Andrés Gómez Vela

Las cosas que ya no estarán en su lugar

domingo, 26 de abril de 2020 · 00:10

Cuando intentemos volver a la vida que teníamos hace 43 días en Bolivia, antes de que llegue el indeseado Covid 19, algunas cosas no estarán en el mismo lugar que las dejamos, ya sea porque tarde o temprano tenían que moverse y la pandemia lo único que hizo fue acelerar tiempos, o ya sea porque la nueva realidad nos formateó. ¿Cuáles por ejemplo?

La educación. Los profesores de colegios y de universidades que no tengan idea de plataformas virtuales y carezcan de creatividad para explotar internet en su trabajo serán jubilados de facto, si no por sus empleadores, por los estudiantes que, desde hace rato, encuentran en su celular más conocimientos e información que los brindados por algunos docentes. 

Este movimiento estaba previsto, pero la pandemia lo aceleró mientras unos profesores acusaban al teléfono móvil de “competencia desleal”. 

Conflictos por internet. Para que la buena educación circule y un estudiante asista diariamente a las aulas virtuales; para que un profesional trabaje desde su casa; para que un emprendedor compita en el mercado global, se necesitará con urgencia internet a conexión fija. En caso de que este derecho fundamental y constitucional no se haga realidad, la brecha digital será la causa de una brecha socioeconómica más amplia.

En consecuencia, los conflictos sociales que podrían desestabilizar a un gobierno ya no serán solamente aquellos relacionados a la escases de la riqueza y su distribución, sino aquellos vinculados al acceso a la Red y a los problemas generados por el analfabetismo tecnológico. Pues ambos ya son creadores, precisamente, de riqueza.  

El entretenimiento.- Mientras no haya una vacuna que elimine al Covid-19, en la lista de sectores que ya no estarán en su lugar de siempre figuran los músicos. Éstos ya no podrán animar bodas, prestes y otras fiestas que concentran a un gran número de invitados o fanáticos ni organizar conciertos en vivo y asistencia masiva para ganarse su sustento diario. Su talento no podrá convertirse en trabajo. 

Los futbolistas tampoco ya estarán en los estadios donde los dejamos. Nos vamos a tener que resignar a verlos por televisión, pero jugar sin público equivale al Tinku Verbal sin lectores interactivos; a un amor no correspondido; o a un circo romano sin enloquecidos espectadores. Lo más preocupante: los futbolistas no solo quedarán sin público, sino sin trabajo, por tanto, sin ingresos.

Paralelamente, las salas de cine, los teatros y casi toda la gente que depende de la industria del entretenimiento seguirán con los bolsillos vacíos por un lapso aún no definido.

Religión.- Los sacerdotes de la religión Católica quedarán por algún tiempo sin bodas, bautizos y otros sacramentos. Por ende, perderán ingresos y fieles, pues no se sabe si éstos volverán tan mansos como antes o con algunos cuestionamientos. 

Como efecto directo de la suspensión temporal del ejercicio material de los ritos, los locales de fiesta estarán vacíos en sus pistas de baile y en sus arcas. La alegría con tufo a cerveza se habrá quedado sin música y, por el momento, menos alcohol circulará por los cuerpos de las personas y de la sociedad.  

Otras religiones que congregan masas y viven de la ingenuidad o creencias de éstas para generar ingresos que satisfacen más a los intermediarios y no a Dios, sufrirán un déficit de diezmos.

En suma, la industria de la fe, que genera un gran movimiento económico en los templos, en las entradas folklóricas y otros eventos masivos se habrán movido al glorioso salón de los recuerdos sin fecha cierta de retorno a las calles. 

Transportes, vacaciones y otras cosas.- Cuanto intentemos  volver a nuestra vida que ya comenzamos a extrañar, quizá ya no usemos el mismo transporte que nos acostumbró a trasladarnos hacinados en un minibús o en un micro.

Y tal vez los buses de larga distancia no viajen por mucho tiempo. Si volvieran a las rutas solitarias de hoy tendrían que hacerlo sólo con un tercio de su capacidad al igual que los aviones. Por ende, la mayoría de la especie humana deberá despedirse de sus deseadas vacaciones probablemente hasta el 2022.

Muchas de las cosas que dejamos antes de la cuarentena ya no estarán en el lugar que las pusimos. 

Los besos serán evocaciones con referencia lejana; los abrazos, ilusiones difusas; y las relaciones sexuales a primera vista, simples pensamientos eróticos. En suma, el virus querrá cambiar (ya lo está haciendo) nuestras expresiones de amor. Aunque el amor, desde que es amor, desafía patrones sociales, libra batallas contra los límites morales y enfrenta guerras contra enfermedades; y en todas esas circunstancias ganó.

Andrés Gómez Vela es periodista.

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