Hablando de energía

Apuntes sobre provisión de gas a Europa

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viernes, 27 de julio de 2018 · 00:12

En su última visita a Moscú, el 18 de mayo pasado, la primer ministro de Alemania Federal, Ángela Merkel, formalizó el acuerdo con Rusia de tránsito de gas natural ruso por Alemania para aumentar el suministro de este hidrocarburo a Europa, mediante un gran gasoducto tendido por el fondo del Mar Báltico, que conecte Rusia directamente con Alemania. De Ust-Luga en Rusia hasta Lubmin en Alemania. 

 El gasoducto llevará el nombre de Nord Stream 2 (NS2) porque correrá paralelo al ya existente Nord Stream 1 (NS1). Tendrá una capacidad de transporte de 5.5000 millones de metros cúbicos anuales (casi 2 TCF) para poder entregar, igual que el NS1, 150 millones de metros cúbicos por día (cuatro veces el volumen del contrato Bolivia – Brasil). Actualmente, casi el 30% del consumo de gas en Europa proviene de Rusia. 

 La construcción del NS2 es muy resistida por muchos países de la Unión Europea (UE) por la desconfianza que se tiene a la influencia política de Rusia. Como una muestra de lo anterior,  se señala lo sucedido en Ucrania, que terminó con la anexión  de Crimea a la Federación Rusa. En tal sentido, muchos países solicitaron a la Asamblea Legislativa de la UE que no permita la construcción del NS2. Indican que mayores consumos de gas serán en base a shale gas de EEUU. 

 Por otro lado, los grandes consumidores de gas en la UE, en su gran mayoría, no comparten ese temor, indicando que la provisión rusa de gas ha sido, hasta la fecha, una relación comercial muy seria, y desprovista de presiones políticas, aún en los peores momentos de la Guerra Fría.

 La crítica política al último acuerdo Rusia-Alemania es tan fuerte que inclusive ha sido asemejado al acuerdo Hitler-Stalin, de 1939. Alemania ha contraído una fuerte deuda política con el resto de los países de la UE.

La construcción de NS2 ya se ha iniciado con el dragado de la zanja donde se depositará y fijará la tubería paralela al NS1. 

 La construcción de esta línea ya estaba contemplada en los planes de Putin con Gazprom desde 2012. No se debe olvidar que la principal motivación de la  política energética de Putin es que Rusia recupere un rol protagónico en  el escenario internacional mediante la provisión de gas natural por Gazprom. Para este efecto, planeaba con Gazprom en 2012 abastecer de gas a Europa por el norte con el NS1 y por el sur con otro gran gasoducto, el South Stream (SS), que provea gas ruso a través de los Balcanes hasta Austria. 

Todo lo anterior asemejaba una gran operación militar, capturando a Europa en una maniobra de pinza. La agresividad rusa en Ucrania terminó con la anexión de Crimea a la Federación Rusa, alarmando a la UE y a Estados Unidos, que lograron que el SS no se realice.

 Ahora Gazprom indica que el NS2 estará listo para entrar en operaciones a fines del 2019. Esa futura fecha coincide con el inicio de la declinación de los campos noruegos de  gas. Esa producción abastece casi el 29% del consumo europeo de gas.

Adicionalmente, Europa, liderada por Alemania, dentro de los compromisos del Acuerdo de París, tiene por objetivo el “descarbonizar” los combustibles para 2030. Dentro de esa política, el gas natural es el combustible de transición, por tanto la construcción del NS2 es una medida casi inevitable e imprescindible.

 La fuerte resistencia y desconfianza a una mayor provisión de gas ruso por el NS2 hizo  que la comisión de la UE acuerde unos términos muy cuidadosos para que Alemania llegue al acuerdo que está en ejecución. El dictamen de la comisión instruye que el acuerdo sea claro, mostrando que la provisión de gas a Europa podrá ser realizada por varios otros proveedores, además de la provisión rusa y que el gas ruso tendrá que sujetarse al Tercer Mandato Energético de la UE, que determina que el productor no puede ser transportador ni distribuidor de gas.

Estimado lector, no se le está contando otro capítulo interesante de la Guerra de las galaxias: el abastecimiento de gas natural a Europa está creando una gran competencia entre gas por tubería de Rusia y LNG de shale gas de Estados Unidos de NA por barcos metaneros. Norteamérica no cederá el mercado europeo por razones económicas y geopolítica.

En el afán de contener el aumento de gas ruso en Europa, la producción de LNG del shale gas aumentará,  lo que, a su vez, generará excedentes, cuyo mercado será el Cono Sur, creando competencia a nuestro gas por tubería. 

 A la inversa de Europa, donde Rusia, con grandes reservas y grandes gasoductos, competirá contra el shale gas de EEUU, nosotros, en 14 años, no hemos podido aumentar reservas; por tanto, nuestro grado de competitividad contra el LNG es cada vez menor. Esto es muy preocupante porque Bolivia se va alejando cada vez más de ser un mayor productor de gas por el costo de su producción, que es cada vez menos competitivo. Encontrar gas en Bolivia ya no es tan buen negocio como en el pasado.

 

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.

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