Carlos D. Mesa

¿Renuncia o golpe?, ¿existe la verdad en política?

domingo, 24 de noviembre de 2019 · 00:13

¿Existe la verdad en política? Los dramáticos días que estamos viviendo desde que el 10 de noviembre Evo Morales hizo oficial su renuncia a la presidencia nos han probado que el relativismo es un elemento dominante en la esfera de la política.

Para el heroico pueblo boliviano, que en su gran mayoría -especialmente las mujeres y los jóvenes- salió a manifestarse durante 21 días en las calles de todas las principales ciudades del país no queda duda. La renuncia y la huida a México de Morales es el resultado de una protesta legítima por el 21 de febrero burlado, por el fraude y por una democracia vapuleada a lo largo de estos casi 14 años.

Para los movimientos cívicos y la sociedad organizada en diferentes expresiones, su iniciativa de movilización, su liderazgo en la conducción cada vez que Morales se negaba a escuchar el clamor popular es una evidencia incontrastable. Fue esa marea humana por tantos días y en tantos lugares la que le demostró al testarudo gobernante que había perdido el control del poder y sobre todo la legitimidad de su ejercicio.

Para quienes hemos atravesado este largo y difícil año, soportado todo tipo de ataques, calumnias y una implacable guerra sucia, logrado un incuestionable y crucial éxito electoral, y que fuimos víctimas de un gigantesco fraude propiciado por Morales, está claro el carácter autocrático del gobierno, su larga trayectoria de violación constante de la Constitución, y sobre todo que el verdadero golpe contra la democracia lo perpetró él mismo, durante todo el proceso electoral y específicamente el día de los comicios.

Una frase pronunciada por el general  Kalimán, que “sugería” al Presidente dar un paso al costado, tornó el día en noche, transformó la lucha democrática y pacífica de todo un pueblo en un “golpe de Estado”. No es ocioso recordar que ese mismo general no hace mucho se decía en sus discursos públicos que era un militante del “proceso de cambio” y repetía la frase “revolucionaria” impuesta por el entonces presidente: “patria o muerte, venceremos” sustituyendo el tradicional “subordinación y constancia”. Curioso golpe éste sin un soldado en la calle, sin un tanque en la puerta de Palacio, sin siquiera el amago de proclamarse o proclamar un gobierno ilegal…

La eficiente, gigantesca y poderosa red del Foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla, los gobiernos de la Unión Europea, cargados de una entendible mala consciencia por su pasado colonial y su visión roussoniana del exgobernante, medios de comunicación del prestigio de The Guardian o El País, para poner sólo un par de ejemplos, periodistas y redes de intelectuales “progresistas” en todo el planeta, han difundido a los cuatro vientos que el admirado líder indígena, el primero en la historia de Bolivia, paladín de sus hermanos, oprimidos por la élite blanca discriminadora, en el contexto de un apartheid a la sudafricana vigente en Bolivia hasta la llegada de Morales ha sido derrocado por un golpe militar de extrema derecha, violento y racista. 

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene destacada cuota parte en esta trama. Mandó al canasto la larga y admirada tradición del asilo latinoamericano, tan caro a su país, recibió a Morales como un jefe de Estado en ejercicio y le permitió hablar hasta por los codos (mentir hasta por los codos, en realidad) vulnerando una premisa básica de cualquier asilado político. 

Así, incrédulos, frustrados, anonadados por tal tergiversación, millones de bolivianos nos vimos ante la terrible evidencia de que la relativización de la verdad lo permite todo, al punto de borrar los hechos, olvidarlos, o cuando menos minimizarlos y destruir, cualquier nexo de lo que vivimos en carne propia con el discurso inventado y manipulado por un hombre, su entorno, y la gigantesca red de seguridad que le proporciona la combinación de los activistas y militantes de su “causa”. 

La causa de Morales, Maduro, Ortega y otros como ellos a la que le dan crédito, por desgracia, los ingenuos de buena fe que se tragan esta rueda de molino y piden explicaciones a las víctimas del autoritarismo sistemático de más de una década, dando por buenas las “verdades” recitadas en diversos tonos y en permanente contradicción por el exgobernante.

Conclusión: Evo Morales construyó a lo largo de su gobierno una imagen internacional idealizada de sí mismo, con una eficiencia mucho mayor de la que nadie podía sospechar. Su peso como la figura más relevante de Bolivia es muy poderosa. Lidiamos con un mito a nivel global, con una ilusión, con una ficción muy arraigada. No será fácil vencer la gigantesca trama de mentiras que giran a su alrededor, pero hay que hacerlo a fuerza de combatir por la verdad, que sí existe, a pesar de la política.

Carlos D. Mesa Gisbert fue presidente de Bolivia.

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