El ser masista

domingo, 02 de junio de 2019 · 00:09

El ser humano va dotando significados a las cosas, a los actos, a las palabras y a las personas más allá, incluso, de lo que quisieran sus propios inventores. De ese modo, dos palos cruzados significan para los católicos Dios, sacrificio, calvario, muerte y resurrección. De ese modo,  pedazos de telas de colores se convierten en una bandera y significan nación o patria. De ese modo, el ritual de un hombre y una mujer de ir a un templo católico y declarar amor ante Dios quiere decir, para algunos, matrimonio y para otros, simple legalización del sexo.

Sin embargo, los significados pueden cambiar con el tiempo, no porque envejecen, sino porque las prácticas o acciones de sus cultores contradicen los principios que quisieron establecer en su momento.  De ese modo, el juramento con la palma extendida de la mano derecha en el corazón y el puño izquierdo en alto ya no significa revolución en Bolivia, sino dictadura o totalitarismo nutrido por el incontrolable odio al prójimo que pide respeto a la democracia.

Justo por este tipo de circunstancias, en el vórtice de la política, los seres humanos dotan a las siglas políticas de contenidos diferentes a los de su nacimiento. Es así que el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) se quedó con el sello neoliberal y la marca de masacre porque la sociedad lo asoció con Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni) y su última presencia en la administración del Estado, que terminó con la masacre en El Alto.  

Desde entonces, no puede sacudirse de ese significado pese a que en sus filas militaron políticos de real valía como los que encabezaron la Revolución Nacional de 1952 y transformaron Bolivia. 

Algo parecido sucede con el Movimiento al Socialismo (MAS), fundado en 1987 como escisión de una línea de izquierda de la Falange Socialista Boliviana (FSB), encabezada por David Áñez Pedraza, quien denominó a su partido Movimiento al Socialismo-Unzaguista (MAS-U). 

Hoy, este partido tiene un nombre más largo: Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), pero bastante gente prefiere resumirlo en una sola palabra: masismo y dotarle de un significado alejado del contenido que tenía antes de sus 13 ininterrumpidos años de poder.

El cambio de significado es consecuencia de la práctica política de los jefes y seguidores de este partido, cuyas acciones inspiran a la mayoría de la sociedad a cultivar un relato asociado con el nazismo y  fascismo europeos.

A ver. La historia política define al nazismo como una ideología de carácter totalitario que otorgó central importancia al papel del Estado, que controló todos los poderes, y que estuvo representado en el liderazgo de un caudillo supremo, cuya misión era la de guiar a su pueblo como si éste nunca pasara de la edad infantil. 

¿Es diferente el Movimiento Al Socialismo a la definición anterior? Si su práctica política es similar o igual, entonces la mayoría de la sociedad que otorga esa definición interpreta correctamente a los fanáticos azules. 

Otro segmento de la sociedad lo asocia con el estalinismo, definido por los estudiosos de la política como una corriente política derivada del modelo de gobierno aplicado por Iósif Stalin en la Unión Soviética, quien impuso un modelo totalitario, represivo y coercitivo dentro y fuera del partido para acumular todo el poder en él, con el objetivo de garantizar el control del Estado y de la sociedad.         

Esta es la explicación de por qué el MAS ya no despierta esperanza entre la mayoría de la sociedad, sino miedo, o algo peor: terror; incluso en aquellas personas que habían votado por este partido en tres elecciones seguidas.

En el runrún de la vida diaria, la imaginación popular fue más cáustica y construyó una identidad para los militantes de este partido: “masuco”. Lo dijo una señora en la población de La Asunta, Sud Yungas, La Paz, en un evento público. 

No sólo lo dijo por decir, justificó el porqué de la palabra. “Aquí en los Yungas les decimos masucos porque son ignorantes, odiadores, wuayqueadores; no saben, pero hablan como si supieran; se aprovechan de la gente; son corruptos, pero dicen que no roban; mienten, pero dicen que hablan la verdad; y cuando les decimos algo, sólo repiten como disco rayado: derecha, derecha, derecha, derecha”, soltó sus palabras que viajaron por el aire como filosos puñales teledirigidos a blancos específicos. 

Recién entendí por qué algunos amigos que antes se sentían orgullosos de ser masistas, hoy se avergüenzan y no saben dónde poner su cara, pero hay otros que son suelauyas (cara de suela en quechua).    

 

Andrés Gómez Vela es periodista.

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