Carlos Miranda Pacheco

El mundo de la energía

viernes, 12 de julio de 2019 · 00:12

El crecimiento económico y la bonanza que hemos disfrutado los últimos 15 años son fruto de la exportación de gas natural. Sin embargo, somos una sociedad con limitados conocimientos del mundo energético, sus metas y objetivos. Esto se debe a que nuestra experiencia es solamente el gas natural y porque el Gobierno, que ha tomado muy a pecho la máxima que “información es poder”, no proporciona ninguna información oficial.

Esta ignorancia no podía ser más inoportuna en estos años, cuando el mundo energético será objeto de grandes cambios por la aplicación del Acuerdo de París, del cual somos parte desde su creación. Este acuerdo pretende que los países firmantes lleguen a una nueva era energética. Todos los países del globo, con excepción de Estados Unidos, son miembros del Acuerdo de París. 

El cambio es tan profundo, como el que hizo el hombre al abandonar la Edad de Piedra, porque se pretende que en el comienzo de la nueva era energética, el año 2050, la energía esté descarbonizada. Las formas de energía no deberán emitir contaminantes para formar el efecto invernadero, con el cual se está recalentando el planeta.

Las estadísticas energéticas de 2018 muestran que el desarrollo de las diferentes energías está tensionado por la presión social de ingresar en la forma más apresurada posible al periodo de transición y por la forma tradicional de satisfacer la demanda con el crecimiento acostumbrado de las diferentes formas de energía.

Las estadísticas energéticas confiables para  2018 ya están disponibles y en base a ellas podemos informarles lo que sigue:

El consumo mundial de energía alcanzó 138.649 millones de toneladas equivalentes de petróleo (se utiliza la unidad de millones de toneladas equivalentes de petróleo para poder poner toda clase de energía en un solo tipo de unidad). Este consumo es 2,9% mayor que en  2017. 

Lo destacable es que ahora Estados Unidos es un gigante por sí solo. Es el consumidor más grande de energía con 23,006 millones de toneladas equivalentes de petróleo. Le siguen en magnitud de importancia China, India y Rusia.

Se debe tomar debida nota de que el gas natural es el energético que más ha subido en producción  y consumo, mostrando que es el combustible de transición del actual sistema al que se plantea en el Acuerdo de París.

El mundo con energía descarbonizada debe utilizar energía eléctrica para sustituir los combustibles fósiles. Aunque también la generación hidroeléctrica ha crecido,  se puede apreciar que no alcanzará los volúmenes necesarios el 2030 y menos el 2050. Por este motivo se está planteando fuertemente el retorno al desarrollo de la energía termonuclear. 

Se estima que los sistemas de seguridad actuales difícilmente se prestarían a accidentes, como el de Chernóbil, Rusia, y Fukushima, Japón. En lo que no se han hecho avances sustantivos es en el manejo de la “basura” de las termonucleares existentes y de las que se planea construir. Adicionalmente, centrales termonucleares antiguas deben ser remozadas, planteando también el problema de la disposición de la basura.

El desarrollo de energías renovables, como la solar, eólica y otras también está adquiriendo mayor importancia, 24.804 toneladas equivalentes de petróleo, sobre todo en países desarrollados, como Francia y Canadá, mostrando que la tendencia a cumplir con el Acuerdo de París no ha disminuido.

La sustitución de los combustibles fósiles está apoyada en la utilización de minerales, como  el litio y el cobalto. Las estadísticas publican la producción de estos minerales en diferentes partes del mundo, estimándose que se está cerca a tener la demanda satisfecha.

Las conclusiones que se pueden obtener de la visión global de la energía es que para que las metas del Acuerdo de París se cumplan, ya se ha llegado al punto de que no se puede prescindir de Norteamérica, por ser el mayor productor y consumidor de energía, y también el que emite la mayor cantidad de contaminantes, que forman parte del efecto invernadero que está calentando el planeta. Por otro lado, también es una irresponsabilidad incuantificable por su grandeza, la posición del Gobierno de Estados Unidos.

Dentro de este panorama nuestro futuro energético es muy inquietante. El consumo energético nacional descansa en los hidrocarburos derivados de petróleo y del gas. Nuestras reservas de gas deben estar muy menguadas y nuestros campos productores en declinación. Esto implica que para abastecer la demanda nacional de energía se deberá importar derivados de petróleo. 

Nuestra disponibilidad del combustible de transición, como es el gas natural, es cada día más reducida. Por tanto, la transición a la energía descarbonizada en Bolivia deberá basarse en disponibilidades económicas, que a la fecha no se insinúan. La producción y comercialización del litio será altamente competitiva porque hemos demorado para entrar en el mercado.

 

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético
 

 

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