Andrés Gómez Vela

Covid-19: el periodista mantuvo su olfato

domingo, 9 de mayo de 2021 · 05:09

Mi mamá se puso  triste cuando se enteró que iba a estudiar periodismo, allá por los años 80. 

—Mamá, ¿acaso crees que el periodismo no es una buena profesión? ¿Por qué no quieres que estudie esa carrera, Mamita?—la interrogué. 

—Tu tío Lucho me ha dicho: no se venden los periódicos, en cada esquina cada día se quedan montones de diarios; tu hijo no va a ganar bien. No debería estudiar esa carrera—me respondió angustiada.

Mi tío Luis Paco, cuya principal afición era y es repartir bromas, confundió a propósito el oficio de periodista con el de canillita. Más allá de este chascarrillo, se equivocó en su vaticinio, como periodista tuve buenos ingresos económicos. Pero acertó sin proponérselo en lo que iba a venir 30 años después: la reducción de ventas de los periódicos. 

El Covid-19 aceleró en 10 años los cambios del periodismo en Bolivia, entre ellos la casi desaparición del soporte papel (diarios). Aunque ya en 2018 descubrí, a través de una investigación que hice, que los canillitas habían bajado sus ventas de periódicos hasta en un 50 por ciento, entre 2013 y 2018, por "culpa del internet", la pandemia precipitó los datos.

No fue la única transformación. La pandemia apuró la historia del periodismo al traer consigo antes de tiempo la dirección remota, la telecobertura, las reuniones virtuales de agenda, la organización de la producción informativa, y el potenciamiento de las redes sociales hasta consolidarlas en el medio de medios. 

Además de la pandemia del Covid-19, los periodistas enfrentaron la pandemia de la desinformación. Ante este peligro para la democracia, se esforzaron en diferenciar la evidencia de la presunción o creencia y de separar como el trigo de la paja las especulaciones y opiniones de las informaciones.  En este álgido contexto, los portales de verificación se asentaron como una necesidad pública. 

Urgidos por la secuencia de hechos inéditos, algunos colegas acudieron con más frecuencia a las fuentes científicas para convertir la noticia en conocimiento a fin de bajar la incertidumbre social, reducir la ansiedad y subir la esperanza. Sin embargo, otros se dejaron seducir por el amarillismo a tal extremo de espectacularizar la cobertura de hechos dolorosos y arriesgar su capital simbólico llamada credibilidad.

En el ámbito económico, la pandemia redujo las ventas de los periódicos en papel, pero elevó las audiencias en el digital, lo que obligó a las empresas a escudriñar otras fuentes de financiamiento. Subió la demanda de información, particularmente, respecto al coronavirus y sus secuelas, pero bajaron los ingresos por publicidad a causa de la crisis de las empresas y del propio Estado.

En consecuencia, se desplomaron los ingresos económicos de los medios de comunicación y ciertos propietarios despidieron a decenas de periodistas. En algunos casos, los profesionales aceptaron la reducción de sus sueldos para preservar sus fuentes laborales. En otros casos, se resignaron a recibir sus salarios con retraso de hasta seis meses o algo más. Los emprendedores buscaron otros modelos de negocio; los “empresarios” que vivieron durante 14 años del dinero público por hacer propaganda hundieron sus medios. 

Finalmente, el maldito Covid-19, en complicidadcon la precariedad del sistema de salud del Estado Plurinacional, se llevó periodistas valiosos que fallecieron en el cumplimiento de su deber. 

Sin embargo, a pesar de la tormenta, los principios del periodismo (verdad, responsabilidad, equilibrio, libertad, humanidad, independencia) se mantuvieron incólumes. Salvo excepciones que se mancharon con mentiras y discursos de odio, la mayoría de los periodistas enfrentó con la verdad a gobiernos autoritarios de izquierda y derecha. 

El Covid-19 es la peor adversidad natural que vivió el periodismo desde 1763, año en el que se usó por primera vez el término “periodista”, generalizado después en 1895 a raíz del discurso “El periodismo” del español Eugenio Sellés cuando fue designado miembro de la Real Academia  de la Lengua Española.

Las recientes circunstancias enseñaron a los periodistas que el periodismo es un organismo que se reproduce como lo hacen los seres vivos (diría el biólogo chileno Humberto Maturana), reparándose, curándose, manteniéndose, modificándose; en suma, sanando sus heridas. Yo agregaría: reinventándose, superándose y desafiándose a sí mismos hasta sus límites extremos. 

En este 10 de mayo, Día del Periodista boliviano, mi homenaje a los colegas que no perdieron el olfato pese al Covid-19. 

¡Ah! Mi mamá se siente hoy feliz de tener un hijo periodista.

Andrés Gómez Vela es periodista.
 

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