Hablando de energía

Energía en 2025

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viernes, 06 de abril de 2018 · 00:08

Desde el siglo XX la importancia de la energía fue cada vez mayor, a punto tal que se ha convertido en un pilar de crecimiento e importante factor de desarrollo de las economías modernas.


 El crecimiento de la producción y consumo energético después de la Segunda Guerra Mundial es tan acelerado que se estima que llega a 285 millones de barriles de petróleo por día. En este proceso se desarrolló el concepto que la energía para estar al servicio de la humanidad debía ser triple A (AAA), que existan los recursos, que estén accesibles a su desarrollo, y, finalmente, que la energía así producida sea aceptada por la sociedad (en inglés Availability, Accessibility y Acceptance por la sociedad).


 En esta forma el petróleo ha resultado ser el más utilizado. Algunas energías, al no cumplir completamente con esas normas, su desarrollo está casi detenido y probablemente para 2025 van a dejar de ser utilizadas. Ese es el caso de la energía nuclear, que después de haber sido desencadenada en 1945, para fines bélicos, fue abriéndose campo como la mejor solución para generar energía eléctrica con las plantas núcleo eléctricas. Los accidentes de Three Mile Island y Chernóbil han ocasionado que su aceptación ahora sea casi nula.


 Por ese motivo, la utilización masiva de energéticos fósiles, como el carbón y los hidrocarburos (petróleo y gas natural), se han convertido en la mayor fuente de energía que usa la humanidad.  


 A fines del siglo XX, se hizo notorio el llamado “efecto invernadero” que estaba siendo causado mayormente por la emisión de gases provenientes de la utilización de combustibles fósiles. El tema resultó ser muy  polémico, hasta que finalmente, en 1997, en una conferencia mundial en Kyoto, se estableció que el “efecto invernadero” estaba presente y creciendo. 


 Esto dio lugar al Protocolo de Kyoto con un acuerdo mundial para disminuir la emisión de gases contaminantes, que lamentablemente no fue ratificado por todos los países. A principios del siglo XXI, las Naciones Unidas ha iniciado un programa para disminuir y, si es posible, evitar los grandes cambios climáticos que están causando efectos catastróficos en las economías de los países, en particular de los que están en vías de desarrollo. 


 Lo anterior, más  los programas nacionales de protección ambiental en EEUU y China dieron lugar al esfuerzo diplomático más grande y exitoso que se ha tenido en la historia de la humanidad, el Acuerdo de París, firmado en diciembre de 2015 por todos los países y gobiernos del planeta, comprometiéndose a un programa de largo aliento para reducir el calentamiento de la tierra.


 El Acuerdo de París está regulando en cierto modo el crecimiento energético en estos últimos, años en pos de reducir y detener el calentamiento global.


 Para ilustrar lo anterior se ha seleccionado el comportamiento energético desde el año 2000, de los cinco más grandes países o regiones productores-consumidores  de energía. Para no abrumar al lector, no citamos las cifras estadísticas que nos han permitido establecer una secuencia en función de la magnitud de cada uno de ellos (China, USA, Medio Oriente-Asia, Rusia y la Unión Europea). 


 Hasta EEUU mantenía su posición indiscutible de primer productor y consumidor de energía en el mundo. China Popular lo desplazó al segundo puesto y desde entonces ese país es el mayor emisor de gases que incrementan el efecto invernadero, 27%, y EEUU  ha reducido al 15%.


 Si bien el Protocolo de Kyoto no pudo establecer obligaciones vinculantes entre los firmantes, sirvió para alertar a la humanidad en la conveniencia de contar con energías renovables, limpias y no contaminantes. Esa tendencia está siendo estimulada por el Acuerdo de París. En América Latina, el esfuerzo por energías limpias es relevante en cada país. Inclusive Chile está a la cabeza en el uso de energía solar. Nosotros estamos haciendo esfuerzos muy modestos para desarrollar energías limpias y renovables. 


 En la sustitución de la gasolina y diésel como combustible vehicular, por nuestras reservas de litio, podríamos jugar una labor muy importante, pero tenemos que apresurarnos, porque a partir de 2025 la industria automotriz empezará a lanzar vehículos eléctricos en mayor proporción, hasta eliminar los vehículos a diésel y gasolina.


 En 2025 tendremos un mundo energético diferente al actual. El uso del carbón y de la núcleo electricidad serán casi inexistentes. Asimismo, el inicio del auge del vehículo eléctrico irá disminuyendo el consumo de petróleo, porque el 80% del mismo es utilizado para combustibles. La geotermia y los biocombustibles formarán parte de la matriz energética mundial. 


 En general, esta matriz estará dominada por energías limpias, renovables y no agresivas con el medioambiente.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético. 

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