Tinku verbal

Cocaleros vs. cocalero

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domingo, 08 de abril de 2018 · 00:06

Los productores de coca de los Yungas derrotaron el pasado 24 de marzo al Gobierno presidido por un cocalero. Las causas de ese triunfo deben ser analizadas a la luz de una pregunta paradójica: ¿por qué los cocaleros enfrentaron al presidente cocalero? Se supone que tienen los mismos intereses, por tanto deberían seguir unidos.


Esta pelea estaba pasando desapercibida ante los ojos escrutadores del público, pero el ministro Carlos Romero la repuso en la agenda pública el pasado miércoles, cuando presentó un “gracioso organigrama” para ocultar las causas y las consecuencias de la batalla cocaleros vs. cocalero.


La causa principal de la pugna es el destino de la coca. Casi toda la producción yungueña va al consumo tradicional (acullico, mates y ceremonias). En cambio, casi toda la coca del trópico cochabambino va al narcotráfico, según los informes anuales de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).


A partir de esa certeza surgió una interrogante obvia en Yungas y el país: ¿Por qué el Gobierno, presidido por un cocalero, no erradica la coca que casi en su totalidad es desviada al “narco”? Tres hipótesis: 1) porque son sus bases y debe beneficiarlas, 2) porque está de acuerdo con el desvío, 3) porque le importa el poder más que las consecuencias contra Bolivia. 


La otra causa es la aprobación de la Ley General de la Coca (906). Esta norma también generó una pregunta paradójica: ¿Por qué el presidente cocalero promulgó una norma que legaliza la coca que se va al narco? Otras tres hipótesis: 1) porque gobierna para sus bases, 2) porque tiene fe en la industrialización que nunca llega y 3) porque prefiere correr el riesgo de ser catalogado como protector del narcotráfico a perder el poder (ya le dijo el expresidente de Colombia Andrés Pastrana).


La tercera causa es el trato desigual. Aquí, tres preguntas: ¿Por qué el “hermano Presidente” trata de forma desigual a sus hermanos cocaleros? ¿Por qué hay un aeropuerto internacional, planta de urea y posibilidades de expansión de cultivos en una zona donde los productores hacen negocios indirectos con el narcotráfico? ¿Por qué no hay ni una carretera asfaltada en la región donde está la coca destinada al uso tradicional? 


Una sola respuesta: porque los cocaleros del Chapare constituyen el núcleo duro, duro, duro del presidente cocalero que, por sus acciones descritas, confía en ser defendido por aquellos en los días de agonía política, hasta quizá desde fuera de la ley.


La lucha Cocaleros vs. cocalero prueba el carácter corporativo del masismo, a tal punto que el Presidente antepone el interés de su gremio al interés nacional. ¿O hay otra forma de explicarse de por qué legalizó los cultivos de sus bases sabiendo que esa coca hace daño al país, que requiere “oficialmente”  14.705 hectáreas para consumo tradicional (inflando cifras)?


Esperaba una crítica desde el Movimiento Al Socialismo  a esa decisión presidencial; sin embargo, sus diputados y senadores siguieron el ejemplo del “jefe” y sobrepusieron el interés de un grupo al interés de 11 millones de bolivianos. 


La toma de la sede de los cocaleros yungueños (Adepcoca) es la prosecución de esa línea, incluso va más allá: el Gobierno está dispuesto a reprimir a su propio voto duro para cuidar los intereses de su grupo.  


Sí, los cocaleros de los Yungas eran parte del voto duro del mandatario y decidieron romper por las causas señaladas. La represión policial demuestra que el presidente cocalero ya no seduce ni siquiera a su voto duro, por lo que sólo le queda usar el monopolio de la violencia y la persecución judicial. 


Para cambiar esa realidad, el masismo magnifica el discurso que dice: “quieren que se vaya el Presidente por indio (y no porque el pueblo le ordenó el 21F, la Constitución le prohíbe y él se comprometió). Por ahora, aún funciona gracias a pseudoeventos y a la gente con alma racista.  


El triunfo cocalero ante al presidente cocalero no debe pasar desapercibido. Es un adelanto de lo que puede venir si mata la democracia el 22 de enero de 2020. Sólo tendrá de su lado y dispuestos a todo a “sus bases”, salvo que entre estos aparezca uno que se haya cansado de los abusos y decida liberarse.
 
Andrés Gómez Vela es periodista.

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