Andrés Gómez Vela

Ética y política

domingo, 08 de septiembre de 2019 · 00:09

Hubo un tiempo en que los buenos seres humanos se dedicaban a la política y se preocupaban de que ésta camine junto a la ética. Esos seres sabían que la política necesita de la ética para construir el bien común y para organizar la sociedad sobre los cimientos de la libertad y la igualdad. Esos seres estaban conscientes de que la ética transparenta la democracia, estaban seguros que la democracia limita al poder porque la ética es el origen de la ley. 
Sin embargo, desde que los actores del “proceso de cambio” tomaron, allá en el lejano 2006, el poder en nombre del pueblo, pero jamás entregaron el poder al pueblo, sino a un político, la ética se divorció de la política y los valores que los bolivianos habían acordado en años fueron tirados al carro basurero. 
Pues, hoy, si pides democracia, eres un dictador. Si loas al déspota, eres un demócrata.
Si aplaudes las mentiras del jefazo, eres apóstol de la verdad. Si cuestionas sus falacias, eres un mendaz.
Si justificas la violación de la Constitución, eres un defensor de la Constitución. Si condenas a los violadores de la ley de leyes, eres un violador del derecho humano del “hermano” a ser dictador.
Si levantas la voz contra los incendios de los bosques, eres un ambientalista depredador. Si llamas depredador al político que decretó el ecocidio, eres enemigo del “defensor de la Madre Tierra”.
Si no aceptas como verdad la mentira del poder que dice -con ayuda de los medios paragubernamentales- que encontraron un océano de gas, eres un ciego que no visualizas lo que el poder ve. 
Si ensalzas la megalomanía, eres un buen boliviano. Si callas ante tantos “elefantes blancos”, eres digno de administrar la cosa pública y despilfarrar el futuro del país.    
Si eres funcionario y no vas a las concentraciones del “hermano”, eres merecedor de una hora intensa de odio. 
Si dices que está muy mal derrochar 3.000 millones de bolivianos en el culto a un funcionario, eres un inculto envidioso. 
Si repites y repites que el referéndum del 21 de febrero de 2016 fue el “día de la mentira”, mereces una embajada. Si haces notar que repetir esa falacia es burlarse de la inteligencia del pueblo, eres un cojudo que merece la horca mediática. 
Si no agradeces por las obras financiadas con tu dinero, eres un mal agradecido. Si pides que no falseen la realidad, el falso eres vos. Si los descubres en una impostura, el impostor eres vos. 
Si un policía cumple su deber y arresta a un funcionario borracho en un vehículo público, el policía es procesado por cumplir la ley. Si un policía encubre un hecho de corrupción de un funcionario, ese policía llega a ser comandante. 
Si eres un militar que sirve sumisamente al gobernante, serás comandante de las Fuerzas Armadas. Si optas por servir a la Constitución y a la Patria, mereces ser excluido de la carrera así hayas sido el primero de tu curso.
Si publicas la demagogia como gran noticia, eres un buen periodista. Si haces periodismo y descubres lo que el poder se empeña en ocultar, eres miembro del “cartel de la mentira”.
Si sufres cáncer y no sales a protestar contra tu médico para defender al tirano, estás condenado al anatema del déspota por haberlo dejado solo aunque él te haya abandonado durante 13 años. 
Si pides al gobernante respetar la ley, te aplican a vos la ley. 
Si haces fraude para ser electo, eres magistrado. Si te corrompes y vendes cargos, eres juez. Si acusas sin investigar, eres fiscal. Si encarcelas a un inocente, eres premiado por la justicia de los que hicieron fraudes y vendieron cargos.
Tal es la pútrida moral del poderoso de hoy que si te atreves a hacer un tratamiento aséptico, te puede mandar a la Policía del pensamiento hasta que admitas que el inmoral eres vos.  
Sin embargo, no todo está perdido. Hoy más que nunca la democracia necesita de ciudadanos/as libres, informados, maduros, reflexivos, ilustrados, capaces de argumentar y razonar.
No todo ha sido malo. Quizá la irrupción de los políticos con antivalores era necesaria para sacudir a la sociedad boliviana de su modorra hasta hacerle apreciar los valores de la democracia y volver a encaminar la ética al lado de la política.
  
Andrés Gómez Vela es periodista

Confidencial

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