Andrés Gómez Vela

Voto blanco/nulo y cabildos

domingo, 13 de octubre de 2019 · 00:10

Justo cuando iba caminando al cabildo del pasado jueves, 10 de octubre, me encontré con un conocido que se dirigía al mismo evento democrático.

–Hay bastante gente, ¿no?

–Sí. Más que en los anteriores cabildos. ¿Ya decidiste por quién votar?

–Aún no. Quizá vote blanco o nulo, ninguno me convence. 

Esa misma pregunta hice a varias personas con formación política y escuché la misma respuesta -palabras más, palabras menos- en diferentes ocasiones.

–Entonces, votarás para que se mantenga el régimen antidemocrático.

–No. Yo quiero que el dictador se vaya.

–En teoría quieres que se vaya, pero en la práctica quieres que se quede. 

–No puedo votar por un candidato que no llena mis expectativas. 

–Deduzco que llena tus expectativas el proyecto de dictador que gobierna el país que cualquiera de los otros postulantes. No es el momento de ser exquisitos, sino consecuentes con la democracia.

Sí, consecuentes contra un partido que usó y se infiltró en la democracia para destruir la democracia desde adentro y quedarse como poder total. 

La destrucción del sistema político por el que nuestras madres y padres lucharon y lograron recuperarla, con sangre, lágrimas, dolor y sudor, implica la aniquilación de la sociedad civil, de la tolerancia y el pluralismo.

La tolerancia conduce a un método dialéctico de solución de los conflictos sociales basado en el diálogo y la concertación. Su fin es constituir en medios democráticos la ley y los acuerdos sociopolíticos como expresiones de voluntades encontradas, pero capaces de ceder en sus intereses para avanzar en el bien común. 

El pluralismo regenera a diario los cimientos reales de la vida política para confrontar ideas, ideologías y cosmovisiones orientadas a organizar la sociedad bajo normas pactadas: 

1) La constitución de organizaciones sociales y políticas que representen los intereses de los diferentes integrantes de la sociedad civil (grupos, clases, etnias).

2) La lucha leal en las urnas por la toma de poder y la consecuente administración transparente de la cosa pública.

3) El compromiso de reproducir la democracia, mas no incendiarla.

Es esta parte del sistema político que los líderes y militantes de los partidos de la oposición, que con todo derecho participan en el proceso electoral, se niegan a entender. En consecuencia, postulan sus intereses de grupo, sus ambiciones personales, sus frustraciones, sus egos, sus pasiones, sus filias y fobias contra la misma democracia.   

En ese sentido, les falta comprender que su derecho a participar, en las actuales circunstancias, no puede contradecir su responsabilidad con la sociedad a la que pretenden representar. 

En las actuales circunstancias, la oposición dispersa tiende a convertirse en cómplice de la muerte de la democracia sin saber que después asistirá a su propio funeral.

Justo por esta falta de lectura de la realidad hay una crisis de representatividad en el país que se manifiesta a través de los cabildos. Los síntomas anuncian que los actores y grupos sociales no se sienten representados ni por las organizaciones sociales y políticas ni por el Gobierno.

Bolivia llegó a esta erosión de la democracia porque el Gobierno autoritario desmanteló las organizaciones representativas (COB, Cidob, Csutcb, federaciones, sindicatos) cooptándolas o destruyéndolas.

El Estado Partido (MAS) deglutió en 13 años y nueve meses la sociedad civil y sus formas de organización y representación. Para ese fin ejecutó dos medidas antidemocráticas: 

1) El líder del partido pretendió encarnar las aspiraciones e intereses de los grupos sociales de la sociedad, aglutinándolos en un todo uniforme bajo el concepto pueblo. 

2) El Partido Estado convirtió, con la ayuda de su poder mediático, en enemigo del “pueblo” a todo aquel que intentó representar legítimamente los intereses de su sector. 

Anulados los mediadores de la sociedad civil con la sociedad política, los actores sociales resucitaron (Comité Pro Santa Cruz) u organizaron otras nuevas instancias (Conade) para canalizar sus aspiraciones e intereses.   

Las resoluciones de los cabildos deben ser cumplidas por las organizaciones e instituciones, entre estas el Gobierno, que aún se consideran representantes de la sociedad. Caso contrario, la crisis de representatividad se profundizará y puede terminar con un desenlace similar a Octubre de 2003.

En estas condiciones, votar blanco significa desperdiciar la principal oportunidad de manifestación del soberano y ratificar al destructor de la democracia en el poder.

Andrés Gómez Vela es periodista.

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