Tinku verbal

Si yo fuera minibusero…

Por 
domingo, 11 de febrero de 2018 · 00:04

La tarde del sábado 3 de febrero, entre las 16:05 y 16:40  horas, conté en la plaza Murillo siete minibuses que tenían un destino registrado en su luminaria azul: Puente Topáter. A cada chofer pregunté si iba al destino señalado, los siete respondieron que no. Y cuando repliqué tu letrero dice que sí,  me respondieron con una risita sarcástica o una mirada de acero. 


 Debía abordar sin preguntar, ¿verdad?, porque un anuncio público se constituye en un contrato de hecho entre el pasajero y el “minibusero”. Pero en La Paz no es así, la luminaria puede ir por un lado y el conductor por otro. Ya me pasó una vez, subí sin preguntar confiado en lo escrito y el conductor me dejó lejos de mi destino con la excusa de que no podía ir hasta el lugar con un solo pasajero; al menos me devolvió mis dos bolivianos, pero me hizo perder tiempo y paciencia.


 Cuando me pasan estas cosas, me pregunto: ¿cómo actuaría yo si fuera minibusero? 


 Lo primero que haría es asumir cada día que tengo para el chairo y las marraquetas de mi familia gracias a los pasajeros; sin ellos, mis días serían “yescas” y no tendría ni para una chela, menos para ch’allar en Carnaval y bailar en otras fiestas. 


 Entonces, trataría a mis pasajeros como clientes inagotables y fuentes de vida, evitaría tocar bocina para cuidar su salud, me preocuparía por su comodidad; y si alguno me dijera que quiere “aprovechar” un ángulo de esquinas para quedarse, le pediría amablemente: “por favor, déjeme garantizar su seguridad, pararé donde usted podrá bajar tranquilamente y sin armar trancaderas”. 


 Sé que hay malos pasajeros y es probable que uno o dos me gritarían: ¡déjeme aquí le dije carajo!

Pero si contesto con amabilidad y respeto, estoy seguro de que los otros pasajeros le pondrían en su lugar al malcriado; pero si respondo en el mismo tono, obviamente mis clientes se unirían contra mí. 


 En resumen, si fuera minibusero, dejaría de pensar que hago un favor a mujeres, hombres y niños en llevarles a sus casas, laburos, escuelas o lugares de recreación.      


 En ese sentido consciencial, asumiría que el PumaKatari nació por culpa del mal servicio que dan muchos de mis compañeros que se creen intocables, escudados en las seis asociaciones, una cooperativa y 40 sindicatos de transportistas que hay en La Paz. 


Para evitar que se multipliquen los “pumas”, visitaría la Secretaría de Movilidad y Transporte de la Alcaldía de La Paz con el fin de saber bajo qué criterios fueron definidas las 540 rutas, de las cuales 288 corresponden a los minibuses; 51, a microbuses; 19, a buses; 86, a carrys; y 96, a trufis. 


 Sugeriría a mis dirigentes acordar con la Alcaldía las rutas de los PumaKatari para no pisarnos las mangueras y más bien complementarnos. Finalmente, ellos apenas son 141 buses y circulan solo por seis rutas; aunque lleguen 100 nuevos más, y no solo los 72 “pumitas” anunciados, no cubren ni el 1% de las 540 rutas.


 Advertiría a mi sindicato que si seguimos creyéndonos los dueños de La Paz, nuestros mismos clientes pedirán que se multipliquen los “pumas” como pipocas hasta hacer desaparecer a los 24.574 vehículos privados que hacen el papel de transporte público, de los cuales, 3.272 son trufis; 20.202, minibuses y carrys; y 1.100, micros y buses.


 Si fuera minibusero, diría a mis “cumpas” que no hay peor estrategia política que ponerse en contra de las necesidades y comodidades de nuestro propio pueblo. 


 En consecuencia, no haría paros ni bloqueos, más bien automatizaría la puerta corrediza de mi minibús para que las mujeres embarazadas, niñas y ancianos suban y bajen sin riesgos en bajadas y subidas. Además, al cabo de cada vuelta, limpiaría mi vehículo, le echaría un ambientador y le cascaría mi platito de media mañana o mi merienda de media tarde con la conciencia de haber servido bien. 


 Por supuesto, respetaría las rutas fijadas en la luminaria y preguntaría a mis pasajeros a mitad de camino si quieren escuchar música o noticias. Finalmente, cambiaría a mis dirigentes por tener la cabeza en el siglo pasado y por haberme hecho enfrentar con la gente que me da de comer cada día.

Andrés Gómez Vela es periodista. 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

928
10

Otras Noticias