca existió, porque el “milagro” fue producto del contexto internacional y no de sus acciones. Más aún, su gestión consistió en dilapidar diez años de bonanza (2005-2015) y endeudar al país, sin dejar bases para un desarrollo económico y social que acabe con la dependencia de los recursos no renovables.

Entonces, Arce es un malo de sainete, que se esfuerza por hablar como político de plaza y no le sale, hace ademanes vigorosos con el puño en alto pero no intimida, no convence como “malo” porque es un pésimo actor en la película.

En cuanto al “feo”, se pone cada vez más feo por tratarse de un personaje torcido, chueco, mentiroso, ladino y malicioso, que asusta por su aspecto y por sus acciones arteras que producen desconfianza en propios y ajenos. De los tres, es quien mejor interpreta su papel, como esos actores que por su físico son siempre caracterizados en los mismos roles a lo largo de su carrera. Morales siempre será un feo del alma en el casting de producción.

Todos están en la misma bolsa de gatos, porque ninguno se desmarca del otro, y ninguno reconoce públicamente que hubo fraude, violaciones de la Constitución y de las leyes, avasallamiento de los derechos humanos, dilapidación de recursos y endeudamiento, más narcotráfico y contrabando salvaje, además de daños irreversibles a la madre naturaleza de la que hablan demagógicamente elevando las palmas o haciendo reverencias y ritos teatrales. Reconocerlo, sería admitir culpabilidad por 14 años de mal gobierno, de los que precisamente esos tres actores son los principales responsables y cómplices.

@AlfonsoGumucio  es escritor y cineasta.

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