Tinku verbal

De la derecha su izquierda

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domingo, 13 de mayo de 2018 · 00:02

Hace muchos años, ya no recuerdo cuántos, en un grupo de formación política de universitarios escuché que la misión de todo izquierdista era “liberar al hombre del poder opresivo e injusto como Fidel (Castro) liberó a su pueblo”. Algún espíritu heterodoxo nortepotosino me empujó a preguntar: ¿Y quién nos liberará luego del liberador? ¿Quién liberará al pueblo cubano de Fidel? Un largo silencio radiofónico invadió la sala.     

Mientras dura el silencio, les cuento que en esas reuniones nos inducían a los asistentes a creer que los de la derecha eran malos y los de la izquierda, buenos. Si fuera así, ¿por qué los buenos estaban a la derecha del Padre Dios y los malos, a la izquierda?, reflexionaba mi ser católico y antidogmático.

A ratos creía algo de lo que decían los que se autodefinían como revolucionarios. Pero nunca tuve fe en sus personas y la historia me dio la razón (uso sus términos) porque cuando llegó Gonzalo Sánchez de Lozada a Palacio, algunos de los que iban a liberar al pueblo se subieron a ese gobierno y algunos de esos mismos ahora se subieron al masismo.

Parafraseando a Nicanor Parra diría… y así fue como se convirtieron muchos/ de tonto útil de la izquierda en tonto inútil de derecha. O quizá ellos convirtieron a los que les creyeron en tontos útiles de sus pretensiones. No sé, lo cierto es que el antipoeta chileno tenía razón cuando escribió: “La izquierda y la derecha unidas/ jamás serán vencidas”.

Tanto es así que eran de izquierda porque no eran de la casta, ahora que lo son, se definen como Hitler: el “conservador más revolucionario del mundo” (artículo del Völkische Beobachter del 6 de junio de 1936, citado por Norberto Bobbio). 

En Bolivia, hubo dos gobiernos de izquierda en la era democrática: UDP y MAS. El primero fracasó. El segundo navegó bien durante 10 años con el viento capitalista a favor. La década permitió constatar que uno puede ser izquierdista en teoría y derechista en la práctica o simular que es izquierdista para disimular que es derechista.   

Con ganas de comprobar, paso algunas evidencias: ya no buscan lo nuevo, se han vuelto tradicionalistas como los derechistas y se pasan la vida mirando el pasado; ya no son ateos, se casan por la Iglesia y rezan para salvar sus almas. Ya no son antimilitaristas, sino ultramilitaristas. Ya no propugnan el igualitarismo, sino un orden jerárquico principesco en el que el déspota tiene su palacio. 

Ya no son democráticos, sino totalitarios como los de la dictadura.  Ya no defienden “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” (Abraham Lincoln, Discurso de Gettysburg, 1863), sino van contra la voluntad del pueblo cual populistas de derecha.  

Tanto así que perfeccionaron el mal que querían destruir. El Estado burgués, del que decían que era un órgano de opresión de una clase por otra y un instrumento de persecución de librepensantes, mutó a algo terrorífico: el Estado Plurinacional, órgano de la nueva oligarquía para destruir a los seres libres; órgano de genocidio de los pueblos indígenas. ¿Y la misión liberadora? 

Dos movimientos, ecologistas y feministas, que no vienen ni de la izquierda ni de la derecha, sino de los nuevos tiempos, han demostrado que los “liberadores” son opresores de mujeres y exprimidores de la Madre Tierra.  

Quedó probado que izquierda y derecha son, en realidad, parte de un solo cuerpo; en consecuencia, los gobernantes de hoy son de la derecha su izquierda. O mejor dicho, son una casta que vive del Estado, como la abeja haragana de la colmena, sin producir nada más que gasto. La austeridad es discurso; el despilfarro, la realidad.  

Bobbio escribió que la división del universo político viene después de la Revolución Francesa, pero la historia cambió mucho y (Jean Paul) Sartre dio en el clavo al señalar que derecha e izquierda son dos cajas vacías. 

Terminó el silencio radiofónico cuando el adoctrinador me dijo: “Tú no eres revolucionario”. Días después de esa lucha en clases de dos personas de la misma clase, cayó el Muro de Berlín, lo que demostró que la lucha no era en dimensión horizontal: izquierda versus derecha, sino en dimensión vertical: los de abajo contra los de arriba. Hemos vuelto a lo mismo, como Sísifo, toca luchar contra la nueva casta.

Andrés Gómez Vela es periodista.

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