El Estado social liberal

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domingo, 22 de abril de 2018 · 00:03

Entre 2002 y 2005, el Estado neoliberal periclitó porque no pudo responder a las pasiones, intereses y necesidades de los gobernados. De esa crisis nació el Estado Plurinacional anunciando la muerte del capitalismo, la realización del socialismo y el relanzamiento de la democracia. Doce años después, sucedió todo lo contrario: no abatió el capitalismo, sino la democracia y no realizó el socialismo.

Sin embargo, satisfizo algunas necesidades de grupos sociales excluidos, favoreció los intereses de sus partidarios (como los cocaleros del Chapare) y avivó pasiones negativas de sus seguidores contra la gente crítica. En suma, no construyó un Estado Social y Comunitario, como reza el artículo 1 de la Constitución, sino un Estado paternalista Autoritario, donde un político gobierna por encima de la ley y el voto, y trata a los ciudadanos como idiotas que lo necesitan por siempre porque sin él todo se acabará, incluso el sol y la luna.

El Estado Plurinacional es la careta que oculta la avidez de poder y riqueza de una persona y de los que se benefician de él; no fue ni es un proyecto de profundización de la democracia; y si lo creímos así, en sus primeros años, los resultados hicieron añicos los sueños. 

¡Verdad! Logró sacar a un millón de personas de la pobreza. Pero también es verdad que esas personas están a punto de volver a ser pobres porque los bonos dan de comer bien unos días, pero no toda la vida, menos garantizan educación y salud de calidad. También es cierto que Bolivia ocupa los primeros lugares en el crecimiento económico, pero no es el único; todos crecieron gracias al mercado mundial capitalista y todos bajaron sus niveles de pobreza.  El masismo usa estos logros temporales como propaganda para sacrificar la democracia y perpetuarse en el poder.

¿Qué hacer ante el inevitable fracaso? La historia de las ideas mezcló las cartas otra vez para Bolivia y prendió las luces altas que muestran que más allá del Estado Plurinacional, en mi criterio, hay una salida: el Estado Social Liberal.

Ya sé, la Constitución tiene elementos liberales y el gobierno, mente dogmática, en consecuencia, el país va hacia un sistema estático. El ser humano dio saltos de canguro cuando fomentó la fecundidad de la dialéctica en las ideas. Para ello, necesitó libertad de opinión, escasa en el Estado Plurinacional y sancionada por sus instrumentos coercitivos.

Obviamente, no es viable volver al Estado Mínimo, resucitado por el neoliberalismo en la década del 90 para reducir el poder de los gobernantes y aumentar el de los capitalistas ortodoxos. Pero tampoco es aconsejable sostener un Estado Máximo que abate la democracia para pactar un modus vivendi con el capitalismo más depredador y expoliador y reproducir en el poder a un político hasta el fin de sus días. 

Estoy proponiendo un Estado que intervenga en la deliberación y realización de una justicia distributiva, y que a la vez tenga un límite supremo: la democracia, que es consecuencia histórica del liberalismo. Desde esa perspectiva, este Estado no puede dejar todo el gobierno de la economía al mercado, pero tampoco puede ser un empresario administrando actividades que corresponden a la iniciativa privada, la más indicada para distribuir la riqueza a través del empleo y salario. 

Reitero, no va a ser un Estado mínimo desde el momento que su base política organizativa será la democracia con valores liberales y poliárquico para evitar la concentración de poder. El Estado Social Liberal será laico en materia religiosa y política, lo que significa que no puede identificarse con una confesión religiosa ni concepción filosófica política, de este modo no usará dinero público en propaganda en beneficio de un político.

 Bolivia puede dar a luz a este Estado entre el 2019 y 2020, entonces habrá la posibilidad de firmar un nuevo contrato social entre los representados y los nuevos representantes sobre la coexistencia de las libertades y derechos, la ampliación de las pasiones positivas, el replanteamiento de los intereses de los individuos y grupos sociales y la satisfacción perenne de las necesidades de los pobres (educación de calidad, salud integral y empleo de calidad) para que dejen esa condición no por unos días ni años, sino por siempre, y no gracias a un “mesías”, sino gracias al esfuerzo de ellos mismos y su Estado.  

Andrés Gómez Vela es periodista.   

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