Andrés Gómez Vela

¿Por qué el MAS sigue teniendo apoyo?

domingo, 23 de febrero de 2020 · 00:10

 “¿Cómo es posible que después de todo lo que hizo el MAS sigue habiendo gente que quiera votar por ese partido?”. “No entiendo que el MAS siga teniendo apoyo”. “Este país no tiene remedio”. “Esa encuesta está manipulada, no dice la verdad, fue hecha por masistas”. Son algunos de los mensajes que leí en redes sociales después que la encuesta de Unitel estableció 31% para Luis Arce; 17%, Carlos Mesa; 16%, Jeanine Añez, y 9%, Luis Fernando Camacho.

Todos esos mensajes tuvieron su origen en el hígado, no en la cabeza. Pues, una elección es fruto de emociones, más que de razones, aunque los candidatos que ganan son aquellos que convierten las razones en emociones. Sin embargo, hay algunos aspectos que se deben tomar con frialdad para encontrar las causas y a partir de ellas, explicaciones.

El electorado masista está cimentado en la identidad. El elemento número uno es el origen indígena originario campesino, que rebasa diques etarios, sociales y regionales. El elemento dos es el pensamiento nacional popular, ese que sostiene que el país y su gente son víctima de enemigos externos e internos, y no tanto de los errores y corrupción de la propia élite política. El tercer elemento es la condición de clase: pobres, clase media baja y clase media media.      

Por esta razón, el MAS articuló una dupla etnoclasista: Luis Arce (clase media emergente no indígena ni k’jara) y David Choquehuanca (indígena). Por el mismo motivo, el masismo articuló el mensaje del nosotros, los indígenas, pobres, excluidos; contra ellos, los blancos, k’jaras que quieren volver al poder a excluirnos otra vez. 

Este discurso masista, que raya en el fascismo, tiene una segunda parte: nosotros, los buenos que hemos recuperado los recursos naturales del pueblo, para el pueblo y hemos administrado la economía con capacidad e inteligencia, a tal punto que incluso ellos, los vendepatrias, incapaces, que nunca han hecho crecer nuestra economía, han ganado con nuestro modelo económico.

El electorado masista parece impermeable porque se alimenta de prejuicios más que de juicios. Pues una elección es la expresión de la opinión de los públicos respecto a la imagen que tienen de un candidato. Me explico con la ayuda de Giovanni Sartiri que, en su libro ¿Qué es la democracia?, escribió: “Las elecciones cuentan las manifestaciones individuales de voluntad, realizan el computo de las opiniones”. 

¿Cómo forma su opinión el llamado voto duro del MAS? Veamos, las opiniones se nutren de dos fuentes heterogéneas: 1) de mensajes informativos y 2) de identificaciones. La primera interactúa con la información difundida en los medios de comunicación y en otros espacios. La segunda interactúa con los grupos de referencia (familia, grupos sociales, círculos, clubes y barrios). En esta priman las opiniones preconstituidas sobre las informaciones. 

Bernard Berelson, en su texto El pueblo elige. Estudio del proceso de formación del voto durante una campaña presidencial, lo explica con bastante claridad: “Para muchos electores, las preferencias políticas son asimilables a gustos culturales (…) Las dos cosas tienen su origen en tradiciones étnicas, sectoriales, de clase y de familia. Ambas muestran estabilidad y resistencia al cambio en los individuos, pero flexibilidad y adaptación entre generaciones por lo que se refiere a la sociedad en su conjunto. Ambas parecen materia de sentimiento y de disposición más que materia de preferencias razonadas”.

La caracterización que hace el sociólogo estadounidense se aplica también a los electores antimasistas, que en lugar de razonar sobre los componentes del voto duro del MAS comienza a tratarlos como si fueran extraterrestres o personas irracionales. 

Ambos bandos viven en sus burbujas y sólo se alimentan de informaciones y opiniones que ratifican sus pensamientos y sentimientos. Considero que es tiempo de buscar puentes para no terminar destruyendo la democracia. Pues, una persona es persona a través de otras personas, dice un proverbio zulú.   

Con esta filosofía, vale la pena escuchar la canción de Nina Simone de 1963, cuando los afros estadounidenses aún estaban luchando por lograr la libertad en igualdad de condiciones que los blancos. Parte de la letra dice: “Ojalá supiese cómo se siente alguien libre (…). Ojalá pudieses saber tú lo que significa ser yo”. 

La democracia como ethos es un modo de vivir y convivir. Esta es la fuente de la igualdad, un valor que hace que las personas nos reconozcamos, veamos y tratemos como socialmente iguales. Este valor no nace en la ley, sino en la mente. El no masista no ve iguales a los masistas y éstos tampoco a aquellos. He ahí el problema que puede generar otros peores.

    
Andrés Gómez Vela es periodista.

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