Columna vertebral

De 13.000 a 7.000 de gas a zinc

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domingo, 10 de diciembre de 2017 · 02:25

En 1994, por primera y única vez en nuestra historia, las exportaciones de los llamados productos no tradicionales representaron el 47% del total de nuestras ventas al mundo y, lo que es más notable, fueron el primer rubro del total, con 524 millones de dólares. 
 

Se pensó entonces que el proyecto de la diversificación económica propuesto en la década de los años 40 daba sus frutos y el país se encaminaba a un nuevo rumbo en su matriz productiva. El componente “no tradicional” estaba basado fundamentalmente en la agroindustria y la aparición de Santa Cruz como el departamento más dinámico que era y es hoy. 

Si bien el factor del valor agregado no era muy significativo, se suponía que con el paso de los años experimentaría un crecimiento sostenido. En el año citado, el segundo lugar lo ocupaban los minerales (37%) y el tercero los hidrocarburos (9,5%). En 1994 el total de nuestras exportaciones ascendía a 1.124 millones de dólares.

Fue un espejismo. La capitalización, que atrajo el mayor volumen de inversión en exploración de gas de la época y la construcción del gasoducto al Brasil, inaugurado en 1999, marcó de nuevo nuestra nueva dependencia exportadora en materias primas tradicionales. Durante lo que va del siglo XXI el gas ha sido el primer producto de exportación de Bolivia. Si hacemos una secuencia de crecimiento de volumen en millones de dólares, veremos que en 2000 exportábamos 1.475 millones; en 2005, 2810 mm; en 2010, 6.952 mm y en 2015, 8.923 mm.

En el periodo de gobierno de Morales (2006-2016) el promedio de los componentes de nuestra matriz exportadora, que representa alrededor del 97% del total, fue como sigue: gas 47%, minerales 30%, no tradicionales 20%. En esa etapa los ingresos más altos se dieron en 2014 con 13.028 millones exportados y los más bajos en 2006 con 4.232 millones. Pero a partir de 2014 comenzó una caída muy significativa. En 2015 exportamos, como queda dicho, sólo 8.923 millones, 32% menos que el año anterior y en 2016, 7.228 millones, un 45% menos que en 2014. 

Pero lo más sugestivo de este cambio es la significativa modificación de la composición porcentual de esas exportaciones. El gas dejó de ser el principal producto, experimentando una dramática caída, mientras que los minerales vivieron un ascenso muy marcado de la mano de un componente en particular, el zinc. De ese modo, en 2016 los minerales representaron el 39% del total exportado, el porcentaje más alto de todo lo que va de siglo, mientras que el gas cayó al 29%, el porcentaje más bajo desde el inicio de la nueva centuria. Los productos no tradicionales, por su parte, sumaron algo menos del 20%. 

De los 10 principales productos de exportación, cinco de ellos son minerales en bruto o elaborados (joyería, por ejemplo), tres tienen que ver con la agroindustria (soya en grano y torta, aceite de soya y almendras) y uno, el gas, está en el rubro de los hidrocarburos.

El hecho evidente de que nuestras exportaciones se han desplomado desde 2015, no parece que vaya a revertirse para volver a las cifras de 2014, aunque las predicciones indican que la caída se detendrá y habrá una razonable recuperación de precios internacionales. Irónicamente, esa expectativa tiene que ver en primer lugar con los minerales. La agroindustria mantendrá rangos similares, pero la gran cuestión tiene que ver con el gas.

Lo que viene no es alentador. Brasil anuncia una disminución de su demanda actual, la negociación de un nuevo contrato está en la nebulosa, tanto en volumen como en precio, las anunciadas inversiones de las transnacionales asentadas en el país, parecen llegar con retraso para lograr garantizar niveles de reservas que garanticen la venta a los mercados brasileño y argentino, y, finalmente, la exportación de úrea al Brasil, por ahora un compromiso de ese país, no implican en el corto plazo una compensación de la caída exportadora registrada en los tres últimos años.

La conclusión está a la vista, seguimos atados a tres grandes rubros: minerales, hidrocarburos y agroindustria (léase, soya) con un incremento muy modesto de valor industrial, sujetos a los vaivenes –tipo montaña rusa– de los precios internacionales, completamente ajenos a nuestra capacidad de decisión y estrategia productiva.

       
Carlos D. Mesa Gisbert fue presidente constitucional de Bolivia.

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