Andrés Gómez Vela

MAS renovado vs. viejos candidatos

domingo, 25 de octubre de 2020 · 00:09

“Vendido al MAS”, “Pagado”, “No sabes nada de encuestas”, fueron algunos de los insultos que me llegaron vía redes sociales la noche del 6 de septiembre, cuando comenté, basado en los datos de ese momento de la encuesta de Unitel, que el MAS iba a ganar en primera vuelta. ¿Cuáles eran esos datos? Luis Arce, 26,2%; Carlos Mesa, 17,1%; y Jeanine Añez, 10,4%.  Los electores antiMAS habían entrado en un periodo de negacionismo y buscaban acomodar la realidad a sus deseos. En respuesta, escribí en el #TinkuVerbal del 13 de septiembre (Página Siete) lo siguiente:

“Reitero, las encuestas no son portadores de una verdad absoluta, pero como persona que sostengo relaciones sociales más allá de mi espacio social, territorial o comunicacional, tengo la constancia de que el Movimiento Al Socialismo (MAS) tiene una base electoral leal fuerte. Si sus adversarios no estudian las encuestas estratégicamente, el MAS los puede derrotar, en primera vuelta, por quinta vez consecutiva”. 

“¿Cómo es posible que todavía haya gente que apoya al MAS después de todo lo que hizo?  Respondo con otra interrogante: ¿cómo es posible que todavía haya gente que cree que recuperará la democracia llamando salvaje o ignorante al otro, cuya preferencia electoral es distinta en lugar de estudiar por qué éste tiene el corazón azul?”.

Fue tal el negacionismo de los electores anti-MAS que descalificaron a la empresa Cies Mori porque la encuesta no arrojó los resultados que ellos querían. En un sesgo cognoscitivo de paradoja, ratificaron sus opiniones y estaban seguros que la encuesta de “Tu voto cuenta” (Jubileo) les iba a dar la razón.

La esperada encuesta, difundida el 16 de septiembre, señaló que el MAS ganaría en primera vuelta (votos válidos): Arce, 40,3%; Mesa, 26,2%; y Camacho, 14,4%.

Respaldado en estos datos estadísticos, escribí ese mismo día en mi muro de Facebook: “Según la encuesta de Tu Voto Cuenta, el MAS ganaría en primera vuelta. ¿Por qué?

1) Porque el MAS es un partido (ahora, se nota que no está asentado en una figura).

2) Porque genera identidad y sentido de pertenencia entre sus militantes.

3) Porque sus adversarios hacen política desde sus burbujas y cada uno cree que es la solución.

4) Porque sus adversarios se preocupan del MAS y no de la gente a la que quieren representar”. 

Los adversarios de Arce siguieron en sus silos informativos. En ese contexto, en el #TinkuVerbal (rimaypampa.com) del 11 de octubre opiné: 

“¿Quiénes votan por el partido azul? Personas que se autoidentifican como originario campesino: voto étnico sobre el voto de clase. Por ello, un aymara millonario (burgués) vota por el partido que anuncia un impuesto a la riqueza. Esta conclusión cuadra si consideramos que cuatro de cada 10 bolivianos se declaran originarios. De esos cuatro, tres votan por el MAS. En este caso, pesa David Choquehuanca”.

“¿Qué demandas pueden satisfacer los candidatos? Empleo, responde el MAS. Los otros también. Pero aquel asocia la imagen de su candidato Luis Arce al tiempo de la bonanza económica. Es decir, valoriza el pasado para generar expectativas en el futuro: estaban bien económicamente conmigo, estarán mejor si vuelvo”. 

“Este mensaje es fuerte porque arranca votos urbanos no indígenas en favor del MAS, pues, tiene un correlato con lo vivido. Y la gente, a veces, vive de recuerdos. Explica por qué el masismo puede ganar en primera vuelta”. 

El MAS ganó el 18 de octubre pasado con el 55%. Ni el militante más optimista esperaba este resultado. La cúpula azul sólo aspiraba a evitar la segunda vuelta aunque sea con unos votitos. Las encuestas señalaban que el rechazo al masismo era alto según las respuestas a esta pregunta: ¿por cuál de los candidatos usted nunca votaría? Arce era el MAS rechazado. Me equivoqué al creer esta tendencia y deducir que Mesa podía ganar en segunda vuelta. Arce era rechazado por el voto anti-MAS, pero no por los indecisos. 

¿Por qué ganó el MAS?

Porque la rebelión popular del año pasado evitó que Evo Morales se eternice en el poder y mantenga bajo sombra a otros líderes de su partido.

Porque  aquel hecho obligó al MAS a renovarse. Arce y Choquehuanca eran candidatos nuevos.

Porque, paradójicamente, la rebelión popular no renovó a los otros frentes. Estos nominaron candidatos del siglo XX.

Porque el electorado “indeciso” comparó la gestión de Jeanine Añez con la de Morales y prefirió la “enfermedad” al “remedio”.   

¿Y Camacho? Cayó en su estrategia autofágica. Durante la campaña dividió lo que unió en octubre de 2019, desintegró lo que integró y cambió su imagen de demócrata a autoritario. 

¿Quieren ganarle al MAS el 2025? Salgan de sus burbujas socioinformativas y jubilen a sus líderes.

 
Andrés Gómez Vela es periodista.
 

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