Andrés Gómez Vela

El voto no es sinónimo de democracia

domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:09

Que en un país la gente vote no significa que viva en democracia. De hecho, los gobernantes totalitarios llegaron al poder a través de las urnas y lo usaron para reproducirse en el poder. Por ejemplo, el Partido Nacionalsocialista de Adolfo Hitler, el Führer (líder o jefe en alemán), obtuvo poco más del 37% de los votos en 1932, cuando se realizaron las últimas elecciones con garantías democráticas en Alemania. 

En marzo de 1933, después del incendio del Reichstag, armado por el nazismo para culpar a los comunistas y justificar la suspensión de las libertades civiles para perseguir a sus adversarios políticos, Hitler convocó a nuevas elecciones y logró un 44%. Como no alcanzó mayoría absoluta, ilegalizó mediante decreto presidencial al partido socialista alemán. Con esta arbitrariedad logró su objetivo, después, disolvió “legalmente” el propio Estado democrático.

El Partido Nacional Fascista de Italia también llegó al poder constitucionalmente. El rey Víctor Emmanuel III entregó el mando el 28 de octubre de 1922 a Benito Mussolini.

Ya en el mando, Mussolini suprimió la libertad de información y ordenó controlar todo medio difusor de ideas. Para lograr el control total, reformó la Ley Electoral, persiguió a sus adversarios y organizó en 1924 unas elecciones generales en las que obtuvo dos tercios. 

El dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo Molina, gobernó durante 31 años. Ganaba elecciones con más de dos tercios. Cambiaba en el Congreso las reglas cuando quería. Participó por primera vez en elecciones en 1931; en 1934 se volvió a hacer habilitar como candidato. En 1947, ante fuertes críticas internacionales, dejó participar a tres partidos; ganó con el 90%.

Otro dictador que apeló al voto fue Alfredo Stroessner. Derrocó en 1954 al presidente Federico Chávez. Como quería ser presidente legítimo de Paraguay, convocó a unas elecciones y ganó.

El 25 de agosto de 1967, el tirano promulgó una nueva Constitución que permitía una sola reelección presidencial; en 1977, ordenó modificarla para reelegirse indefinidamente. Se quedó 35 años en Palacio; fue “reelegido” en ocho ocasiones, según sus secuaces, “por voluntad del pueblo”. 

En Cuba, también hay elecciones, pero no democracia. Su propaganda hace creer a algunos incautos que tiene una democracia a su modo. 

En Bolivia, habrá elecciones en octubre, pero eso no significa que hay democracia. Veamos:

Touraine, Bobbio y otros autores coinciden que un sistema político para ser democracia debe cumplir cinco requisitos: 1) limitar el poder; 2) garantizar derechos y libertades; 3) ser representativo; 4) ser pluralista; y 5) asegurar alternancia real.  

El primer requisito significa que un gobernante no puede eternizarse en el poder por muy bueno que sea. El límite uno es el voto porque convierte la decisión de los gobernados en un mandato de cumplimiento obligatorio para los gobernantes. Organizar otras elecciones para revocar una decisión popular, asumida en referendo (21F), es romper ese límite y sobreponer a una persona por encima de millones. 

El límite dos es la Constitución porque establece periodos de gestión a un gobernante, fija procedimientos de administración de la cosa pública y establece la distribución de poder para evitar el totalitarismo. En ningún caso, la Constitución puede ser modificada sin consentimiento del soberano. 

El gobernante Evo Morales rompió ambos límites; hoy tiene un poder ilimitado, controla el Poder Ejecutivo, Judicial, Legislativo, Electoral, Ministerio Público, Defensor del Pueblo, incluso, organizaciones de la sociedad civil. 

El segundo requisito tiene que ver con la neutralidad del Estado para garantizar a un ciudadano sus derechos y libertades. El Estado Plurinacional es un aparato represor al servicio del MAS. Las últimas víctimas: Franclin Gutiérrez y Sergio Pampa, presos políticos. 

El tercer requisito exige al gobernante defender los intereses de la comunidad y no los de un grupo. En el Estado Plurinacional, hay un grupo privilegiado: “los barones de la coca”.

El cuarto requisito prohíbe a un gobierno usar el discurso de raza, etnia, clase social, religión u otra ideología para homogeneizar a la sociedad. El MAS promueve la supremacía indígena.       

El quinto requisito exige al Estado garantizar elecciones transparentes y la participación de los partidos en condiciones de igualdad. Los siete vocales del TSE obedecen al MAS. 

En octubre, los bolivianos irán a votar sin saber si legitimarán a un dictador o resucitarán la democracia. Si logran resucitarla, es muy probable que “el hermano Evo” se burle otra vez de la decisión del pueblo. 

Andrés Gómez Vela es periodista.

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