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¿Qué cumplió y qué no el masismo en 10 años?

domingo, 31 de enero de 2016 · 00:00
Un periodo de gobierno se mide entre lo que se prometió y se cumplió. Y una década es por demás para evaluar a un gobierno que tomó el poder con el mayor respaldo popular de la era democrática, más que por virtudes propias por la decadencia de los partidos tradicionales. ¿Cuánto de lo que prometió cumplió el MAS?  

¿Recuperó los recursos naturales? El gas Sí, pero no los recursos mineros. Escuchó el sentimiento popular de la "nacionalización” y procedió sobre la base de una ley aprobada por Hormando Vaca Díez, un neoliberal, en lenguaje del masismo. Pero no tuvo la misma suerte la minería. Datos del CEDIB indican que la actividad minera tiene cerca de dos millones de hectáreas consecionadas, de las cuales un poco más de un millón están en manos de transnacionales y que en 2012 el país exportó  3.690 millones de dólares y las regalías apenas sumaron  138 millones, menos del 5%.

¿Bajó la pobreza? Sí, según cifras oficiales, alrededor de un millón de personas salieron de la pobreza y subieron a la clase media, gracias a bonos, subsidios y el buen momento económico. Pero aún suena en mi cabeza la advertencia de Oxfam: salieron de la pobreza económica, pero no de la estructural, lo que significa que por ahora tienen platita, pero no tienen el futuro garantizado y una crisis los puede devolver al pozo de donde salieron.

¿Bajó la corrupción? No. Paradójicamente, hay un Ministerio de Transparencia y unos hechos de corrupción obscenos por la forma cómo se produjeron, desde el caso Catler pasando por las barcazas chinas y el descomunal robo en el Fondo Indígena, de donde, según cálculos extraoficiales, militantes masistas, considerados como la "reserva moral de la humanidad”, se llevaron un botín de más de mil millones de bolivianos. Sí, robaron el futuro de sus hermanos pobres.

¿Hay protección a la Pachamama? No. Sólo en papeles y discursos: Derechos de la Madre Tierra y dos megalómanos Tiquipayanazos. Pero los hechos demuestran lo contrario: invasión a los parques naturales y su apertura a petroleras, ampliación de la frontera agrícola en favor de la agroindustria, contaminación minera de ríos, la lenta y cancerosa construcción de la carretera por medio del TIPNIS. La arenga evista: "Planeta o muerte”, recibió como respuesta: muerte (firmado, lago Poopó).

¿Salimos de la economía extractiva? No. Se profundizó más, organismos internacionales y nacionales coinciden que Bolivia es ahora más dependiente de las materias primas, incluso hasta en un 90%. Sin embargo, hubo un buen manejo de la  macroeconomía, coinciden en coro. Parafraseando a Marcelo Quiroga Santa Cruz, nos estamos comiendo el pan de mañana, en tanto el gobierno ofrece nuestros recursos en el mismo corazón del capitalismo: EEUU.

¿Hubo industrialización? NO. Si casi el 90% de la economía depende de las materias primas, imposible.

¿Hay más democracia? Sí y No. Respira la democracia económica porque hubo una mejor redistribución de los excedentes, vía bonos y subsidios. Pero la democracia oscila entre bienes materiales y espirituales, entre estos últimos el derecho al disenso y ser elegido en igualdad de condiciones. La reelección parece democrática, pero en realidad tiene un tufo monárquico y dictatorial porque solo reyes y dictadores se niegan a cumplir las reglas acordadas apelando al pueblo.  

¿Somos socialistas? No. Hay mayor presencia del Estado en la economía y relativo control de algunos sectores del mercado, pero Bolivia no dejó de ser capitalista y el mercado sigue gobernando.

¿Hay un Estado Plurinacional? No. Hay un Estado binacional (quechuas y aymaras), donde más de una veintena de naciones indígenas están en etapa de extinción y no hay indicios de vida de la justicia indígena.

¿Hay vivir bien? No. Hasta ahora, en el mismo gobierno no entendieron este término.

¿Cambió la justicia? No. Está peor.

¿Hay institucionalización? No. Y… ¿el narcotráfico? Hay una dura pelea contra este mal, pero el 94% de la coca del Chapare (según la ONU), base política de Evo Morales, sigue alimentándolo.

Si no hubiera sido por la economía, los 10 años de gobierno del masismo hubieran sido un absoluto fracaso.  

Andrés Gómez Vela es periodista.

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