Tinku verbal

Por nuestras hijas: Ana, Sara, Varinia…

domingo, 10 de julio de 2016 · 00:00

Ana Medina, afroboliviana, tenía 21 años. Reynaldo Rojas, su marido, la roció de gasolina y le prendió fuego mientras dormía, la madrugada del 20 de junio. Las llamas quemaron el 70 % del cuerpo de la joven, que permaneció internada en un hospital durante 15 días. Vanos fueron los esfuerzos médicos, murió el pasado 3 de julio. Ana era nuestra hija. ¡El cabrón del Reynaldo también! Sabemos tú y yo que esa pasión arrebatadora, llamada ira, transforma al ser humano en auténtica fiera. Nos ciega, nos estupidiza y nos convierte en seres capaces de matar, aunque el quinto mandamiento lo prohiba. Pero ni Dios se salvó de la ira. "Si una joven se casa con un hombre y resulta que no es virgen, la apedrearás hasta que muera”, dice un encolerizado Dios en la Biblia, en el Deuteronomio, donde también ordena matar a sus hijos que sirven a otros dioses. En su y por su nombre murieron millones.

Sara tiene 44 años y cuatro hijos, vendía papa en Quillacollo, narra el periódico Opinión. Nicanor H. era su pareja. Ella creyó que podía rehacer su vida con él. Un día del 2015 decidió terminar esa relación. El 30 de agosto del año pasado, el hombre la citó en Colcapirhua para conversar sobre su última decisión. La llevó a una habitación, donde la golpeó, la vejó e intentó matarla, echándole ácido a su rostro, pecho y brazos; luego, el cobarde se fugó.

Sara permaneció internada durante meses en el Hospital Viedma. Su rostro quedó desfigurado. El ácido le quemó los párpados y ulceró las córneas y puede perder su vista. Ahora está en un hospital de Argentina y ha perdido las ganas de vivir. ¡Hay que ser muy mierda para hacer algo así a alguien de tu misma especie! Sara es nuestra hija. El carajo del Nicanor también. La ira religiosa y la afectiva son las más peligrosas. Matan o se hacen matar con la felicidad del deber cumplido, escribió el filósofo español Fernando Savater.

Varinia Buitrago tenía 21 años. Desapareció el 20 de enero de este año y fue encontrada estrangulada el 22 del mismo mes. Había roto con su pareja, Katherine Cortez, principal sospechosa del crimen.

Varinia es hija nuestra. ¡La boluda de la Katherine también! La ira es un defecto de la especie. El neurólogo y periodista argentino Nelson Alberto Castro subraya: "La ira es totalmente fisiológica porque el organismo responde con una carga de adrenalina.

¿Cómo no va a haber ira si el cuerpo humano está preparado para eso? Psicológicamente es una reacción a algo que te afecta, te altera o hace daño. El problema es cuando la ira no es una reacción, sino una norma de vida”. La ira es temporal, pero cuando se convierte en una norma de vida, hay un apetito de venganza, en ese momento, debemos asustarnos, más si esa ira se apodera de niveles de gobierno, porque desde ahí viene la ira razonada y ésta es letal contra la sociedad, porque cree que todo lo malo que hace está bien.

A esa ira se refiere el filósofo y economista español Luis de Sebastián cuando habla de muerte indirecta y directa. "Todos los días más de 10.000 niños mueren en el mundo de causas relacionadas con la desnutrición. A esos niños los mata el hambre, dirán algunos. Pero ¿quién es el responsable de esas muertes?”, reflexiona.

¿Quién mata a las mujeres? Reynaldo, Nicanor, Katherine, dirán. Pero, ¿quiénes deberían protegerlas cumpliendo la disposición de abrir, por ejemplo, centros de acogida y facilitándoles formación y autonomía económica? Los asesinos matan por acción y algunos gobernantes, por omisión.

Cada vez que escuchamos o leemos estas noticias crece también nuestra ira. El mal jamás se extinguirá, pero podemos combatirlo indignándonos contra los que deben hacer cumplir las leyes y hasta vencernos a nosotros mismos como sociedad con valores en decadencia, donde la vida vale menos que el poder. Es inaceptable que muera una más de nuestras hijas. Es inaceptable que la ira razonada actúe desde cualquier tipo de poder encarcelando inocentes sólo por acumular más poder.

Debemos emputarnos para no cargar de por vida las pesadas palabras de José Ortega y Gasset: "El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar”.

Andrés Gómez Vela es periodista.

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