Tinku verbal

El izquierdista de hoy

domingo, 26 de junio de 2016 · 00:00
La marca del izquierdista de hoy es la coherencia entre lo que predica y practica. Y como primera acción, interdice la violencia, la exclusión y la discriminación por razones ideológicas. Es inconcebible un izquierdista que instigue al odio, como aquél de los años 60, 70 y 80, que promovía el desprecio al burgués, al liberal, al homosexual, al crítico y apreciaba al disciplinado adulador. Desarrolló esa práctica porque creció en un contexto de dictadura y persecución; y la mejor forma de defenderse era pagar con la misma moneda. El izquierdista que creció en democracia, con todos los defectos de ésta, no tiene razones para ser odiador, salvo que tenga complejos patológicos. 
 
Sin embargo, aún respiran esos "izquierdistas” que detestan al burgués, al liberal, al humanista, al crítico y aprecian al militante silencioso. Sus mayores exponentes de este tiempo están entre los "socialistas del Siglo XXI”. Como pruebas algunos botones:
 
Violan la Constitución para habilitar a su jefe a otra elección y esperan aplausos y panegíricos. Si los criticas, te descalifican con palabras que de tanto repetirlas quedaron hueras: derechista, neoliberal, vendepatria. Es un delito pedirles respeto a la Constitución que aprobamos para limitar todo tipo de poder y evitar el nacimiento de cualquier dictadura disfrazada de democracia.
 
Esa "izquierda” te convierte en enemigo con tres spots de Tv, si te animas a denunciar corrupción y te exige encubrir, así haya pruebas, en nombre de la "revolución”. Si sientes arcadas por esa acción, otra vez: derechista, imperialista.
 
Exige convertir sus mentiras en "verdades”, así estés convencido de que es una falsedad, te emplaza a transformar la apariencia en real. Si desnudas la mentira, eres un traidor neoliberal.
 
Alaba al intolerante estólido que muerde a todo aquel que piensa diferente, a tal punto que en su pequeña mente no es posible que tengas amistades de  pensamiento opuesto; un poco más y elige a tu pareja por ideología. Y cuando preguntas ¿cómo se explica la democracia sin diversidad y pluralismo? Te llueven los mismos epítetos: derechista, imperialista, colonialista.
 
Te emplaza a atentar contra las reglas de la democracia, la madre que la tuvo en su vientre y le dio de mamar para tomar el poder. Cuando explicas que la democracia no sólo es voto y mayoría, sino también reglas consensuadas, entre ellas aceptar los resultados de un referendo, así hayas perdido por un voto, otra vez su bala verbal favorita: derechista… 
 
Quiere que endioses a un mortal que ocupa circunstancialmente un cargo. Cuando argumentas que deificar es despreciar la inteligencia, burlarse de la ética social, desenfunda un nuevo insulto: resentido. Y si insistes que una revolución que depende de una persona no es revolución, te acuchillan con una palabra de goma: antipatria.
 
Desea obligarte a apologizar la persecución al diferente, que saludes una conducta autoritaria y des por bien hecho el encarcelamiento de un inocente sólo porque es de derecha o porque expresa lo que piensa. Cuando reclamas que los derechos humanos y la justicia son para todos, replican: ¡Qué sabe un neoliberal de derechos humanos (¡Wua! ¿Acaso los comunistas inventaron los derechos humanos?).
 
Esa "izquierda” preconiza el transfugio al recibirlos con brazos abiertos a racistas y terroristas para reproducirse en el poder. Pero, si los librepensantes dejan sus filas asqueados de sus incoherencias, lo investigan hasta sus tiempos bíblicos para luego lapidarlos mediáticamente por alguna falta. Convierte por interés a sus enemigos en amigos; y, por miedo, a sus amigos en enemigos.   
 
Es capaz de llevar a un pueblo a una guerra civil, enfrentar al hermano contra el hermano, cultivar el fanatismo y la demagogia para eternizarse en el poder. Es capaz de hundir tu futuro y culparte.  Capaz de matar de hambre a su pueblo y dinamitar la democracia, como Maduro. Capaz de calumniar a cualquier ciudadano y salir al día siguiente en una rueda de prensa sin sonrojarse por su mentira.
 
El izquierdista de hoy es coherente entre lo que dice y hace, entonces edifica un Estado para resolver en justicia los problemas de todos y no para descargar sus broncas, complejos y frustraciones personales o de grupo. 

Andrés Gómez Vela es periodista.

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