Hablando de energía

El MOU y la 4ª adenda, lápidas de la petroquímica boliviana

viernes, 22 de febrero de 2019 · 00:12

Estimado lector, no se quiere sonar tan tremendista. así que le ruego leer esta breve recolección de nuestra relación gasífera con Argentina que justifica el título de este artículo.

El pasado 14 de febrero, en Santa Cruz, autoridades bolivianas y argentinas firmaron un memorándum de entendimiento (MOU) y la cuarta adenda al contrato de compra-venta de gas natural suscrito el 19 de octubre de 2006. Estas modificaciones entrarán en vigencia a partir del próximo mes.

Una adenda a un contrato es una serie de puntos, temas y obligaciones que se discuten cuando el contrato está en ejecución, con el objeto de lograr una relación justa, balanceada y conveniente para las partes.

Una venta internacional de gas es un proyecto meditado y evaluado cuidadosamente antes de ser acordado, así las adendas no son frecuentes.

Nuestra relación gasífera con Argentina comenzó a mediados de los años 60. Bolivian Oil Gulf Company (BOGOC) firmó un contrato de venta de gas boliviano con Gas del Estado de Argentina a largo plazo con precio fijo. Por la nacionalización de BOGOC, YPFB se hizo cargo total del proyecto, previendo un año de atraso para el inicio de entregas de gas. Gas del Estado aceptó estas modificaciones a cambio de una rebaja de cuatro centavos  de dólar en el precio original. 

El comportamiento de YPFB como exportador fue impecable, pero lamentablemente Gas del Estado no pudo cumplir con el pago de las facturas por más de un año, hecho que contribuyó fuertemente a la hiperinflación que ha sufrido nuestro país.  Al finalizar la operación en 1992, quedó flotando en el ambiente que Bolivia era la tierra de mucho gas barato y que Argentina era un buen comprador pero un mal pagador.

Como una especie de confirmación a lo anterior, el presidente Kirchner de la Argentina en 2006 planteó un contrato de compra-venta de gas de Bolivia para contestar las críticas del agotamiento rápido de reservas de gas argentino por su política petrolera. El planteamiento fue amigablemente aceptado por el gobierno de Evo Morales.

Después de un periodo de manifestaciones demagógicas de conformidad de ambos países, el 19 de octubre de 2006, Bolivia (YPFB) y Argentina (Enarsa) firmaron públicamente un segundo contrato de compra-venta de gas natural a largo plazo, en un repleto estadio de fútbol de Santa Cruz.

Las negociaciones tuvieron un ropaje y lenguaje demagógico, estipulando grandes envíos acelerados de gas para que en 2010 se tengan envíos similares a los que se despachaba a Brasil. 

Pero la realidad se impuso a la demagogia. Bolivia no podía producir tanto gas tan rápido y Enarsa tampoco tenía capacidad para recibir esos volúmenes. El contrato se convirtió en una entrega desordenada de gas en la frontera. Ese desorden motivó dos adendas adicionales. Además, como solución total, Enarsa se comprometió a construir un gasoducto desde Buenos Aires hasta la frontera boliviano-argentina (GNEA) y YPFB en construir una tercera línea de conexión con el nuevo gasoducto. El proyecto fue también demagógicamente, y fue denominado Juana Azurduy de Padilla.

Con el nuevo presidente Macri en la Argentina y el desarrollo de los yacimientos de Vaca Muerta que ese gobierno propugna, se ha motivado la cuarta adenda. Enarsa ha desaparecido y en su lugar está Integración Energética Argentina SA (Ieasa), que presentó a Bolivia una adenda con la cual se acordó un nuevo sistema de precios, nuevos volúmenes y cambios en el sistema de pago de facturas.

Por el MOU, la construcción de un nuevo gasoducto Bolivia-Argentina será realizada después del año 2025.

Para el gobierno actual de Argentina, la política seguida por Enarsa ha sido totalmente equivocada y ahora plantea que la política de integración energética sea realizada a través de los preceptos señalados en el MOU.

El gobierno argentino está en su legítimo derecho de efectuar esas críticas y la eliminación de Enarsa, pero no se debe olvidar que esa supuestamente equivocada política de integración energética con Bolivia ha ocasionado que nuestro país haga grandes inversiones. 

La política Enarsa-YPFB preveía que Argentina sea un gran comprador de gas boliviano, por más de 20 años. Por ese motivo, YPFB apresuradamente construyó su parte del Juana Azurduy de Padilla, la Planta de extracción de líquidos Carlos Villegas por un costo de más de 800 millones de dólares para poder obtener los licuables del gas a ser vendido a Argentina y constituir la materia prima para la futura petroquímica de polímeros.

Estas son las razones para el título de este trabajo, que en gran resumen muestra las lápidas y epitafios de la petroquímica nacional que han recibido nuestras autoridades el 14 de febrero de 2019 en la ciudad de Santa Cruz.

 

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero, experto en hidrocarburos.

 

176
4

Otras Noticias