Hablando de energía

¿Otra forma de aumentar reservas de gas?

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viernes, 20 de abril de 2018 · 00:08

La semana pasada, YPFB anunció que suscribió,  con la empresa Cancabria, un convenio de estudio para la exploración de gas no convencional con la técnica del fracking.


A su vez, Cancabria anunció que “el objetivo del convenio es evaluar recursos no convencionales a gran escala en el área de Miraflores (Tarija)”, zona donde se encuentran formaciones de lutitas que contienen hidrocarburos.


Unas aclaraciones para mejor comprensión:


 Para liberar el gas contenido en las lutitas se utiliza el fracking, que es forzar agua con compuestos químicos y arena a gran presión, y lograr la salida de los hidrocarburos que contienen las lutitas.

Fracking no es una disciplina exploratoria para descubrir depósitos de lutitas hidrocarburíferas, sino un método para estimular la producción de pozos perforados en esas formaciones.


 La existencia de zonas con lutitas que contienen hidrocarburos es conocida desde hace más de tres décadas. Este hecho geológico no mereció el interés de las compañías petroleras tradicionales. Así la actividad incipiente quedó en manos de decenas de pequeños operadores de Norteamérica.


 La persistencia de esta paciente labor dio como frutos, casi simultáneos, el establecimiento del método del fracking y el poder perforar horizontalmente en el subsuelo, siguiendo las formaciones de interés. La subida del precio del petróleo a más de $us 50/barril dio como resultado que el desarrollar zonas con lutitas hidrocarburíferas, con los adelantos anteriormente indicados, se convierta en una actividad altamente rentable. 


 Estas circunstancias han motivado la aparición de decenas de pequeños operadores, similares a los wild–catters de principios del siglo XX. La suma de las producciones de cerca a 12.000 pozos previos ha logrado el llamado “milagro norteamericano”, convirtiendo a EEUU de un país importador a exportador de hidrocarburos. Anualmente, para mantener esa condición, se autoriza la perforación de más de 10.000 pozos de lutitas hidrocarburíferas.


 El servicio geológico norteamericano y la AIE han establecido que zonas con formaciones de lutitas hidrocarburíferas existen en diferentes partes del mundo. Las más grandes están en Norteamérica, después en China, Argentina, Polonia y otros. En ese inventario Bolivia ocupa un lugar muy modesto comparado con otros países.

Hace cinco años, YPF de la Argentina decidió aumentar reservas y producción de gas natural para evitar la importación de este hidrocarburo. Asociada con Chevron, volcó todos sus esfuerzos a la zona de Vaca Muerta, donde se tienen grandes formaciones de lutitas hidrocarburíferas. Hasta la fecha no ha logrado sustantivos aumentos en la producción de gas para evitar su importación y satisfacer el consumo interno de su país.


 Igualmente, en lugares como Polonia e Inglaterra se intentó, sin éxito, lograr producción de lutitas.

Desde hace tres años en México y China se están emprendiendo labores similares  sin resultados de magnitud. 


 Por todo lo anterior, algunas realidades son terminantes. No se tienen protocolos ni conocimientos básicos para predecir el comportamiento de esas formaciones, no obstante que ya se tienen 90.000 pozos en Norteamérica. No existen métodos para establecer el volumen de contenido en esas lutitas y mucho menos aún el porcentaje de ese contenido que puede ser producido, ni el tiempo que durará esa producción. Por esas razones, no se puede establecer “reservas de hidrocarburos” en esas formaciones.


 Por otro lado, la explotación de estas formaciones es muy agresiva contra el medioambiente. Por un lado, la perforación de los pozos tiene aspectos negativos con el medioambiente, como los que se incurren en cualquier campo petrolero, que ya son conocidos y pueden ser remediados. 


 Un fracking por pozo es lo mínimamente requerido y esta actividad es altamente agresiva en el subsuelo contra el medioambiente  o Madre Tierra, como se habla en nuestro país. La forzada presión de grandes cantidades de agua con agentes químicos y arena en muchos lugares ha contaminado niveles de agua potable y para el riego de cultivos. No se conocen todavía métodos para mitigar esos efectos.


 La información de YPFB es muy escueta. No se aclara si se ha suscrito un contrato o una carta de intenciones, pero se menciona que se realizarán estudios y se utilizará el método de fracking en el Chaco, Chuquisaca y Tarija, sin indicar cómo se pagarán los costos de estas actividades.


 Pretender que los estudios que se van a realizar en áreas con lutitas hidrocarburíferas en el país reforzarán nuestros resultados de exploración sería un engaño y más parecería una forma de enmascarar nuestro fracaso exploratorio en la búsqueda de reservas de hidrocarburos.
 
Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.

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